La etnografía en sitios de redes sociales

Aportes metodológicos para el estudio de las prácticas de participación ciudadana en el contexto cubano

Ethnography in social networking sites

Methodological contributions for the study of citizen participation practices in the Cuban context

Resumen

El presente artículo tiene como objetivo examinar los aportes del método etnográfico en el estudio de las prácticas de participación ciudadana en sitios de redes sociales (SRS) en Cuba. Con este propósito se analizan investigaciones etnográficas realizadas en 2014, y se contrastan sus hallazgos con los resultados de una aproximación exploratoria reciente. A partir de ello, se presentan algunos desplazamientos fundamentales en las prácticas de participación ciudadana en SRS en los últimos cinco años. Por último, se proponen dimensiones analíticas para el estudio de estas prácticas, de acuerdo con los referentes históricos del contexto cubano. Estas dimensiones involucran condicionantes tecnológicas y sociopolíticas, habilidades para el aprovechamiento de códigos tecno-comunicativos, construcción colectiva de sentidos, y transformaciones socioculturales y políticas potenciadas por los usos de los SRS.

Palabras clave: Etnografía, Sitios de redes sociales, Metodología, Prácticas de participación ciudadana, Cuba

Abstract

This article aims to examine the contributions of the ethnographic method in the study of citizen participation practices in social networking sites (SNS) in Cuba. With this purpose, ethnographic researches carried out in 2014 are analyzed, and its findings are contrasted with the results of a recent ethnographic exploratory investigation. From this, there are some fundamental displacements in citizen participation practices in SNS in the last five years. Finally, analytical dimensions are proposed for the study of these practices, in accordance with the historical references of the Cuban context. These dimensions involve technological and socio-political conditions, skills for the use of techno-communicative codes, collective construction of senses, and socio-cultural and political transformations enhanced by the uses of SRS.

Key words: Ethnography, Social Networking Sites, Methodology, Citizen Participation Practices, Cuba

1. Introducción

El presente artículo tiene como objetivo general examinar los aportes del método etnográfico en el estudio de las prácticas de participación ciudadana en sitios de redes sociales (SRS), y proponer dimensiones analíticas para su investigación en Cuba.

La participación ciudadana tiene un carácter polisémico (Morell y Subirats, 2012) y multidimensional (Araya, 2006). Se trata de un proceso activo, “relacionado con el acceso, (re)distribución, y (des)legitimación del poder, que comprende la intervención de la ciudadanía -de forma individual o colectiva- en la toma de decisiones, fiscalización, control y/o ejecución de las acciones que afectan algún ámbito de la esfera pública (…), orientadas a la (re)producción, o subversión del sistema político (p.129).

El ejercicio participativo tiene como condición fundamental los procesos de info-comunicación1 (Silva, 2006), toda vez que garantizan la existencia pública de la ciudadanía, la hacen contar ante los demás, ante el poder y ante sí misma (Bonilla, 2002), e involucran al ámbito mediático tradicional, pero también al entorno inmediato (Fernández, 2007; Rodríguez, 2010).

Con Internet y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se consolida una “estructura de oportunidad política para que nuevas prácticas, muchas de ellas más implicativas y directas, consigan un hueco en el repertorio de opciones políticas de los ciudadanos” (Robles y De Marco, 2011, p. 24).

Los SRS se instituyen en escenarios de encuentro y de reconocimiento, y encauzan procesos de socialización que pueden estimular el ejercicio ciudadano. Sin embargo, estas plataformas comunicativas no son garantes de la democracia, ni fomentan formas de organización per se; ellas devienen “instrumentos, herramientas, medios ubicuos reutilizados por la ciudadanía para convocar, participar en el debate, difundir información, diluir los actores individuales en sujetos colectivos y recuperar el espacio público” (Rodríguez-Brito, 2012).

Estos y otros referentes teórico-conceptuales de las ciencias políticas y sociales, fueron tomados en consideración en investigaciones etnográficas desarrolladas durante 2014, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Los hallazgos fundamentales daban cuenta de prácticas de participación ciudadana asociadas con el acceso a la información y el desarrollo de procesos de contra-información; el debate y la deliberación; la movilización; y la fiscalización de la gestión pública y mediática.

Dadas las limitaciones de los espacios participativos tradicionales en el contexto cubano, el uso y apropiación de Facebook y Twitter habilitaban posibilidades otras para los ciudadanos en 2014. Cinco años después, el “envejecimiento, la formalización y la estrechez” todavía caracterizan estos espacios de participación (Chaguaceda, 2007). Dichas circunstancias, de conjunto con la progresiva ampliación de servicios y actores con acceso a Internet, invitan a repensar e investigar las prácticas de participación ciudadana en SRS.

La presente contribución parte de las experiencias etnográficas referidas y propone un conjunto de dimensiones analíticas para indagar sobre estas prácticas. Al respecto, se formulan algunas preguntas que guían el trabajo: ¿Cuáles son los referentes históricos y contextuales que invitan a repensar las prácticas de participación ciudadana en SRS en Cuba? ¿Cuáles son los principales aportes de la etnografía para analizar estas prácticas? ¿Qué dimensiones de análisis son relevantes para su comprensión en el contexto cubano?

Las respuestas a estas interrogantes se estructuran en dos apartados principales. El primero sistematiza la institucionalización de la participación ciudadana desde 1959, y sus condiciones de posibilidad en el entorno tecnosocial cubano. El segundo presenta los aportes del método etnográfico en el estudio de las prácticas participativas en Facebook y Twitter, así como algunos de sus desplazamientos entre 20142 y 2019. Por último, se proponen dimensiones analíticas para la investigación de estas prácticas.

2. Participación ciudadana en SRS: referentes históricos y contextuales

El estudio de las prácticas de participación ciudadana expresadas por usuarios cubanos en SRS, debe comprenderse en el marco de un conjunto de elementos históricos y contextuales que especifican los modos en que se ha construido la esfera pública desde el triunfo de la Revolución y, con ello, las condiciones de posibilidad para la intervención de la ciudadanía en la toma de decisiones en torno a un proyecto común de país.

