Mujer, investigadora y migrante: la superposición de tres desafíos en la conciliación de la familia y el trabajo
Woman, researcher and migrant: the overlap of three challenges in reconciling family and work
Sofía Robaina. srobaina@csic.edu.uy
Universidad de la República. Uruguay
Aprobado: 15/10/2020
Resumen
Este artículo analiza la forma en que el estado conyugal y la tenencia de hijos condicionan las decisiones migratorias y la experiencia de residencia en el exterior de investigadoras e investigadores uruguayos. Se basa en veinte entrevistas a investigadores varones y mujeres que, habiendo residido en el exterior, retornan a Uruguay. Los resultados indican que las investigadoras en pareja suelen subordinar sus decisiones migratorias a la voluntad y proyección laboral de su pareja varón. En cambio, las decisiones migratorias de las solteras y de los investigadores varones en general, responden a estrategias de desarrollo académico personal. La tenencia de hijos condiciona las decisiones migratorias y la residencia en el exterior de las mujeres, en mayor medida que las de los varones. Para las investigadoras, el nacimiento de un hijo durante la residencia en el exterior potencia el conflicto entre las responsabilidades familiares y académicas, lo que en ocasiones termina por pautar el retorno y las decisiones de movilidad futuras.
Palabras clave: Internacionalización de la Ciencia, Migración científica, familia,
Abstract
This article analyzes the way in which the marital status and children condition migration decisions and the experience of living abroad of Uruguayan female and male researchers. The analysis is based on twenty interviews conducted with researchers who, having lived abroad, decided to return to Uruguay. The results indicate that women in a steady relationship tend to subordinate their migration decisions to the desire and professional projection of their partner. On the other hand, the decision of single women and men regardless of their marital status are part of their academic development strategy. Having children determines migration decisions and residence abroad for women, to a greater extent than for men. For the female researchers, the birth of a child while living abroad enhances the conflict between family and academic demands, which sometimes ends up by guiding the return and future mobility decisions.
Keywords: Internationalization of science, Scientific migration, family
Introducción
El abordaje de la migración internacional de los individuos de alta calificación ha sido dominado o bien por el enfoque económico, o bien por posturas centradas en el vínculo entre migración y desarrollo, y en las ganancias o pérdidas que significa la inmigración y la emigración para los países de destino y origen (Pellegrino, 2008; Pellegrino y Vigorito, 2009). Tanto la predominancia del enfoque que concibe a los sujetos migratorios como agentes económicos, que toman sus decisiones como resultado de un cálculo costo-beneficio y movidos casi exclusivamente por fuerzas económicas y laborales, como el que se centra en el vínculo entre migración y desarrollo,1 dejan de lado la incidencia de los factores individuales-relacionales en las decisiones y experiencias migratorias. Se suma a ello la extendida estereotipación del migrante calificado como masculino (Raghuram, 2004; Kofman, 2012), pero también como un sujeto exitoso, que se mueve por circuitos privilegiados (Gandini, 2019), lo que ha impedido el estudio de las vicisitudes a las que se enfrenta el migrante calificado y el abordaje de factores que operan en sus decisiones y trayectorias a un nivel más micro, como las especificidades de su curso de vida, su composición familiar y estado conyugal.
El género es otra dimensión frecuentemente olvidada en los estudios sobre la migración calificada. Si bien ha sido lenta y tardíamente reconocida en la investigación sobre la migración en general, su incorporación no ha ocurrido en forma homogénea en todos los tipos de estudios a lo interno del campo; no es igual el protagonismo concedido a esta dimensión en los estudios sobre migración laboral o económica, migración familiar o sobre migración calificada.
En general en los estudios sobre la migración calificada la mujer pasa inadvertida como sujeto migratorio y el enfoque de género suele estar ausente (Kofman, 2012; Robaina, 2017; Gandini, 2019).
Este artículo se propone ponderar la dimensión del género en el estudio de la migración de alta calificación, al analizar cómo se segmentan las decisiones y experiencias migratorias de varones y mujeres calificadas, asociado a las responsabilidades y roles de género que asume cada cual a la interna de su pareja y su familia.
A su vez, la migración calificada más abordada en la literatura refiere a la migración de individuos definidos como tales por haber alcanzado el nivel educativo terciario completo (Oteiza, 1996; Iredale, 2001) y ello tiene que ver con que la investigación –sobre todo en el campo de la Demografía- ha estado generalmente dirigida por la disponibilidad de datos (Findlay & Gould, 1989, citado en Kofman, 2012). Sin embargo, los migrantes calificados no son un todo homogéneo. Diferentes trabajos alertan sobre la importancia de tomar en cuenta la naturaleza diversa de los recursos humanos calificados para el estudio de migración (Iredale, 2001; Ackers, 2005; Baruffaldi y Landoni, 2012). El foco en este artículo es colocado en una categoría de recursos humanos calificados, en particular los investigadores. Aquí se toma la definición de investigador propuesta por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y tomada por la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT), que refiere a los “profesionales que se dedican a la concepción o creación de nuevos conocimientos, productos, procesos, métodos y sistemas, y también a la gestión de los proyectos respectivos” (OCDE, 2002, p. 99).
La decisión de migrar y hacia dónde hacerlo no se toma en el vacío, sino que es tomada en forma racional en un marco específico de lógicas, posibilidades y constricciones. Para estudiar la migración internacional de los investigadores se deberá considerar el contexto y las características específicas de la actividad a la que se dedican. Consecuentemente, se tendrá en cuenta la creciente internacionalización de la actividad científica y de las trayectorias académicas de los individuos dedicados a la producción de conocimiento, como marco en que se toman las decisiones y se desarrolla la experiencia migratoria.
