La Cultura de la Cancelación y el feminismo radical de las jóvenes millennials
Cancel Culture and Radical Feminism of Millennial Women
Martha Nélida Ruiz. marthanelida@gmail.com
Instituto Universitario Internacional de Toluca. México
Recibido: 10/03/2022
Aprobado: 21/04/2022
Resumen:
El presente ensayo argumentativo se planteó como objetivo analizar el fenómeno de la cultura de la cancelación como expresión de lo que algunos autores denominan “radicalismo” dentro del feminismo, el cual consiste en la cancelación total de personajes acusados de prácticas de poder patriarcal como el acoso y el abuso sexual, incluyendo algunas tradicionalmente consideradas por los hombres como parte de la expresión de su masculinidad.
Como elemento de interés de este complejo fenómeno se encuentra el protagonismo de actores sociales muchas veces considerados privilegiados, en los ámbitos de la actuación, la música, el modelaje, la danza, e incluso las ciencias; algunos de cuyos casos se abordan como ejemplos en el trabajo. Un aspecto relevante de la cancelación, es que junto con el personaje se cancelan sus contribuciones y aportes, lo que tiene un impacto desfavorable para el mundo del arte, la cultura y las ciencias.
Se plantean reflexiones finales sobre las profundas causas socioculturales de las prácticas patriarcales que propician la cultura de la cancelación y se sugiere que la apuesta de los feminismos debería ser hacia la interseccionalidad apelando a la solidaridad con y entre los grupos marginados, aquellos que sufren diferentes tipos de opresión que afectan el desarrollo de las personas.
Palabras clave: Cultura de la cancelación, feminismo radical, millenialls
Abstract
The objective of this argumentative essay was to analyze the phenomenon of cancel culture as an expression of what some authors call “radicalism” within feminism, which consists of the total cancellation of characters accused of practices of patriarchal power such as sexual harassment and abuse, including some traditionally considered by men as part of the expression of their masculinity.
As an element of interest in this complex phenomenon is the leading role of social actors often considered privileged, in the field of acting, music, modeling, dance, and even science; some of those cases are addressed as examples in this work. A relevant aspect of cancel culture is that along with the character their contributions are cancelled, which has an unfavorable impact on the world of art, culture and science.
Final reflections are made on the deep sociocultural causes of the patriarchal practices that favor cancel culture and it is suggested that the suffering of feminisms should be towards intersectionality, appealing to solidarity with and between marginalized groups, those who suffer different types of oppression.
Key Words: Cancel Culture, Radical Feminism, Millennial Women
Introducción
El feminismo ha atravesado por diferentes y profundas transformaciones. Las luchas por la emancipación, los derechos civiles y políticos, el acceso a la educación y al mundo laboral en muchas ocasiones ha tenido que ser violenta y radical como en el caso de las sufragistas. Los avances democráticos de los que ahora gozamos están cimentados en los enormes esfuerzos de las mujeres valientes que nos han antecedido y considero que en justicia debemos reconocerlas y entenderlas en el contexto histórico y social en el que se desarrollaron. No pocas veces escuchamos a las nuevas generaciones de feministas desestimarlos por la limitación quizá de sus avances y por la postura respecto a las metas y los medios para alcanzarlas.
Hay por supuesto una gran brecha generacional con las feministas de la llamada tercera ola y de la que hemos comenzado a llamar cuarta ola. Los logros de las primeras feministas organizadas nos facilitan un punto de arranque diferente y por lo tanto propician una visión quizá más aguda y crítica, además potenciada por la efectividad y complejidad de las redes sociales y del cosmopolitanismo que propician.
El feminismo en su multiplicidad o los feminismos, constituyen desde mi punto de vista, quizá el movimiento social más relevante de nuestros tiempos, sobre todo porque confluyen en ellos al mismo tiempo, consubstancialmente, la teoría y la praxis como la misma cosa y nos iguala a todas a pesar de nuestras diferencias culturales, generacionales, étnicas, geográficas, económicas e históricas, a través de la concientización y el ejercicio de la interseccionalidad. Es una especie de metanoia colectiva -si no es una barbaridad lo que digo- en el sentido que le dieron los anti psiquiatras Cooper (1986) y Laing (1982) en el ámbito individual, una profunda revolución del ser, después de la cual, uno ya no es el mismo, algo como el conocimiento adquirido, a lo que no se puede renunciar activamente.
Considero que las luchas y manifestaciones de los feminismos tienen como base la noción materializada del tremendo poder del patriarcado y sus múltiples formas de representación o su astuta invisibilización, escudada a veces en los usos y costumbres, otras, a través de la perversa discriminación positiva y la seducción que no permiten ver críticamente o incluso percibir la violencia con que se ejerce la dominación y la segregación, la cosificación y la sujeción.
De la equiparación que hizo Aristóteles de la mujer con los aperos de labranza a la esposa trofeo de nuestros días no hay mucha diferencia a pesar de los más de dos mil años que han pasado. De la mujer de ideas cortas y cabello largo con que nos miraban Rousseau o Nietszche a la bimbo contemporánea, tampoco hay mucha diferencia.
Lo mismo para la perversa Eva, apéndice de Adán que como patricida condena a su “padre” a la vida terrenal y a la mortalidad, que para la malvada Lou Andreas Salomé que seduce a Rilke o a Nietzsche y los condena a la ignominia o a la locura, o para Alma Mahler que seduce y lleva a la desesperación a Walter Gropius, o a Koikoschka y se atreve a engañar al gran Gustav Mahler reduciéndolos a la deshonra y al suicidio, todo esto por cierto, muestras de la debilidad de estos genios, los baja de su Olimpo y da cuenta de su condición humana que no puede entenderse sin la idea de la fragilidad atribuida al “sexo débil”.