El presente apartado fundamenta los referentes históricos y contextuales que configuran los modos particulares en que se ha concebido y manifestado la participación ciudadana, y sus expresiones emergentes a partir de la consolidación de los usos de las redes digitales por diferentes sectores populares. En una primera parte se caracterizan las prácticas de participación ciudadana en Cuba, según un recorrido por las etapas más relevantes del periodo revolucionario; y en un segundo momento se aborda la informatización de la sociedad y sus potencialidades participativas.

2.1. Apuntes sobre la participación ciudadana en Cuba

Las concepciones acerca de la participación ciudadana desde 1959 están atravesadas por una tensión esencial entre la reivindicación de un ideal participativo como derecho y como deber del pueblo (Fernández, 1996) y las notorias dificultades para la materialización de ese ideal, tanto en el plano de su formulación teórica, como en el de su efectiva concreción política (Nápoles, 2007; Guanche, 2017).

Desde los primeros años de la Revolución la participación ciudadana se canalizó en torno a dos factores fundamentales: “el rechazo a las formas institucionales de la democracia burguesa y el modelo de liderazgo político basado en la legitimidad de la relación líder-masa” (Guanche y Fernández, 2008, p. 63).

Ambas cuestiones engloban una serie de rasgos que explican la emergencia de una nueva institucionalidad política y de organización de las bases populares en la década de los 60 y los 70 y el ajuste progresivo de la misma, que deviene un constreñimiento de las oportunidades participativas.

La ruptura del sistema político instaurado en 1959 respecto a su predecesor, llevó a la desintegración de formas asociativas como partidos políticos, instituciones profesionales y religiosas. Al mismo tiempo se produjo “una extraordinaria eclosión y democratización de la sociedad civil”. Con las nuevas dinámicas sociales, surgieron “espacios de acción, se masificaron agencias de socialización ya existentes y surgieron otras” (Acanda, 2008, p. 9).

Como parte de ese proceso de transformación, fue sustantivo “el acceso a la política de las clases sociales que habían estado preteridas o marginadas de ella”, un hecho que promulgaba, en principio, la “universalización de la ciudadanía” (Guanche, 2011, p. 99).

En oposición a la democracia representativa prerrevolucionaria, la ampliación de la base social del poder dio lugar a un modelo de participación directa, con fuertes anclajes en la movilización masiva y la consulta sobre decisiones cruciales para la vida nacional. Ello fue posible, entre otras razones, por la “sintonía alcanzada entre el auto-reconocimiento de la capacidad individual para participar y la institucionalización de las posibilidades concretas de participación política, económica y social” (Nápoles, 2007, p. 49).

Emergieron entonces numerosas organizaciones políticas y de masas en el marco del proceso de institucionalización de la participación (Somohano y Leyva, 2008), que alcanzó su cumbre con la creación de los Órganos Locales del Poder Popular en la década de 1970, entendidos como expresión fundamental de la voluntad política de involucrar a los sujetos populares en la construcción del país (Nápoles, 2007).

Sin embargo, la apertura de los nuevos espacios y procedimientos participativos restringió, en ocasiones, la riqueza de otros modos de participación no formales y espontáneos, y redujo la capacidad decisora de los actores sociales (Nápoles, 2007). “Si en los años sesenta la sociedad civil se expandió extraordinariamente y asumió muchas funciones típicas del Estado-gobierno, en las décadas del setenta y ochenta ocurrió un proceso inverso, y las instituciones estatal-gubernamentales asumieron muchas funciones de la sociedad civil” (Acanda, 2008, p. 10).

Lo anterior estuvo relacionado con la activación paulatina de un mecanismo de inclusión-exclusión que delimitó “los actores con los que y para los que” se edificaría la nación cubana. En otras palabras, el proyecto político acogió a un tipo específico de actor: “el sujeto integrado al proceso revolucionario” (Nápoles, 2007, p.50).

Entre los años 70 y 80, el sujeto colectivo se ubicó al centro de profundas contradicciones derivadas de la diversidad de criterios sobre el proyecto político cubano (Pujadas, 2014); al tiempo que aquella “universalización de la ciudadanía” se materializaba a través de la sustitución del concepto de ciudadano por el de revolucionario (Guanche, 2011, p. 99).

La participación ciudadana quedó reglamentada según procedimientos formales de un fuerte sentido utilitario, que limitaban el desarrollo de las capacidades políticas de una sociedad en transformación (Dilla, González y Vicentelli, 1993; Dilla, 1996; Limia, 1996). Esta realidad dejó al descubierto un enfrentamiento entre la propuesta inicial de socializar el poder y la concentración del mismo en una vanguardia político-revolucionaria, que mantenía una actitud paternalista hacia los sectores populares (Guanche, 2012; Nápoles, 2007).

Aunado a lo anterior, la amenaza externa que ha representado los Estados Unidos para Cuba y la tendencia al unanimismo, generaron condiciones particulares para la participación, enmarcada por el dogmatismo, la condena al disenso, la prioridad de los intereses colectivos sobre los individuales, la centralización de decisiones y la burocracia (Limia, 1996, p. 92).

A la pérdida de la calidad de la participación, el desgaste de la eficacia de los órganos del Poder Popular y el engrosamiento de los aparatos de dirección, se sumó la consolidación de un sistema de medios de comunicación, inclinados a sublimar los aspectos positivos del proyecto nacional y a postergar el ejercicio crítico y de fiscalización gubernamental (Hernández, 2003).

Al cierre de la década de 1980 sobrevino la caída del socialismo en Europa del Este, y se agudizaron las presiones de los Estados Unidos, materializadas en el decenio siguiente con la promulgación de las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996).

Los años 90 se caracterizaron por una devastadora crisis económica, como consecuencia de la pérdida de casi todos los mercados externos del país, que puso a prueba la hegemonía revolucionaria. Algunas de las medidas más importantes adoptadas en ese momento fueron la descentralización de las funciones del Estado, y la transferencia de poderes a las instancias provinciales y locales para la gestión de los recursos y la toma de decisiones. En un contexto de máxima tensión, la voluntad política se orientó hacia la pluralidad, la apertura al diálogo y la crítica profunda en el entramado social (Dilla y Oxhorn, 1999).