Como se desarrollará más adelante, la internacionalización de la actividad científica implica, además de otros aspectos, diferentes formas de movilidad internacional. Sin embargo, más allá de que en este trabajo se reconocen y abordan lateralmente diferentes formas de movilidad, el foco se coloca en las decisiones y experiencias de migración. Por migración se refiere aquí a un cambio de residencia por al menos doce meses, que implica el cruce de los límites político-administrativos de un país (Naciones Unidas, 2008), y que conlleva un cambio en el espacio de vida (Courgeau, 1990), entendido como el cambio del espacio donde el individuo desarrolla sus actividades, como el espacio que el individuo frecuenta en su quehacer cotidiano, donde se relaciona e interactúa diariamente.
Entonces, tomando en consideración el contexto y las características de la actividad a la que se dedican, este artículo se centra en las decisiones y experiencias migratorias de un recurso humano calificado en particular, los investigadores, y analiza su vinculación con la composición familiar y estado conyugal.
Luego de esta introducción, se presenta en la segunda sección el marco conceptual del problema que se estudia. En la tercera sección se incluye el abordaje metodológico. En la cuarta sección se presentan los resultados y en la quinta y última sección se incluye una discusión de los principales hallazgos.
Marco conceptual
Internacionalización de la ciencia
La internacionalización de la actividad científica, entendida como la vinculación y cooperación entre individuos e instituciones ubicados en diferentes países para el acceso, la construcción y el intercambio de conocimiento, constituye un rasgo histórico del desarrollo de la ciencia y la tecnología, que se acentúa en los últimos tiempos (Albornoz, Luchilo, Arber, Barrere y Raffo, 2002; Ackers, 2005; Van Bouwel, 2010). Es un proceso que se expresa a través de elementos intrínsecos de la producción de conocimiento (RICYT, 2007), como el crecimiento de la producción científica y proyectos de investigación de co-participación internacional, la publicación en co-autoría internacional, la movilidad y vinculación creciente de los recursos humanos en formación y los dedicados a la actividad científica (López, 2014). Se trata de un proceso que es en parte motorizado por el sistema vigente de evaluación de la Ciencia que (RICYT, 2007), que reconoce y premia la internacionalización de la producción y difusión del conocimiento.
De acuerdo a la revisión bibliográfica, la internacionalización de la actividad y las trayectorias académicas depende de factores que se pueden agrupar en tres tipos: factores de naturaleza contextual, estructural e individual-relacional.
Entre los factores de tipo contextual se encuentran aquellos que tienen que ver con las coyunturas históricas, políticas y económicas que pueden dar lugar a una mayor o menor apertura internacional de la actividad científica. Por ejemplo, en Uruguay la internacionalización de la comunidad científica y una mayor cultura de intercambio con otros centros académicos experimentan un importante crecimiento como consecuencia de la restauración democrática a mediados de la década del ochenta (Buti, 2002). Durante el período dictatorial, un importante número de investigadores se vieron obligados al exilio y en el exterior continuaron desarrollando su actividad científica, generaron vínculos, se integraron a redes. Gracias a diferentes programas de ayuda al retorno que surgen con la restauración democrática, muchos de los investigadores vuelven al país con más capacidades, nuevas dinámicas y nuevos contactos. Se constituyen así redes de relaciones internacionales que facilitan la movilidad: esos vínculos luego se extienden a los grupos locales y a los estudiantes, lo que termina redundando en una mayor internacionalización de la academia uruguaya.
Entre los factores de tipo estructural se ubica la estructura de formación de posgrado más o menos rica a nivel nacional y la oferta de programas de apoyo a la movilidad y formación en el exterior. Los niveles de internacionalización de la comunidad y actividad académica dependen de las posibilidades que ofrece cada país de desarrollar una trayectoria académica a nivel nacional. En la actualidad, la formación doctoral y postdoctoral son cruciales para la formación de recursos humanos para la investigación y la consecuente consolidación de una comunidad científica, sin embargo la oferta -en términos temáticos y geográficos- de programas de formación doctoral es muy asimétrica entre los países (Sebastián, 2003). Así, en Uruguay la migración y la movilidad internacional se tornan (con diferencias por áreas y disciplinas de conocimiento) en un factor clave en el proceso de acumulación de capacidades en investigación.
Por último, entre los factores individuales-relacionales se encuentran las características específicas del investigador, que determinan que su actividad científica se desarrolle con mayor o menor apertura internacional. Por ejemplo, el área de conocimiento en que se desempeña el investigador es uno de estos factores; en general se ha observado que las ciencias básicas y las ciencias naturales presentan mayores niveles de internacionalización que las ciencias aplicadas y las ciencias sociales (López, 2014).
El grado de avance en la trayectoria académica de cada investigador es otro factor de este tipo; los jóvenes son más propensos a la migración y la movilidad geográfica (Van Bouwel, 2010; González Ramos & Malpica, 2013), mientras que los de mayor madurez o trayectoria académica se desarrollan en marcos de estabilidad ocupacional, están más arraigados a la comunidad académica local y muchas veces se encargan de la dirección de grupos, todos factores que reducen la propensión a emigrar (Robaina, 2018). Entre este tipo de factores se encuentran también los roles que desempeñan los individuos en los distintos dominios de su vida y sus responsabilidades derivadas, que van a afectar las posibilidades de desarrollar trayectorias más o menos internacionales.
