La revolución del arcoíris y su escala de grises: Movimiento indígena en Ecuador/ Stalin Herrera/ 2022

Novedad editorial: Dos nuevos libros de la colección En movimiento – Redial  & Ceisal

El libro es parte de una colección publicada por CLACSO, que tiene como objeto crear materiales de divulgación / reflexión sobre los movimientos sociales, las disputas plebeyas, los estallidos, sus dinámicas y sus contextos en América Latina, “En Movimiento”. Con lo cual, el autor presenta un documento que describe el proceso de emergencia, ascenso y crisis del movimiento indígena en el Ecuador, sus efectos en la sociedad y sus límites políticos.

El texto propone entender la acción del movimiento en cuatro momentos cronológicamente ordenados: Fractura de la condición premoderna; Ascenso y disputa por la representación; Cambios progresistas para la movilización; El retorno de las élites y la movilización popular. En esos cuatro momentos el autor observa cómo el movimiento indígena o las sociedades indígenas lograron superar las condiciones de marginación y exclusión heredadas de la colonia que los sujeta al escalón más bajo de la pirámide social; alcanzaron su articulación organizativa, entraron a la disputa política, primero en las calles y luego en las esferas institucionales; un proceso vertiginoso, con grandes éxitos institucionales, que consiguió situar al movimiento como una alternativa política electoral y de gobierno; un momento de crisis y debilidad que se enlaza con la presión del gobierno progresista de la Revolución Ciudadana; para finalmente volver a presentarse como el Movimiento social más importante de las últimas décadas y del contexto actual.

A lo largo de esos momentos, el Herrera plantea que el proceso político sostenido y empujado por el movimiento indígena constituye una revolución social y cultural. En un escenario en el cual los movimientos sociales en la región y el movimiento indígena en el Ecuador han perdido protagonismo, la idea en sí misma puede resultar contradictoria; la revolución para las tradiciones políticas más radicales supone una toma del poder y una transformación estructural que trastoca las fuerzas, el estado y la sociedad. Para el autor, la profunda transformación que realiza el movimiento indígena en la sociedad ecuatoriana, hay que mirarla a contrapelo del régimen y herencia colonial.

Aunque es criticable la ausencia de un diálogo con los estudios poscoloniales y autores como Guha quien observa y describe los horizontes políticos campesinos; del primer momento, me parece interesante rescatar cómo el autor sistematiza y observa las “claves de lectura” que explican cómo el “movimiento indígena”, en los años 80, rompe con las ataduras “premodernas” y los anclajes locales o territoriales que marcan los límites de la acción política campesina; muy común en la literatura de los años 60, en especial el trabajo de “Rebeldes primitivos” de Hobsbawm (1959), y que aparece como “las luchas, revueltas y sublevaciones campesinas”.

El movimiento indígena tras el levantamiento de 1990 ya no se circunscribe únicamente a la disputa local, sino que se sitúa como un actor que se sostiene sobre una fortaleza comunitaria y se proyecta a escala nacional, emerge de la crisis del viejo régimen de hacienda y la profundiza. La presencia política y simbólica del movimiento indígena en el escenario político nacional quiebra las fronteras étnicas; la voz pública y el proyecto político que interpela a la sociedad blanco mestiza amplía los horizontes de reconocimiento y aceptación indígena; la presión y movilización indígena popular y amplía las fronteras político institucionales que democratizan la misma democracia.

Podríamos decir que la sola presencia de lo indígena en el escenario político y público constituye un elemento disruptivo y crítico del orden, pero el ensayista nos muestra que los efectos del movimiento indígena van más allá de la esfera simbólico-política. Entre 1990 y el 2006, el segundo momento en el texto, el movimiento indígena se transforma en un actor que no sólo ocupa las calles, sino que logra convertirse en un centro de articulación y agregación política para los movimientos sociales y la izquierda; un actor movilizado que impulsa o promueve una importante reforma normativa e institucional que configura una “estatalidad particular”. Su participación electoral, especialmente potente a escala local, territorial y nacional, marcó nuevos horizontes institucionales y tuvo efectos en el “campo intelectual”, refiriéndose a los debates teórico políticos de época que hicieron de la etnicidad una clave de lectura de lo social y lo político. Podríamos decir que el segundo capítulo del texto nos invita a ampliar la categoría de movimiento indígena o movimiento social, si no, a incorporar sus articulaciones, redes e instituciones de influencia.