Hacia la segunda mitad de la década de 1990 con los indicadores de recuperación paulatina de la economía, se hicieron notar los efectos de la crisis en la reconfiguración del espacio público cubano. Algunos de estos efectos fueron: la re-estratificación de la sociedad, el deterioro político e ideológico de una parte de la población (Nápoles, 2007), la pervivencia del dogmatismo institucional, y la agudización de la ineficacia mediática para atender las demandas informativas ciudadanas (Alonso, 2006).

El nuevo milenio comenzó con un posicionamiento de la dirección del país en favor del intercambio crítico de ideas (Somohano y Leyva, 2008) y alcanzó un momento de inflexión con la discusión y aprobación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución (Partido Comunista de Cuba, 2011), un documento programático que formulaba ajustes sin precedentes en el diseño centralista del Estado.

La renovación de la esfera política, la ampliación de los mecanismos directos de participación, la introducción de formas más fuertes de autogestión local, la adopción de los principios de la transparencia en la administración pública, y la actualización de la política informativa (Espina, 2013), constituyeron desafíos fundamentales del proceso de reformas. Dichos desafíos permanecen vigentes aun con la aprobación, mediante referéndum, de un nuevo texto constitucional, el 24 de febrero de 2019.

El debate popular sobre el Anteproyecto de la Carta Magna mostró “niveles de articulación social” y de “reflexión intelectual” sin precedentes en el país. Sin embargo, los resultados del proceso revelaron una “asimetría entre la posibilidad de consulta y el poder de decisión”, y entre la deliberación y la participación efectiva (Guanche, 2019).

Como puede verse, la trayectoria de la participación ciudadana desde 1959 está estrechamente relacionada con el devenir histórico del país, y las diferentes coyunturas internas y externas –sobre todo el conflicto histórico entre Cuba y los Estados Unidos- que han establecido puntos de giro en el diseño del sistema socialista. Aunque se reconocen etapas de apertura para la intervención ciudadana, los procesos participativos siguen siendo eminentemente consultivos y movilizativos, según políticas definidas desde el centro (Nápoles, 2007).

Estas características enfrentan desde finales del siglo XX e inicios del XXI una nueva circunstancia tecnológica, cultural e info-comunicacional, habilitada por el acceso a Internet en el país, que desborda los contornos institucionales y supone una reconfiguración de las prácticas participativas, que alcanzan mayores niveles de visibilidad, interpelación y diálogo con el poder.

Seguidamente se abordan momentos fundamentales del proceso de informatización de la sociedad cubana, imprescindibles para estudiar las prácticas de participación ciudadana en SRS, sus rasgos distintivos y algunos de sus desplazamientos.

2.2. El acceso a Internet y sus condicionantes

El bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, de conjunto con la crisis económica que afectó a la Isla en los años 90, constituyen circunstancias que definen los inicios de la conexión a Internet. Los objetivos y políticas que acotan su empleo (Rodríguez-Brito, 2018) han estado marcados por carencias infraestructurales y orientados por “voluntades políticas de signos variables”, que integran enfoques centrados en el desarrollo, directrices instrumentales en torno a la lucha política, y perspectivas economicistas (Recio, 2013, p. 42).

En este sentido, es posible delimitar la trayectoria de Internet a partir de tres grandes etapas. La primera, de antecedentes, cubre desde 1970 hasta 1996; y se caracteriza por el desarrollo de tecnologías y servicios para el procesamiento y transmisión de datos, que establecen las bases para la conexión del país a la red de redes. La segunda etapa, de acceso social, se ubica entre 1997 y 2012, y está atravesada por coyunturas políticas y mediáticas que jerarquizan la postura defensiva del país. La tercera, de acceso público, va desde el 2013 hasta la actualidad, e implica la expansión de los usos comerciales de las redes (Rodríguez-Brito, 2012).

En los años 70 y 80, mientras se consolidaba el proceso de institucionalización del sistema político, económico y social cubano, con sus alcances restringidos para la participación real; en el plano tecnológico se sentaban las bases para impulsar la producción científica mediante el trabajo en red (Rodríguez-Brito, 2018).

Con la llegada del decenio de 1990, el sector de la informática y las telecomunicaciones sufrió el efecto negativo de la crisis económica, derivada del colapso socialista y la profundización del bloqueo; hasta que en 1996 se autorizó la conexión satelital de Cuba a Internet, mediante una licencia especial del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, que no permitía sus usos comerciales.

La fase de acceso social no está exenta de precariedades económicas y tensiones externas, por lo que se priorizó la gestión de la limitada conectividad y se impuso un enfoque basado en “la calidad de los usos” de Internet (Rodríguez-Brito, 2018) por parte de un grupo de usuarios, pertenecientes a sectores como la prensa, la salud, la ciencia, la cultura y el arte.

La concepción estratégica de los usos, relacionada con el enfrentamiento político-ideológico en el plano mediático y dependiente de los entornos institucionales como lugares para la conexión, reprodujo una dinámica de estrechamiento y control de la actividad online, subordinada a la tradicional centralización de la toma de decisiones.

La política de acceso social a Internet propuso una concepción integradora en torno a la informatización de la sociedad, que jerarquizó usos sociales e intensivos de las TIC en un contexto de máxima contracción económica. Pero en su aplicación quedaron relegadas las potencialidades de Internet para el empoderamiento de la ciudadanía, y se sacrificaron “los efectos multiplicadores y sinérgicos de las TIC en la cultura” (López, 2008).

A pesar de la exigua conexión a Internet, periodistas, universitarios, investigadores, intelectuales y artistas estuvieron a la vanguardia de un proceso de aprendizaje tecnológico y cultural, que abrió las puertas hacia un espacio otro para el abordaje de temas desplazados de la agenda mediática, y para la puesta en común de demandas “por fuera” del excesivo formalismo de las organizaciones políticas y de masas.

En el año 2012 entró en operación el cable submarino de fibra óptica ALBA-1, que enlaza a Cuba con Venezuela y Jamaica. Así inicia la tercera etapa del acceso a Internet, que se enmarca en el contexto de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución (Partido Comunista de Cuba, 2011), y el impulso de la inversión en telecomunicaciones.