Este artículo se centra en este tercer tipo de factores, al analizar la influencia de la composición familiar y los roles y responsabilidades asumidos en el ámbito de la pareja y la familia, sobre las decisiones migratorias y la experiencia de residencia en el exterior de investigadores uruguayos.
Migración y estatus familiar
Las decisiones migratorias de los individuos se ven afectadas por el contexto familiar en que tienen lugar. La específica composición familiar, puntualmente el estado conyugal y la tenencia de hijos (y sus edades), afecta diferencialmente la posibilidad de un individuo de migrar al extranjero.
En los estudios sobre migración familiar, han tomado protagonismo conceptos como tied mover y trailing partner (Ackers, 2004; Cooke, 2001; Föbker, 2019; Green & Canny, 2003; Mincer, 1978; Yeoh & Khoo, 1998), que aluden al rol pasivo que asume uno de los miembros de la pareja en la decisión y el proceso migratorio. En general, se plantea que es la mujer quien adquiere dicho rol, de cónyuge reagrupada o “arrastrada” en un proceso migratorio que tiene como pionero o protagonista al varón (González-Ferrer, 2011; Zavala & Rozée, 2014).
Sin embargo, la vigencia de tales nociones podría variar de acuerdo a las características educativas y laborales de los miembros de la pareja, y si solo uno de ellos o ambos desarrollaron una carrera. La decisión de migrar y hacia dónde hacerlo se complejiza en una pareja en que ambos tienen una carrera, con sus aspiraciones y proyectos propios en relación con la progresión académica o laboral (Clerge, Sanchez-Soto, Song & Luke, 2017). Así, el status laboral de la pareja, si trabaja medio tiempo o jornada completa, si lo hace en el ámbito académico o no, va a condicionar las posibilidades de desarrollar experiencias de movilidad internacional de los investigadores (Uhly, Visser & Zippel, 2015). Por ejemplo, un trabajo anterior evidencia que las personas en parejas de doble carrera (two-career couple) tienden a moverse menos internacionalmente (Mincer, 1978).
Es posible que una oportunidad laboral o académica que implique re-localización geográfica para uno de los miembros de una pareja de doble carrera, pueda tener un efecto disruptivo en el desarrollo de la carrera del otro, por lo que la movilidad de dichas parejas será menor. Sin embargo, el estudio de Shauman y Xie (1996), centrado en individuos dedicados a la actividad científica, encuentra que las parejas de doble carrera científica, aunque se ven más expuestos a la posibilidad de migrar, presentan tasas migratorias que no difieren de la de aquellos que no están casados o se encuentran en una pareja de una única carrera. Tampoco encuentran evidencia que respalde un posible efecto diferencial del estatus marital por sexo (Shauman & Xie, 1996).
Además del estado conyugal de los individuos, la tenencia de hijos afecta en forma negativa la posibilidad de migrar internacionalmente. Aunque lo anterior es así para ambos sexos, el efecto es mayor para el caso de las mujeres (Shauman y Xie, 1996). Tanto las decisiones migratorias y de movilidad como las experiencias académicas en el exterior se segmentan entre varones y mujeres a partir del nacimiento de un hijo, momento en que se vigoriza la superposición de demandas y competencia de tiempos y responsabilidades propias de la labor académica y el ámbito familiar (Kyvik & Larsen, 1994; Long & Fox, 1995; Fox, 2005).
El conflicto entre el trabajo académico y las responsabilidades familiares es mayor en el caso de las mujeres, en gran medida por las expectativas y responsabilidades emanadas de los roles de género, que derivan en una sobrecarga de cuidados sobre ellas, pero también por la prevalencia de diferentes normas que regulan la actividad de los investigadores que terminan por invisibilizar las desigualdades de género en el mundo científico (Long y Fox, 1995). La adhesión al universalismo, en el sentido de Merton (1942), como una de las normas que rige el quehacer científico2, enfatiza el carácter impersonal de la ciencia: lo importante es el conocimiento producido, no quien lo produce y por lo tanto, es independiente de todo atributo personal, negando así los restantes ámbitos de desempeño del individuo.
Numerosos trabajos han demostrado que la tenencia de hijos afecta en mayor medida y por diferentes vías la ruta académica de las mujeres: condiciona las trayectorias de formación, generando interrupciones y dilatando su culminación (Fox & Long,1995; De Filippo, Sanz Casado & Gómez, 2009; Ortiz Ruiz, 2017); afecta la posibilidad de acceder a cargos de mayor jerarquía (Mason y Goulden, 2004; Wolfinger, Mason y Goulden, 2008; Morrison, Rudd y Nerad, 2011) y de mayor dedicación (Cech & Blair-Loy, 2019); afecta negativamente la productividad científica (Long,1992; Kyvik y Teigen,1996; Fox, 2005) y limita la migración y movilidad académica internacional (Uhly, Visser & Zippel, 2015; Robaina, 2017).
En un contexto de internacionalización creciente de la ciencia, la restricción a la movilidad impuesta por la maternidad que, por ser mayor cuando los hijos son chicos, coincide con la etapa de formación y de inicio de la carrera, constituye una desventaja en la competencia académica y puede tener consecuencias a largo plazo en sus trayectorias (Shauman & Xie, 1996; Leemann, 2010; Uhly et al., 2015).
Objetivo y abordaje metodológico
El objetivo de este artículo es estudiar las decisiones migratorias y la experiencia de residencia en el exterior de investigadores uruguayos que han retornado al país, y analizar su vínculo con la composición familiar y el estado conyugal de los individuos.