En el tercer capítulo, el texto nos muestra los efectos de la revolución ciudadana sobre el movimiento indígena. Aunque el autor toma partido por el movimiento indígena, en un contexto tan polarizado entre el progresismo y el anti progresismo, el correísmo y anti correísmo en la versión ecuatoriana, el capítulo busca situarse en un punto crítico intermedio para valorar una de las más importantes interrogantes de la experiencia progresista en el Ecuador: ¿Cómo fue posible que el actor social y político más importante de las dos décadas anteriores, haya ocupado el lugar de oposición más importante al gobierno de la Revolución Ciudadana? Con seguridad, podemos estar o no de acuerdo con las reflexiones del autor, pero es importante remarcar su intento de explicarlo y describirlo. Un proceso complejo y lleno de contradicciones, tanto para el progresismo como para el movimiento indígena, pero especialmente interesante porque nos muestra cómo el progresismo ocupó un lugar de oposición y debilitamiento del movimiento; y cómo el movimiento encontró un lugar de oposición y debilitamiento del progresismo; ambos aparentemente conservadores y funcionales a los intereses de las élites nacionales.

Sobre la relación movimiento y gobierno, al autor se le escapa resaltar la relación de fuerzas, es decir, el peso político e institucional que tuvo el movimiento de la revolución ciudadana en el Estado para enfrentar al movimiento indígena. Fortaleza o posición política estatal que explica o da sentido a dos fenómenos descritos por el mismo autor: ¿Cómo el gobierno alimentó un creciente rechazo y oposición del movimiento al correísmo y el progresismo, el anti correísmo en los movimientos sociales? y ¿Cómo el movimiento indígena pasó de ser una alternativa política, a hacer del asedio político al progresismo el horizonte político?

El cuarto capítulo describe el retorno de las élites y la reconfiguración del escenario político. Un momento en el cual el movimiento indígena negocia y se entrampa en los dispositivos gubernamentales que las élites crean para mantener la fractura organizativa del campo popular, es decir, el permanente ejercicio de revivir la experiencia anti correísta en el seno de las organizaciones. Sugerentemente, entre Foucault y Gramsci, logra puntualizar las responsabilidades políticas del progresismo en una de las herramientas más efectivas de los sectores conservadores para combatirlo, el anti correísmo, el dispositivo gubernamental en el cual también funciona como un “consenso gramsciano”, en el que participan activamente los sectores subalternos, el movimiento indígena y la izquierda.

El capítulo temporalmente se enlaza con la insurrección de octubre del 2019, la movilización social más extendida y sostenida en el Ecuador hasta el momento, solo superada por el Paro Nacional de junio del 2022. Un momento en el cual el movimiento indígena logra sortear el momento y recomponerse en la movilización social, recupera un espacio de representación política que había perdido y abre la discusión sobre las oportunidades de recomponer el campo popular.

El final del texto no es conclusivo y tras la insurrección de octubre el futuro es abierto y optimista, pero deja muchas preguntas para seguir indagando sobre un actor político complejo, el cual ha cambiado y vive las tensiones que el capitalismo ecuatoriano le imprime.

Para finalizar, tal como el autor lo plantea en la introducción, el ejercicio de escritura y reflexión está acompañado de la sistematización de una abundante literatura, la cual también se ordena cronológicamente por los tiempos y momentos del movimiento indígena; de tal forma que nos brinda una guía de lectura y de acercamiento a uno de los actores políticos más relevantes del país y de la región: el movimiento indígena del Ecuador.

Referencias bibliográficas

Hobsbawm, E. (1959). Primitive Rebels. Studies in Archaic Forms of Social Movement in the 19th and 20th centuries. New York: Norton Library.