Asociado a lo anterior, tienen lugar un conjunto de acciones que explican la diversificación de los servicios y el incremento de los usuarios. Entre ellos sobresalen: la liberalización de la contratación de la telefonía móvil (abril de 2008), el estreno de salas de navegación de Internet (junio de 2013), la adopción del estándar de transmisión de televisión digital terrestre DTMB (septiembre de 2013), la eliminación de la cuota mínima mensual para la vigencia de las líneas celulares (julio de 2014), la autorización de un máximo de tres líneas celulares por persona (febrero de 2015), la entrada en funcionamiento de zonas wifi (julio de 2015), el acceso a Internet desde los hogares (2016), la implementación de planes de voz y mensajería (enero de 2017), el inicio del servicio de Internet móvil (diciembre de 2018), y la legalización de pequeñas redes privadas (mayo de 2019) (Olivera, 2019).

Aunque los principios del acceso social siguen presentes, la política de acceso público introduce de forma paralela la comercialización de los servicios de Internet en diferentes modalidades que amplían, al menos desde el punto de vista jurídico, el uso de la red de redes. Estas oportunidades alcanzan ciertos niveles, aunque todavía primarios, de democratización del acceso (Díaz, 2014).

No obstante, los altos precios de los servicios, cuestionados de forma reiterada en el espacio público, suponen una barrera importante para la entrada plena y equitativa de la ciudadanía cubana al escenario digital. De igual manera, persisten regulaciones y mecanismos de control que limitan las acciones de los sujetos conectados (Recio, 2013).

Entre los años 2012 y 2019 se ha profundizado el contraste entre la concepción económica de la telefonía y el acceso a Internet, y el entendimiento tradicional de los medios de comunicación como entidades subvencionadas por el Estado, afectadas por la persistencia de un modelo difusionista que ha generado una crisis de credibilidad (Olivera, 2019).

En este periodo es reveladora la entrada de nuevos actores políticos y mediáticos en los espacios digitales; a saber: publicaciones no estatales, independientes o de oposición política, que aportan agendas distintas, contrarias y/o complementarias a las temáticas y enfoques de los medios estatales; sectores poblacionales más diversos; e instituciones y actores gubernamentales –desde el presidente cubano hasta el Consejo de Ministros-.

Todas estas reconfiguraciones anuncian un impacto sustantivo en las expresiones de la participación, debido a la expansión de la representatividad de una ciudadanía cada vez más trasnacional, y de las capacidades de interlocución entre los actores institucionales que se incorporan al debate público online, aún con reticencias y con poca predisposición al diálogo y la interpelación colectiva.

3. El método etnográfico y sus aportes en el estudio de las prácticas de participación ciudadana

La aproximación a las prácticas de participación ciudadana en SRS, conlleva explorar las implicaciones socioculturales y políticas relacionadas con el uso y la producción de sentidos en torno a Internet (Estalella y Ardévol, 2007; Choi y Park, 2013). En este ejercicio el método etnográfico resulta esencial, toda vez que favorece un acercamiento holístico de y desde la perspectiva ciudadana. Las páginas que siguen están dedicadas a sistematizar los principales aportes de la etnografía para el análisis de las prácticas participativas en SRS en Cuba.

En un primer momento se aborda este método a la luz del acercamiento empírico de las autoras a las prácticas de participación de 15 ciudadanos cubanos en Facebook y Twitter, en 2014 (Pujadas, 2014; Cabrera, 2014). Luego se retoman los hallazgos obtenidos y se contrastan con observaciones preliminares realizadas en la actualidad. Como resultado, se proponen dimensiones analíticas para el estudio de estas prácticas en el contexto cubano.

3.1. La etnografía para, de, en y a través de Internet

Los enfoques etnográficos para, de, en y a través de Internet (Hine, 2015) se han movido de una actividad emergente a una práctica establecida (Hetland y Mørch, 2016). Sin embargo, su establecimiento no ha estado exento de polémicas; una de las cuales pasa por la concepción de Internet y la distinción entre lo físico y lo virtual.

Esta separación ha conducido a dos grandes vertientes (Hetland y Mørch, 2016): la etnografía como el estudio de mundos en línea, centrada en la vida social en entornos virtuales (Boellstorff et al., 2012; Kozinets, 2010) y la etnografía como el estudio de mundos combinados, que enfatiza en la interacción entre mundos on/offline (Hine, 2015; Horst y Miller, 2012; Underberg y Zorn, 2013).

Internet es objeto de estudio y herramienta para la investigación (Álvarez Cadavid, ٢٠١٧), cultura discursiva y artefacto cultural (Hine, 2004), mundo social (Hetland y Mørch, 2016), espacio de socialización, y entorno donde acontecen intercambios, producciones, consumos, conversaciones, prácticas y activismos (Castells, 1999; Gómez, 2002; Hine, 2004; Echeverría, 2009; Recio, 2011; Rodríguez-Brito, 2012; Marrero, 2013).

Atendiendo a lo anterior, en las etnografías realizadas la diferenciación on/offline no implica una relación excluyente. Lo virtual tiene significación para los sujetos y existe en un universo simbólico creado por ellos, mediador de y mediado por sistemas tecnológicos; entonces es real. Al mismo tiempo, las representaciones de los sujetos en estos espacios no dejan de estar modeladas por su entorno físico (Castells, 1999). El espacio virtual es también una extensión del real (Gómez, 2002), al tiempo que este último no escapa a la influencia del primero.

El acercamiento etnográfico a las prácticas de participación ciudadana en SRS en Cuba, no debe desconocer las condiciones tecnológicas, sociales, culturales, cognitivas, normativas y políticas que median las “maneras de hacer” (De Certeau, 1996), y la producción colectiva de significados en Facebook y Twitter. Las demandas expresadas en estos espacios, además, pueden incidir en actores políticos y mediáticos, por medio de la organización y la movilización en el espacio público tradicional.