Para la aproximación a las decisiones y experiencias migratorias se efectuaron veinte entrevistas en profundidad a investigadores e investigadoras, que habiendo residido en el exterior, deciden retornar a Uruguay entre 1995-2015.
Los investigadores entrevistados vivieron al menos por un año en el exterior, su grado académico es doctor, residen al momento de la entrevista en la capital del país, Montevideo, se encuentran empleados en la Universidad de la República y fueron seleccionados con base a un muestreo intencionado, de acuerdo con dos variables de corte: el sexo y el área de conocimiento en que el investigador se desempeña. Se eligen tales dimensiones en el entendido que son dos dimensiones que, en cuanto factores que inciden en la estratificación de la ciencia académica (Tomassini, 2012), condicionan las decisiones y trayectorias migratorias y académicas, así como las dinámicas usuales de producción de conocimiento. Además, se efectuó la selección de entrevistados en procura de la mayor cobertura de regiones de procedencia (Europa, América Latina y América del Norte) y duración de la estadía en el exterior (de 1 a 15 años).
Las entrevistas realizadas fueron de carácter semiestructurado. La flexibilidad del guion y el modo de aplicación de las entrevistas permitió recoger la experiencia de los entrevistados tal como ellos la procesan e interpretan, ajustándose a las necesidades de la investigación y a las características del entrevistado (Vargas, 2012).
Resultados3
Las decisiones migratorias
Como denominador común a todos, en las decisiones y experiencias migratorias analizadas se observa una clara predisposición a la movilidad y migración internacional. Tal predisposición se vincula a la creciente internacionalización de la actividad científica a la que se aludía en el desarrollo conceptual y configura el telón de fondo sobre el cual se toman las decisiones migratorias. En general, más allá de que uno u otro factor específico termine por gatillar la decisión migratoria, se observa en el discurso de los entrevistados una naturalización de la migración, a la que aluden como un evento obvio en el marco de una actividad con altas expectativas de movilidad:
“Yo tenía claro que me tenía que ir para afuera en algún momento porque un científico tiene que ver otras cosas…” (Sal_M_20)
“Era algo absolutamente natural. Lo supe desde que decidí hacer esta carrera.” (Agr_M_13)
“… [me voy] porque era obligatorio para la carrera académica.” (Sal_V_4)
Más allá de los mandatos y las expectativas de la institución científica que afectan a todos por igual, también operan en las decisiones migratorias los contextos de vida específicos en que tiene lugar la decisión migratoria y que configuran marcos más o menos propicios para migrar. Si bien se verifica alguna alusión a factores laborales, predomina la referencia a la composición familiar y al estado civil como condicionantes de la migración.
Esta vinculación entre la familia y la decisión migratoria es explícita en el caso de aquellos que emigraron cuando aún no habían iniciado su proyecto familiar, quienes aluden a la falta de ataduras al país de origen y refieren a la libertad de tomar y vivir las decisiones individualmente, que el no tener una pareja o familia propia le confiere a la hora de decidir migrar:
“No tenía ni hijos, ni pareja, tenía total libertad…no tenía presión… la decisión fue bastante libre.” (Sal_V_4)
“En aquel entonces no tenía familia, o sea que estaba solo, dependía solo de mí la decisión y me fui.” (Sal_V_7).
Decisión migratoria y pareja
Ninguno de los investigadores entrevistados tenía hijos nacidos al momento de la emigración, pero muchos estaban en pareja, estado conyugal que no determina la decisión migratoria de varones y mujeres por igual.
Mientras la decisión emigratoria de los varones se desarrolla con mayor independencia de la voluntad de su pareja, en todos los casos de las mujeres aparece su pareja varón condicionando en gran medida la decisión de emigrar o la elección del destino de emigración. Si bien todas ellas terminan por cursar programas de posgrado en el exterior o insertándose académicamente de una u otra manera en el medio de acogida, no es éste el móvil principal de su emigración, sino que es primeramente el varón quien toma la decisión de irse al exterior y ellas quienes deciden acompañarlos.
“Nos fuimos porque mi esposo iba a hacer una maestría y un doctorado en el exterior del país. Yo me fui a acompañarlo, pero con la intención inmediata de retomar mis estudios.” (Sal_M_12)
“Por motivos personales, me casé allá. Terminé la carrera, me enamoré de un muchacho en esa época y me fui a vivir con él allá.” (Soc_M_14)
“… me ennovié con quien iba a ser mi marido, y él había hecho su maestría en Rio y quería irse a hacer el doctorado en ciencias políticas en EEUU. Y entonces se empezó a convertir en un proyecto de pareja.” (Soc_M_19)
Hay casos en que la pareja varón no solo promueve la emigración, sino que es quien determina el destino, la decisión de permanecer en el exterior e incluso la razón del retorno. Una entrevistada expresa respecto al destino elegido en el exterior:
“Bueno, la elección fue de mi esposo. Él trabaja en el área de Física, y él lo eligió porque le pareció que ahí estaban las universidades más adecuadas y mejores para seguir desarrollando su formación en el área que él quería.” (Sal_M_12)
La misma investigadora declara que retornó al Uruguay insatisfecha, sin vínculos académicos en el Uruguay y en el momento de su despegue académico en el país de acogida, porque priorizó el interés de su pareja varón, lo que denota una muy menguada capacidad de negociación a lo interno de la pareja:
“Quien siempre quiso mucho volver fue mi esposo…él mantuvo vínculos académicos y profesionales. En cambio, yo no estaba muy satisfecha con volver, porque yo todavía estaba en un proceso de crecimiento muy acelerado ahí en Brasil y sin contactos aquí. Yo tenía miedo de quedar en nada. Pero acepté y nos vinimos con los niños y todo.” (Sal_M_12)
Esta primacía de la voluntad del varón se lee en el discurso de uno de los investigadores varones entrevistados, casado con una mujer dedicada también a la investigación:
“…fue difícil decirle otra vez a mi esposa “nos vamos”.... que fue lo que me pasó. Yo ya tenía la situación un poco arreglada, pero ella estaba todavía girando. Eso también fue difícil.” (Soc_V_5)
Se puede interpretar de estos dos últimos ejemplos, que el hecho de que ambos miembros de la pareja se hallen insertos en el medio académico no necesariamente redunda en una contemplación equitativa de la voluntad de ambas partes a la hora de tomar las decisiones migratorias. Por el contrario, aun conociendo los efectos disruptivos que puede tener la migración en el desarrollo de la carrera académica de la mujer, se toma la decisión migratoria priorizando el desarrollo e interés académico del varón.