Así, la delimitación del campo para el trabajo etnográfico se complejiza y amplía. De una concepción como unidad y espacio físico (Hetland y Mørch, 2016), el campo fue comprendido, en las etnografías realizadas, como “ensamblaje de flujos, relaciones, actores y prácticas [on/offline] (…) que pueden ser rastreadas, interpretadas y experimentadas” (Aguilar-Forero, 2017, p. 126).

La concepción multisituada de la etnografía favorece una comprensión holística de las prácticas ciudadanas. De acuerdo con Bowker y Star (1999), las tecnologías colaborativas pueden usarse para dar forma a espacios híbridos con actores y agendas heterogéneas. Sin embargo, esto supone no pocos desafíos para el trabajo etnográfico, en términos de la gama de habilidades y niveles de adaptabilidad necesarios.

Al respecto, la etnografía en equipo permite ampliar las capacidades de un solo investigador para experimentar diferentes perspectivas en el campo, y posibilita la reflexión y el desarrollo de entendimientos sobre múltiples aspectos de un mismo fenómeno. En equipo se puede extender el trabajo y desarrollar un conjunto de habilidades apropiadas para cada plataforma (Hine, 2015, pp. 189-190).

La aproximación a los “modos de hacer” de ciudadanos cubanos en Facebook y Twitter en 2014, se enriqueció a partir del trabajo etnográfico conjunto de estudiantes y profesoras de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Por una parte, las destrezas tecno-comunicativas de las investigadoras evolucionaron a una especialización en cada uno de los SRS y, por otra, la familiarización con las dinámicas de los usuarios estudiados generó los vínculos necesarios para la inserción en los espacios on/offline y la observación participante.

La experiencia fue compleja y enriquecedora. La calidad y el tiempo de acceso a Internet fueron un reto permanente, pero no mayor al desafío pedagógico e investigativo. Fue necesario armonizar caracteres, intereses y ritmos de aprendizaje en función de los objetivos, necesidades y cronogramas de la investigación. Cada semana, los encuentros presenciales y el trabajo conjunto fueron una importante alternativa para el intercambio de experiencias, la resolución de conflictos, la organización, almacenamiento y análisis de las notas de campo. El complejo ejercicio de moverse de un lado a otro entre los datos y la teoría, en una la relación mic-etic, permitió “comparar lo que las personas hacen con lo que dicen sobre lo que hacen” (Boellstorff et al., 2012, p. 170).

El método etnográfico y la observación participante se complementaron con entrevistas semiestructuradas, que permitieron aprender sobre las narrativas y representaciones del mundo social; y grupos de discusión, que posibilitaron describir y conocer los sentidos atribuidos por los usuarios a sus prácticas, y reflexionar sobre las transformaciones socioculturales y políticas que han experimentado a partir de los usos de los SRS.

En general, el trabajo de campo etnográfico supone un contacto prolongado con los sujetos. Los principios éticos que lo rigen son difíciles de formalizar y, en el caso del entorno online, la delimitación ética conlleva otros desafíos. El seguimiento de las interacciones comunicativas implica el registro de contenidos en varios formatos (textuales, gráficos, y audiovisuales), que habitan en los márgenes entre lo público y lo privado.

La delimitación de estos márgenes no depende del tipo de tecnología ni de la percepción del sujeto observador: implica también la percepción que tienen los usuarios sobre lo que están haciendo (Estalella y Ardévol, 2007). Es por ello que el proceso ético es, además, resultado del intercambio y la negociación permanente entre investigadores y participantes.

Nuestro estudio tomó como punto de partida la aceptación de los consentimientos informados por parte de los participantes. Estos consentimientos comprendían los objetivos investigativos, solicitaban autorización para realizar la observación etnográfica y dejaban a decisión de los usuarios la declaración o no de su identidad. Sin embargo, la sensibilidad de las investigadoras y la discusión de los casos que se fueron presentando, cobraron valor en el transcurso del estudio y, especialmente, en el procesamiento de los datos y la elaboración de los reportes de resultados.

El respeto a la dignidad, la seguridad y la privacidad de las personas, guiaron la toma de decisiones en el proceso gradual de diálogo y negociación que comenzó con el consentimiento informado, y que fue renegociado en las entrevistas y los grupos de discusión. Al respecto, fueron primordiales los conceptos de “integridad contextual” (Nissenbaum, 2004), que alude a la responsabilidad del investigador de cara al contexto dentro del cual se comunican los actores; y el de “mitigación del riesgo institucional” (Boellstorff et al., 2012).

Estos referentes conceptuales fueron importantes para analizar las prácticas de participación ciudadana en Facebook y Twitter, y las reflexiones sobre ellas realizadas por los participantes. Asimismo, actuaron como un llamado de atención para evitar el uso de declaraciones que colocaran a los sujetos en potencial riesgo institucional, dadas las políticas que marcan el acceso a Internet en el contexto cubano.

En resumen, el método etnográfico favoreció una aproximación holística a las prácticas de participación ciudadana en SRS en Cuba, de y desde la perspectiva de los actores involucrados. Su concepción multisituada posibilitó el acercamiento a espacios diversos, para una comprensión más amplia de estas prácticas y sus disímiles expresiones. La etnografía en equipo permitió expandir las capacidades investigativas y propició el desarrollo de variadas interpretaciones sobre el objeto de estudio. Por último, los conceptos de “integridad contextual” y “mitigación del riesgo institucional” fueron de gran utilidad para la preservación y la seguridad de los participantes.

4. Experiencias etnográficas en el contexto cubano

Describir las prácticas de participación ciudadana en Facebook y Twitter constituye un ejercicio complejo, que demanda reajustes permanentes. Seguidamente se presentan algunos de los hallazgos fundamentales de las etnografías realizadas a 15 usuarios cubanos en 20143, y se contrastan con los resultados de una observación exploratoria en 2019.

Los usuarios que colaboraron en el estudio de 2014 (seis mujeres y nueve hombres) presentaron rasgos sociodemográficos diversos. La mayoría eran profesionales (12), y tres de ellos estudiantes universitarios. Una parte de los participantes (7) estaba relacionada con el sector de los medios de comunicación en Cuba.