También la posibilidad de re-emigración es condicionada en algunos casos por la voluntad o por el deseo de priorizar la inserción laboral del marido:
“Y lo del postdoc no se... irme con toda la familia no porque es mucho tiempo, mi esposo no puede descuidar su trabajo acá porque ya está más estabilizado, y ta, ya nos fuimos. Él no trabaja en el ámbito de investigación ni nada que ver, y le cuesta un poco entender lo que hago. Si bien me apoya y todo, ¿para qué querés ir a hacer un postdoc? ¿Qué es eso?! me diría.” (Agr_M_16)
Otra cita muy elocuente en este sentido parte de una investigadora que se casó y divorció en el exterior, y que frente a la posibilidad de reemigración, expresa:
“No, no. Yo ahora me casé otra vez… ¿Volver a emigrar?… no tengo ganas de divorciarme de vuelta.” (Soc_M_14)
Mientras las mujeres en pareja someten sus proyectos académico-migratorios4 a la voluntad de su pareja varón, las decisiones migratorias de las mujeres solteras y de los varones, independientemente de su estado civil, son pautadas por otros motivos y desencadenantes, sobre todo de naturaleza científica. Específicamente, son dos las razones de migrar a las que tales individuos aluden: la inexistencia o pobreza de oferta de posgrados en el país, lo que trasforma el proyecto emigratorio en un recurso para el progreso académico; y las desventajas propias de la dinámica o realidad académica local, como los tiempos que conllevan los procesos de formación, los sueldos de los investigadores y la precariedad laboral, la falta de comodidades e infraestructura para hacer investigación. Para la elección del destino opera entre estos investigadores lo que Ackers (2005) refirió como el magnetismo de centros de investigación de primer nivel: los investigadores priorizan los centros de excelencia académica, los que ofrecen las condiciones más óptimas para formarse o hacer investigación, con los mejores equipamientos, más recursos y mejores salarios para investigar.
Es razonable prever que esta marcada diferencia en cuanto a la forma en que se inicia el proyecto académico-migratorio en las mujeres en pareja, en comparación las que no la tienen y a los varones independientemente de su estado conyugal, tenga su impronta en sus trayectorias académicas futuras, colocando a estas investigadoras en una situación de desventaja respecto a la trayectoria académica factible de desarrollar. Si bien no es un aspecto que se haya indagado expresamente en la investigación, queda planteada la hipótesis para indagar a futuro.
Decisión migratoria e hijos
El condicionamiento de los hijos sobre las decisiones migratorias se verifica incluso desde antes que estos nazcan. La posibilidad de tener hijos en el corto plazo condiciona en uno de los casos la elección del destino de la emigración. Se trata de una investigadora que adaptó su proyecto migratorio para compatibilizarlo con el proyecto inminente de maternidad y eligió el destino de la migración eludiendo contextos académicos de extrema competitividad “donde la maternidad fuera mal vista” (Sal_M_20) y donde no fuera factible el desarrollo profesional y familiar en simultáneo.
Asimismo, el deseo de tener hijos pauta en varios casos el retorno y en todos se asocia la decisión a la edad:
“Me volví porque ya estaba cerca de los 40 años, tenía que tomar la decisión… había una necesidad de realización a nivel familiar…” (Bas_M_11)
“Es un momento de la vida en que uno siente que ya es momento de quedarte en un lado, tener hijos, yo qué sé, es la edad biológica…” (Bas_M_15)
Así, en línea con lo que se observaba al momento de la emigración, en que muchos conciben la carencia de hijos como un contexto vital habilitante de la decisión emigratoria, ahora la decisión de tenerlos motiva la decisión migratoria inversa: volver al país.
Sin embargo, el mayor condicionamiento de los hijos sobre la decisión de volver al país se produce una vez que estos nacen. El nacimiento de un hijo durante la estadía en el exterior constituye un evento de quiebre en la trayectoria migratoria y académica de los investigadores entrevistados, que bifurca el discurso de varones y mujeres, lo que se vincula a la imposibilidad de compatibilizar las responsabilidades de cuidado y las responsabilidades académicas durante la residencia en el exterior. Existe un conflicto entre trabajo productivo y reproductivo que persiste y se exacerba, en el caso de las mujeres migrantes dedicadas a una actividad que les exige alta dedicación. La cita que sigue ilustra en forma patente el conflicto entre las expectativas de logros de la carrera académica y las derivadas de la maternidad, un conflicto que en varios casos se busca apaciguar a través del retorno:
“Me volví por eso. Yo no daba más, me empecé a dar cuenta de mis limitaciones físicas, una familia, la super carrera, el marido trabajando a 100 km. Él no estaba durante el día, era yo que me ocupaba, si el nene estaba enfermo, el médico, las compras, todo yo.” (Sal_M_20)
Residir en el exterior y tener hijos: Conflicto entre la vida académica y familiar
Expresiones como “hacía malabares”, “era una maquinita”, “fue una locura”, se reiteran en el discurso de las investigadoras mujeres a la hora de hablar de las estrategias desplegadas para compatibilizar sus obligaciones académicas y de cuidado durante la estadía en el exterior.
Las mujeres entrevistadas que tienen hijos se explayan largamente acerca de las estrategias seguidas para garantizar su cuidado durante las extensas y demandantes jornadas académicas en un país en que las ayudas para el cuidado son inexistentes o inaccesibles por su costo. Si bien aparece también en el discurso de los varones con hijos referencias a las responsabilidades familiares y a la dificultad que implicó la cobertura de las tareas de cuidado de sus hijos, en todos los casos coincide que éstas no surgen espontáneamente, sino cuando se los consulta específicamente, aspecto que ya había sido evidenciado en un estudio previo (Tomassini, 2012). No se trata de un asunto menor el hecho que solo en el discurso de las investigadoras mujeres surja en forma reiterada y espontánea, lo que proporciona una pista sobre cómo investigadores varones y mujeres vivencian la competencia de responsabilidades familiares y académicas.
Son diversas las estrategias seguidas para cubrir los cuidados en el exterior. Muchas de las entrevistadas resuelven el cuidado de sus hijos a través de guarderías, a las que llegan desde muy pequeños y por horarios muy extensos:
“Ella empezó con 5 meses a ir a la guardería, se quedaba ahí de 6 a 7 horas, y era muy práctico porque estaba prácticamente adentro del campus la guardería.” (Sal_M_12)
“Mis hijas iban a la guardería de 8 a 17 hs. Yo dejaba a mis hijas en la guardería, daba clase de mañana, almorzaba en la universidad y me pasaba trabajando” (Soc_M_19)
Otra estrategia de cuidado frecuente consistió en la transferencia de las responsabilidades de cuidado basada en una relación de parentesco, más precisamente, a través del cuidado temporal por parte de familiares, también mujeres, que se trasladaban de país especialmente para colaborar en las tareas del hogar.
“…mi hermana se fue un mes a ayudarnos, y después nos arreglamos los dos. No me preguntes cómo.” (Soc_M_19)
“Tres meses fue mi hermana a cuidármelo, pero se tuvo que volver porque no tenía visa.” (Sal_M_20)
Este tipo de estrategia es un ejemplo de lo que se ha dado en llamar “familiaridad a través de fronteras” o “situaciones familiares transnacionales” (Rodríguez - García, 2014), en que se confía las tareas de reproducción y cuidado a un familiar que inmigra con este fin por un período acotado del tiempo.
Finalmente, una tercera vía que aparece para cubrir las tareas de cuidado es un ejemplo de lo que la literatura denomina “transferencia transnacional del trabajo reproductivo” o “globalización de los cuidados” (Pedone, 2008), que tiene que ver con el proceso vigente de estratificación del mercado de trabajo a nivel mundial, que genera una demanda de mano de obra femenina que se resuelve, en la mayoría de los casos, a través de movimientos Sur-Norte:
“Nos juntamos con otras dos que estaban en la misma situación que yo y contratamos una ecuatoriana.” (Sal_M_20)
La bi-direccionalidad del conflicto
El conflicto entre el ámbito familiar y el académico se expresa en el caso de las mujeres en forma bidireccional: la carrera académica afecta el desempeño en el ámbito familiar y las responsabilidades familiares repercuten en la trayectoria académica. Se trata de un conflicto de doble cara que también ya ha sido identificado en estudios previos (Frank, Fonseca, Bao y Fox, 2011; Tomassini, 2012), pero que aquí se ve exacerbado por la residencia en el exterior, la soledad relativa y la inexistencia de ayuda por parte de familiares.
El conflicto en la primera dirección, las responsabilidades en el entorno familiar afectando el desempeño en la esfera académica (familia -> trabajo académico), se expresa a través de las limitaciones que imprime la maternidad y el cuidado de los hijos sobre sus carreras académicas. Este conflicto no parece verse atenuado en aquellas investigadoras en pareja con un miembro también del medio académico, contrario a lo que evidenciaban algunos estudios previos, respecto a que una pareja de doble carrera científica podría dar espacio a una mayor comprensión y esfuerzo de sincronización conjunto de las responsabilidades familiares y académicas (Fox, 2005).
De acuerdo al testimonio de los entrevistados, el conflicto familia -> trabajo académico se manifiesta en, al menos, tres sentidos.