De acuerdo con los usuarios entrevistados, las motivaciones para entrar a Facebook han sido disímiles: socialización y comunicación, cuestiones laborales y curiosidad. Por otra parte, la llegada a Twitter ha estado motivada por la promoción y divulgación de contenidos, las posibilidades para la expresión personal, el entretenimiento y la promoción de la causa feminista.

Los participantes reconocieron una misión comunicativa-divulgativa en ambas redes; y manifestaron sus pretensiones de “fomentar campañas” (Participante 9, entrevista personal), y “transformar la realidad utilizando las herramientas a la mano” (Participante 4, entrevista personal). También reconocieron la utilidad de Facebook y Twitter como espacios lúdicos, manifestaron cierta preocupación por la falta de neutralidad de estas plataformas, la vigilancia y el control global, y apuntaron la necesidad de “aprender a manipular el arma con que el otro quiere controlarte” (Participante 2, entrevista personal).

Los contextos inmediatos y las situaciones que rodean el lugar y el momento de la conexión fueron identificados por los participantes como factores que inciden en la frecuencia, el tipo de prácticas que realizan y la calidad de las mismas. Mencionaron, asimismo, condicionantes tecnológicas, institucionales y políticas.

Según los usuarios estudiados, las conexiones institucionales inciden en los contenidos publicados y el estado de la conexión limita el accionar en estas redes: “el activismo pasa por cuánto tiempo tengas para responder o participar en el debate y con una conectividad tan lenta y tan escasa es muy difícil participar” (Participante 3, entrevista personal).

De acuerdo con los ciudadanos investigados, el uso de los recursos de Facebook y Twitter habilita la movilización, el debate, el intercambio de opiniones, información y conocimiento. Durante el periodo estudiado, las estructuras interactivas empleadas en Facebook fueron: Etiquetar, Compartir, Me gusta, Comentar, Actualizar estado y Hashtag. Por su parte, los recursos más usados en Twitter fueron los Hashtag, los Retwits y los Favoritos.

Las etiquetas actúan como práctica centrípeta que atrae a los sujetos a la red social aumentando el “campo participativo” (Sued, 2010). Dos de los usuarios entrevistados usan las etiquetas con intereses divulgativos y para visibilizar los contenidos, dadas las limitaciones del acceso a Internet. En Twitter, las menciones se emplearon para responder o elaborar preguntas, hacer peticiones de ayuda, y como invitación implícita al diálogo.

La posibilidad de compartir es considerada por los usuarios como una de las herramientas más valiosas de Facebook. Entre los criterios para compartir contenidos mencionaron la curiosidad, el interés, la provocación y la agenda. Las motivaciones para compartir y retwitear explicitaron el sentido de bien público conferido por los usuarios a su actividad, en la que combinan los intereses personales con la intención de proveer de información a sus redes de relaciones.

Los contenidos compartidos conllevan un ejercicio de selección o filtrado social, portador de un acto expresivo que contiene en sí mismo un llamado de atención con un aval de calidad implícito. Estas lógicas de sociabilidad dotan de nuevos significados a la acción colectiva y colocan a la ciudadanía en capacidad de usar, reinventar o subvertir la tecnología en función de sus propios intereses (Rodríguez-Brito, 2012).

El Me gusta se traduce en nuevas formas de participar visibles para la red de contactos (Ciuffoli y López, 2010, p. 116). De acuerdo con los participantes, los significados de dar o recibir Me gusta son disímiles: puede expresar empatía o solidaridad, aprobación, acuse de recibo, identificación con el contenido, interés o importancia del mismo.

Los Comentarios habilitan el intercambio directo entre los sujetos y, como tal, demandan de un mayor esfuerzo. En el periodo etnografiado los comentarios están conformados mayoritariamente por textos y en menor medida por enlaces, fotos e infografías. Entre los motivos para comentar, los usuarios señalaron el interés por un tema, la interpelación directa, la réplica y la necesidad de expresar sentimientos e ideas.

Los Twits y la Actualización de estado son usados para la auto-referencialidad, aunque igualmente pueden fungir como pretexto para iniciar un intercambio y divulgar ideas (Sued, 2010). Durante el periodo estudiado el contenido más recurrente fue el texto, seguido por los enlaces, las imágenes y el video.

La preminencia de recursos como el texto y las imágenes puede explicarse por las limitaciones de conectividad del país. Respecto a los recursos iconográficos, dos de los entrevistados reconocieron la utilidad de los memes para la sátira política: “hay todo un universo iconográfico donde se incluyen los memes y los emoticones que son súper útiles (…), [son] una manera de utilizar el humor como un arma política o un arma de reflexión” (Participante 6, entrevista personal).

Predominaron enlaces a medios internacionales, medios nacionales, blogs y contenidos autorreferativos. Estas estructuras facilitan el establecimiento de redes que engloban flujos informativos, manifestaciones culturales e interferencias cognitivas (Rodríguez-Brito, 2012). Los enlaces potencian la actitud activa del usuario en la producción y jerarquización de contenidos, y contribuyen a estrechar las distancias entre los medios y sus audiencias, así como entre las instituciones y la ciudadanía.

Las temáticas más recurrentes en Facebook fueron: Sociedad y política, Cultura, Experiencias personales, Economía, Medios de comunicación y redes, Historia, Migración, Pensamiento político, Deporte, Humor y Salud. En Twitter, los asuntos más tratados fueron Sociedad y política, Experiencias personales, Cultura y Tecnología.

Aunque estos tópicos se corresponden con la agenda mediática, se pudo constatar cierta reticencia a reproducir el discurso oficial del sistema de medios estatales cubanos, más allá de la voluntad para socializar información y brindar diferentes visiones sobre un mismo tema.

Específicamente el interés por la agenda Sociedad y política se explica por la necesidad de conocer la realidad nacional y los cambios que atraviesa Cuba: “Lo que más me interesa es mi país. Las cosas relacionadas con los cambios” (Participante 1, entrevista personal). Al respecto, se percibe una marcada intención fiscalizadora de dichas transformaciones, su abordaje en la prensa, y sus expresiones institucional y ciudadana.