En primer lugar, a través no solo del menor tiempo, sino también de la menor calidad del tiempo dedicado a la actividad académica. Se ve muy nítidamente en el extracto que sigue cómo las responsabilidades derivadas del rol de madre trascienden las tareas presenciales y redundan en una menor concentración y calidad al tiempo dedicado al ámbito académico: “La reinserción académica con las dos nenas chicas fue muy difícil, yo no estaba con en mi mejor momento académico porque no tenía todas mis antenas concentradas ahí.” (Soc_M_19)
En segundo lugar, en las renuncias o ajustes efectuados a la dedicación de cargos académicos como resultado de una priorización de la familia y el cuidado de los hijos, una renuncia que es vivida como una apuesta familiar, como la opción lógica. La cita que sigue ilustra este punto:
“Tuve que reducir la jornada, no podía hacer las 40 horas, no me daba, pero tampoco quería dejarlo porque sé que no entras más. Pero bueno, fue una inversión familiar… pasé a trabajar seis horas…” (Sal_M_20)
Esta mayor tendencia de las mujeres a flexibilizar o reducir la jornada laboral en función del cuidado de personas dependientes, ya ha sido identificado en trabajos previos, tanto respecto a la población académica en general (Mason y Goulden, 2002; Ceci y Williams, 2011), como en la empleada en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en particular (Cech y Blair-Loy, 2018), e independientemente del nivel socioeconómico, educativo y de la categoría de ocupación (Batthyany, Genta y Perrotta, 2012).
Finalmente, el tercer aspecto en el que las responsabilidades familiares afectan el desempeño académico es a través de las limitaciones que imprimen sobre la movilidad, ampliamente valorada en el mundo de la academia. En tal sentido, los discursos de varones y mujeres se segmentan en referencia a la posibilidad de desarrollar en adelante experiencias de movilidad. Mientras los varones no descartan en su mayoría dicha posibilidad, fundamentalmente para realizar pasantías o estancias de investigación, las mujeres niegan toda posibilidad de dejar el país y adaptan las formas de movilidad, anhelada en la mayoría de los casos, de forma de conciliarla con sus responsabilidades de cuidado.
“Me gustaría, pero irme y dejar a mis hijos, no, son muy chicos. Lo que hago es viajar pocos días, ir a tribunales de tesis, intercambios de investigación con este grupo de Brasil, pero más de tres días, no”. (Agr_M_16)
“Reconozco que me encantaría hacer un postdoc afuera. Pero por ahora no, y no sé si en algún momento lo podré hacer. Ellos todavía son chicos. Descartado, postdoc descartado.” (Agr_M_16)
“Pero ta, ahora tengo mi familia acá. Mi hija tiene 14 años, no puedo irme. Incluso para decidir sobre el año sabático. Yo me podría ir 2 semanas como mucho.” (Tec_M_18)
El último testimonio da cuenta de que la restricción a la movilidad impuesta por la maternidad se extiende por un período prolongado, no limitándose únicamente a la tenencia de hijos pequeños sino también adolescentes. De todas maneras, en concordancia con trabajos previos, el conflicto familia-trabajo académico, expresado a través de este o de los otros aspectos, se manifiesta en las mujeres en forma más patente cuando los hijos son más chicos (Long y Fox, 1995). Mientras, como también señala un estudio anterior (Cañibano, Fox y Otamendi, 2016), las mujeres adaptan el momento, la modalidad, duración y destinos de su movilidad internacional, los varones desarrollan su trayectoria académico-migratoria de forma más independiente de la composición familiar y de la edad de los hijos.
El conflicto en la segunda dirección, las exigencias del mundo académico afectando la esfera familiar (trabajo académico -> familia), se manifiesta en el testimonio de las entrevistadas a través de dos aspectos.
En primer lugar, a través de la postergación de la maternidad. Son varias las investigadoras que postergaron la reproducción a favor de la realización académica, una decisión que en todos los casos se tomó en forma consciente ante la percepción de incompatibilidad del inicio reproductivo, período de formación y residencia en el exterior: “Mi decisión de maternidad estuvo 100% determinada por mi formación en el exterior… postergamos el tener hijos para más adelante. Hubiera sido imposible allá. Entonces me volví con 36 años y sin hijos. Ahora estoy como desfasada” (Agr_M_16), expresa una de las entrevistadas.
En segundo lugar, el conflicto trabajo académico-familia se expresa a través de la angustia y culpa por la menor dedicación o ausencia en las tareas de cuidado y crianza de los hijos.
“Yo sentí mucha culpa, porque a mi hijo mayor no le hizo nada bien. Horrible, por eso te digo si volviera a repetir no lo hacía igual. Uno después se da cuenta de que los niños chicos, sobre todo en la primera infancia tienen que tener a los padres y una estabilidad. Y todo lo que le dimos fue lo contrario. Yo sabía que iba a tener que seguir al palo y yo no quería que mis hijos no tuvieran madre, yo había tenido dos hijos y los había tenido para que tuvieran madre…” (Sal_M_20)
Es posible que esta angustia por la menor dedicación a los hijos tenga su correlato en la calidad de tiempo dedicado a la actividad académica. En este sentido, las afectaciones de un ámbito sobre el otro podrían retroalimentarse: una carrera altamente demandante absorbe tiempo que podría ser dedicado al ámbito familiar y esa menor dedicación genera sentimientos de culpa y angustia, que termina por afectar la calidad del tiempo dedicado a la actividad académica.
Este conflicto entre las responsabilidades de los ámbitos familiar y académico, que se vivencia en el caso de las mujeres en forma bidireccional, es potenciado por dos aspectos: la dedicación a una actividad especialmente demandante como es la investigación y la residencia en el exterior. Y tiene que ver en parte con la fuerte internalización de los mandatos de género y la naturalización del rol de las mujeres como principales cuidadoras en la unidad familiar. Como lo ilustran las siguientes dos citas, tales expectativas del rol de madre, de buena madre, son impuestas sobre ellas, pero también reproducidas por las investigadoras mismas:
“...cuando quedé embarazada de las niñas todo el mundo me decía: bueno, ahora te tenés que volver, te olvidás del doctorado …” (Soc_M_19)
“...yo no quería ser como mi jefa que estaba 10 horas en el laboratorio y salía dos por tres a llevar a los niños a un lado o al otro, y los nenes vivían con actividades extracurriculares.” (Sal_M_20)
Conclusiones
El análisis evidencia que el estado conyugal y la tenencia de hijos condicionan diferencialmente las decisiones y experiencias migratorias de investigadores varones y mujeres.