Más allá de la polarización del espacio público cubano, las limitaciones para la confrontación (Chaguaceda, 2007) y el escaso margen de participación (Nápoles, 2007), los sujetos reconocieron las potencialidades de Facebook para debatir, alfabetizar a los individuos y fomentar la cultura del debate. Twitter, por su parte, es considerado un ambiente alternativo de discusión y construcción de identidad. Sus usos implican transformar el sentido lúdico otorgado a la plataforma y convertirla en espacio de control social y empoderamiento ciudadano.

A partir de sus experiencias en SRS, los participantes han modificado sus preceptos, actuaciones y prácticas cotidianas en relación con el entorno mediático, social, cultural y político cubanos. La mayoría de ellos se reconoce más tolerante a partir de su involucramiento en procesos deliberativos. Igualmente, identifican cambios en el consumo cultural y reajustes en las rutinas profesionales asociadas a la selección de fuentes informativas y la evasión de la censura.

Existe consenso sobre el impacto de Facebook y Twitter en la extensión de las potencialidades ciudadanas de los participantes, vinculadas al acceso a la información, los procesos de contra-información, la movilización, el debate y fiscalización de la gestión pública y mediática, y la participación en el ámbito político.

Resulta significativa la relación entre el accionar de los usuarios en las plataformas estudiadas, y la emancipación y reivindicación de sus capacidades ciudadanas para intervenir y transformar el espacio público cubano, y producir “nuevos horizontes de conciencia posible” (Participante 2, grupo de discusión).

De acuerdo con las experiencias observadas, las redes sociales “sí pueden servir como espacio de movilización que se traduce en hechos” (Participante 6, entrevista personal). Estas posibilidades habilitadas por Facebook y Twitter cobran valor a la luz del contexto cubano, marcado por el desfasaje entre los procesos de conformación de la hegemonía y sus fuentes de legitimidad (Castro, 2014).

Teniendo en cuenta los hallazgos presentados, y a partir de la ampliación y diversificación de servicios y actores individuales, mediáticos e institucionales conectados en los últimos años en Cuba, se realizó una observación exploratoria en 2019. En la tabla que sigue se sintetizan y contrastan los resultados actuales en relación con los de 2014. Ello permite visibilizar desplazamientos significativos en las prácticas de participación ciudadana en SRS, y la consolidación de sus condiciones de posibilidad para la (re)producción o transformación del sistema político.

Tabla 1. Principales desplazamientos en las prácticas de participación ciudadana en Facebook y Twitter entre 2014 y 2019

2014

2019

Acceso a Internet desde conexiones institucionales (acceso social a Internet).

Diversificación de los servicios de acceso a Internet (acceso público).

Regulaciones institucionales asociadas al lugar de conexión.

Regulaciones asociadas al proveedor de servicios. Condicionamiento político-ideológico en la concepción y aplicación del cuerpo legal asociado a Internet.

Frecuencia de acceso mediada por horarios laborales.

Frecuencia de acceso mediada por posibilidades / necesidades individuales.

Usuarios específicos (periodistas, académicos, estudiantes universitarios, artistas, científicos, médicos).

Usuarios diversos (la condición principal es la posibilidad para costear el servicio).

Presencia de actores mediáticos e institucionales.

Presencia de actores políticos, servidores públicos, diversidad de actores mediáticos e institucionales. Pluralidad de actores ciudadanos, y emergencia y articulación de grupos de activistas.

Motivaciones profesionales, institucionales e individuales.

Motivaciones individuales, profesionales y políticas, asociadas a la conformación de un proyecto país desde la pluralidad.

Marcada polarización ideológica (posición de defensa del proyecto cubano ante las amenazas externas).

Marcada polarización ideológica (a favor / en contra del gobierno cubano), pero también mayor diversidad de posturas y argumentos.

Usos más básicos en función del debate:

-Complemento de intervenciones.

-Acceso a información necesaria para tomar parte en el debate público.

-Desarrollo de competencias para superar el mero consumo de bienes culturales.

-Fomento de la virtud política.

Usos más diversos, activos y creativos en función de la movilización en los espacios digitales y físicos:

-Acceso a y contraste de informaciones y fuentes.

-Promoción de debates en torno a servidores públicos, agendas de gobierno, institucionales, mediáticas y ciudadanas.

-Aprendizajes compartidos.

-Gestión y organización de intervenciones en el espacio físico.

Predominio del texto escrito y gestión de contenidos vinculados a los medios de comunicación:

-Texto, enlace e imágenes como contenidos más frecuentes.

-Uso de enlaces a medios internacionales, medios nacionales y blogs.

-Sociedad y política, Cultura, Experiencias personales, Economía, Historia, Migración, Pensamiento político, Deporte, entre los temas más abordados.

Diversificación de temas, formatos y contenidos que trascienden las agendas de los medios tradicionales:

-Formatos más variados y frecuentes (Memes para la sátira política, fotos y video para la denuncia de problemáticas locales y nacionales).

-Uso de enlaces a medios independientes, perfiles institucionales o de funcionarios públicos, posts, informaciones y debates que circulan en redes.

-Ampliación y posicionamiento de agendas ajustadas a demandas específicas de la ciudadanía (LGBTIQ+, Maltrato animal, Constitución, Reformas económicas, Precios de Internet).

Actitud colaborativa y preocupación por los temas de la agenda mediática.

Proyección articuladora, organizativa y de movilización según demandas específicas de la ciudadanía.

Disposición a señalar, seleccionar y compartir contenidos de otros usuarios.

Disposición al debate público y el posicionamiento crítico frente a actores políticos, servidores públicos e instituciones.

Interés por la calidad e intensidad de las interacciones.

Interés por la exposición de las demandas, la movilización y la transformación.

Fuente: Elaboración propia a partir del acercamiento etnográfico al contexto cubano en 2014 y la observación exploratoria en 2019.

Atendiendo a los desplazamientos de los últimos 5 años expuestos en la tabla anterior, seguidamente se presenta una propuesta de dimensiones analíticas para el estudio de las prácticas participativas en SRS en Cuba.

4.1. Dimensiones analíticas para el estudio de las prácticas de participación ciudadana en SRS

El proceso de “comprehender”, “sintetizar”, “teorizar” y “recontextualizar” (Morse, 2005) los hallazgos obtenidos en las experiencias etnográficas, ha supuesto un recorrido de ida y vuelta entre los datos y la teoría. A partir de comprehender y aprender de las creencias y perspectivas de los participantes, sintetizar las “maneras de hacer” de los ciudadanos en redes digitales, revisar los conceptos fundamentales sobre la participación y los SRS, desde los referentes históricos del contexto cubano, se propone el constructo prácticas de participación ciudadana en SRS y se presentan dimensiones analíticas para su estudio.

Las prácticas de participación ciudadana en SRS se definen como prácticas participativas no consagradas por las instituciones tradicionales, que buscan nuevas formas de legitimidad, así como la renovación del tejido social y la reivindicación del derecho a participar en la (re)elaboración del sistema sociopolítico. Desde estas prácticas, tienen lugar procesos de producción social de sentido, donde se potencia la conformación e intercambio de opiniones por parte de la ciudadanía, así como procesos deliberativos y/o de movilización social, entre lo posible de los SRS y lo probable del uso y apropiación que la ciudadanía hace de ellos. Estas plataformas constituyen estructuras de oportunidad política, condicionadas tecnológica y socioculturalmente.

Algunas dimensiones analíticas para su estudio son:

- Condicionantes de las prácticas de participación ciudadana en SRS: comprende los factores que intervienen en las prácticas participativas de la ciudadanía. Dadas las particularidades del contexto cubano, entre estos factores es posible apuntar los tecnológicos (asociados al acceso, la frecuencia de actividad, y los espacios y contextos de conectividad), los individuales y los político-ideológicos.

- Conocimientos y habilidades para el aprovechamiento de los códigos tecno-comunicativos de los SRS: comprende los modos de empleo de las aplicaciones y servicios de las plataformas, de acuerdo con los sentidos atribuidos a ellas y con las competencias tecnológicas de los usuarios. A partir de las características de Facebook y Twitter, cobran especial importancia los conocimientos y habilidades de los recursos interactivos y de participación; así como los usos y funciones de los tipos de contenido.

-Producción de contenidos y construcción colectiva de sentido: comprende la producción/publicación de contenidos hipermediales por parte de los usuarios, que pueden ser interpretados y re-significados individualmente o a partir de la interacción comunicativa. Al respecto, cobran valor las temáticas abordadas y enfoques principales en torno a ellas, así como la calidad de las interacciones comunicativas.

Potenciales transformaciones socioculturales y políticas estimuladas por los usos de los SRS: comprende los posibles ajustes y aprendizajes en las prácticas cotidianas de la ciudadanía, a partir del empleo de Facebook y Twitter. Entre las transformaciones socioculturales y políticas medulares en el contexto cubano, están la diversificación de conocimientos y competencias tecnológicas; la reorganización espacio-temporal de las actividades cotidianas; la incorporación de códigos y recursos comunicativos; la rearticulación entre los universos online y offline; la redimensión de los márgenes entre lo público y lo privado; la diversificación de los modos de creación y mantenimiento de las redes de relaciones; las modificaciones discursivas y el desarrollo de habilidades para el debate y la confrontación pública; y los desplazamientos en la asunción de criterios relativos a la ética individual y la autoconfirmación de la condición de ciudadano.

5. Conclusiones

En el examen de los aportes del método etnográfico para el estudio de las prácticas de participación ciudadana en SRS en Cuba, y la propuesta de sus dimensiones analíticas, los referentes histórico-contextuales tienen un doble valor: por sí mismos constituyen condición de posibilidad para la participación ciudadana en esos espacios; al tiempo que visibilizan la validez y pertinencia del análisis de estas prácticas en la actualidad.

La formalización excesiva de la participación; el desfasaje entre la conformación de la hegemonía del sistema político y sus fuentes de legitimidad (Castro, 2014); los altos niveles formativos de la ciudadanía y la diversidad de sus agendas, formas expresivas (Guanche, 2012) y posicionamientos políticos; así como la complejización del sistema mediático a partir de la incorporación de actores no estatales; y la progresiva ampliación del acceso a Internet en los últimos años, figuran entre los referentes histórico-contextuales más relevantes para comprender las prácticas de participación ciudadana en SRS.

En la aproximación holística a estas prácticas el método etnográfico resulta crucial, toda vez que permite aprehenderlas desde la perspectiva de los actores involucrados. Entre las principales contribuciones del método están su concepción multisituada, las posibilidades del trabajo en equipo, y el posicionamiento ético a partir de conceptos como “integridad contextual” (Nissenbaum, 2004) y “mitigación del riesgo institucional” (Boellstorff et al., 2012).

El proceso de “comprehender”, “sintetizar”, “teorizar” y “recontextualizar” (Morse, 2005) los hallazgos etnográficos, permite identificar cuatro dimensiones de análisis para la investigación de las prácticas de participación ciudadana en SRS, de acuerdo con las características del contexto tecnológico, sociopolítico, económico, cultural e institucional del país. Ellas son: 1) Condicionantes de las prácticas de participación ciudadana en los SRS; 2) Conocimientos y habilidades para el aprovechamiento de los códigos tecno-comunicativos de los SRS; 3) Producción de contenidos y construcción colectiva de sentido; y 4) Potenciales transformaciones socioculturales y políticas estimuladas por los usos de los SRS.

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1 La noción de info-comunicación hace referencia a “la capacidad simbólica (humana y social) de dar forma mental a ideas y emociones, y de transmitirlas a los demás mediante una efectiva interacción, es decir, a través de un intercambio recíproco de sentido (comunicación)”; e incluye, además, lo relacionado con la materialización de los signos y símbolos” (Malheiro da Silva, 2006, p.32).

2 En 2014, las autoras coordinaron un proyecto de investigación etnográfica acerca de las prácticas de participación ciudadana en Cuba expresadas en Facebook y Twitter. El proyecto, gestado desde la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, integró varias indagaciones en torno a los usos políticos y las prácticas emergentes de ciudadanía a través de aplicaciones como los blogs y los SRS, por parte de diversos segmentos de usuarios.

3 Para consultar en detalles los hallazgos de estos estudios, véase Pujadas (2014) y Cabrera (2014).