Mientras la decisión migratoria de mujeres en pareja se asocia frecuentemente a la voluntad y a las prioridades de desarrollo profesional y académico del varón, las decisiones de las mujeres solteras y de los varones, cualquiera sea su estado civil, se toman de forma independiente y se enmarcan en estrategias de desarrollo académico personal. En este sentido, la evidencia presentada indica que el concepto de trailing wife, de la mujer como “seguidora” de su pareja varón en el proceso migratorio, se aplica también para la población femenina de alta calificación, e incluso en el caso de las mujeres en parejas de doble carrera científica. Este resultado, que coincide con el de trabajos previos (Ackers, 2004), puede asociarse a la vigencia de los roles tradicionales de género en las relaciones de pareja, que conduce a la priorización de la progresión académica o laboral de la pareja varón a la hora de decidir el proyecto migratorio; aún entre una población dedicada a una actividad altamente competitiva, que exige altos niveles de formación y preparación, y en la que el costo de un desvío o disrupción en la trayectoria puede ser muy alto.
El nacimiento de un hijo fragmenta las experiencias de residencia en el exterior de investigadores varones y mujeres, lo que se vincula a cómo experimentan unos y otros la competencia entre demandas -altamente exigentes- de dos ámbitos de desempeño: el familiar y el académico. Sin desconocer que para los varones se encuentran estas esferas en competencia, se verifica en las mujeres una alusión explícita, espontánea y reiterada al conflicto que la interferencia de roles significa para ellas. Además, este conflicto es vivenciado por las mujeres investigadoras en doble dirección, de manera que las responsabilidades propias de los ámbitos académico y familiar se afectan mutuamente. Se trata de un conflicto que es notoriamente agravado durante la residencia en el exterior y termina por pautar en gran medida las decisiones de emigrar, la posibilidad de permanecer, la opción de retornar y la viabilidad y modalidad de re-emigración.
La restricción a la movilidad que imponen las responsabilidades y roles que asumen las mujeres en el ámbito familiar las coloca, por vía directa e indirecta, en un lugar de desventaja en la competencia académica. De manera directa, porque, como se indicó, la internacionalización de las trayectorias es un aspecto que es valorado en el sistema de evaluación de la Ciencia (RICYT, 2007). De manera indirecta porque, como lo indica Leeman (2010), el capital social transnacional que habilitan las trayectorias académicas más internacionales, se transforma en otras formas de capital, como el capital cultural (publicaciones, habilidades idiomáticas, una orientación natural a la internacionalización) y el capital simbólico (prestigio), los cuales son determinantes del status que se alcanza en el ámbito académico.
Los resultados de este estudio aportan evidencia que justifica la importancia de considerar el enfoque de género en los estudios de la migración altamente calificada. A su vez, revelan cómo la extendida concepción –que ha nutrido la gran mayoría de las políticas desplegadas- según la cual el ámbito laboral/académico y el ámbito familiar corren por sendas paralelas, condiciona ampliamente las experiencias y trayectorias académico-migratorias que las mujeres investigadoras construyen. Esa falsa dicotomía público-privado que prima en la Universidad (Rodigou Nocetti, Blanes, Burijovich y Domínguez, 2011), la institución científica en general y la sociedad toda, afecta la autonomía de las mujeres en el desarrollo de sus trayectorias académicas y migratorias.
La expectativa de la institución científica respecto a la trayectoria ideal, concebida como la adquisición progresiva de credenciales y una sucesión consecutiva de eventos académicos que se desarrolla sin interrupciones ni desvíos (Wolf, 2014), la pretensión de compromiso y dedicación absoluta de tiempo y energía al trabajo académico (Mirick y Wladkowski, 2020), y la expectativa creciente de movilidad internacional (Van Bouwel, 2010), desconocen los restantes ámbitos de desempeño de los individuos. Esta negación, o al menos subordinación del ámbito familiar al trabajo científico, compromete las trayectorias académicas y migratorias de las mujeres investigadoras, en mucho mayor medida que la de los varones.
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1 Debate signado por dos posturas: una más pesimista, que entiende a la emigración calificada como una fuga (“brain drain”) y como una limitante del desarrollo del país de origen, y la otra más optimista al concebir la emigración calificada como una posible ganancia (“brain gain”), a través de una eventual transferencia y circulación de conocimientos que beneficie el país de origen y su desarrollo.
2 Merton (1942) analiza el ethos de la ciencia, a partir de cinco imperativos institucionales: Comunalismo, Universalismo, Desinterés, Originalidad y Escepticismo organizado (CUDOS).
3 Siempre que se incluya una cita de las entrevistas será referenciada indicando el área de conocimiento del investigador: agraria, básica, salud, social y tecnológica (Agr, Bas, Sal, Soc, Tec), su sexo (V o M), seguido de un número identificador de la entrevista (de 1 a 20).
4 Se entiende por trayectoria o proyecto académico-migratorio a la sucesión de los eventos académicos que experimenta el individuo durante su carrera de formación y actividad científica en conjunción con la localización geográfica en que tienen lugar.