La inteligencia y la ciencia en la mujer son consideradas anti natura, subversivas, peligrosas y deben ser minimizadas, destruidas de las maneras más violentas para que quienes las poseen o las cultivan sirvan de ejemplo y no socaven el orden establecido, el poder soberano del hombre. Van algunos ejemplos: Ipatia de Alejandría, violada y descuartizada frente sus discípulos o Sor Juana Inés de la Cruz auto disminuida “yo, la peor de todas”, quien “decidió” renunciar a los libros y a la escritura refugiándose en la reclusión.
La inteligencia y el poder en las mujeres son imperdonables, la tonta de Teresa May, la fea de Angela Merkel, Margaret Thatcher la Dama de Hierro, Hillary Clinton, Dilma Roussef las corruptas, Cristina la Yegua.
Como dice Foucault, el diagnóstico político de la locura es otra forma de ejercicio del poder y en lo que a este planteamiento que hago concierne, es una de las formas más perversas con las que el patriarcado pretende la anulación y el descarte de la mujer.
Desde la creación de la categoría clínica de la histeria atribuida a la mujer y en su tiempo “tratada” desde una aproximación biologicista con prácticas de estimulación genital o “curada” a través de la esterilización y la eliminación de los centros productores de las hormonas causantes de su femineidad con métodos tan violentos como la radiación o el tratamiento del centro productor de ideas y pulsiones a través de los electrochoques o la lobotomía. A la fecha, las enfermedades mentales como la depresión o la ansiedad o el síndrome de estrés postraumático son más comúnmente tratadas en mujeres que en hombres quizá porque la mujer es más consciente de su condición y la asume con naturalidad, mientras que para muchos hombres continúan siendo padecimientos propios del -otra vez-, sexo débil y aceptarlo vulnera la idea socialmente construida de la virilidad (INM, s/f).
En las universidades liberales de Estados Unidos, sobre todo entre las jóvenes millennials blancas, entendiendo el término blanco como un elemento de poder, más que económico, político: blancas anglosajonas, auto definidas como privilegiadas, se encuentran varias posturas no necesariamente feministas u ortodoxas con respecto a la condición de la mujer.
Por un lado están quienes -defendiendo el respeto inviolable a las distintas culturas- asumen una posición de no intervención con respecto a los abusos que se cometen contra niñas y mujeres en países a los que en el fondo consideran salvajes, abusos que resultarían inconcebibles dentro de su propio país, mejor dicho mundo, pues incluso la vida cotidiana de las mujeres de color, concepto que engloba a todas las que no son anglosajonas sin distingo del tono de piel o del color de ojos, es sujeto de “no intervención”.
Esta visión sustentada en el más radical de los liberalismos, se desentiende de su visión crítica de la sociedad y del feminismo interseccional. Para ellas, la mutilación de los genitales femeninos en algunos países africanos; el aislamiento de las chicas en su periodo de menstruación que las expone a toda clase de peligros en Nepal; los matrimonios forzados entre niñas y adultos en algunas comunidades del Sur de México y Centroamérica; el linchamiento y asesinato de las chicas que osan casarse con alguien ajeno a su etnia en Pakistán; la sujeción de las mujeres a la voluntad del padre, el hermano, el esposo, el suegro o el cuñado en algunos países musulmanes; la esclavitud por parte de la familia política de la que son víctimas las jóvenes esposas obligadas a vivir en la casa familiar del esposo en la India o en otros países asiáticos, les resultan ininteligibles. Como parte de la cultura de esos países, por lo que ellas, desde su privilegio, no deben cuestionar ni intervenir en su defensa.
Sucede lo mismo con respecto a la realidad de las mujeres que forman parte de las minorías de su país, incluso de la de sus propias compañeras pertenecientes a esos grupos. El hecho de que las mujeres negras sean discriminadas por el tono oscuro de piel dentro de sus propias comunidades y reduzca en más de 70% sus oportunidades de tener una pareja, dentro de una demográfica en la que solo el 30% ha sido criado por una madre y un padre y menos del 50% se casa, de que sean obligadas a domar sus cabelleras rizadas o usar pelucas para verse “profesionales” y tener un trabajo en su mundo (Census Bureau, 2017), no conmueve ni un poco la conciencia, de muchas de estas jóvenes blancas “eso es normal para ellas, las de color”.
Eso sí, son las primeras en denunciar con fiereza la apropiación cultural y en ese sentido las vemos defender el emburkamiento aduciendo que protege a las musulmanas y las hace sentir más cómodas, son las primeras también en denunciar el llamado body shaming contra las personas obesas. Lo suyo es la defensa del veganismo, la crítica a los anglosajones conservadores, incultos y religiosos de los estados del centro y del Sur; la defensa del lenguaje políticamente correcto y de la equidad resguardada con celo en las aulas universitarias o en el mundo del trabajo; hacer suyas algunas banderas liberales del feminismo como la defensa del matrimonio igualitario, la legalización del aborto y la elección del género.
Por otro lado encontramos los grupos empáticos con los avatares, las injusticias y las luchas de las mujeres que forman parte de las minorías e incluso encabezan protestas, firma de desplegados y cartas a la ONU, o a Amnistía Internacional, hacen colectas para apoyar las luchas y proyectos emancipadores, denuncian las múltiples violencias y micro agresiones que se viven a diario, desde el lenguaje, la inequidad de oportunidades laborales y de salario, la desigual carga en el cuidado de los mayores, de los niños y de las actividades de la economía doméstica, el sobre precio que se tiene que pagar por los mismos artículos pero dedicados al uso de las mujeres y los estereotipos de la mujer profesional, así mismo visibilizan el racismo, la segregación y la discriminación de las mujeres en lo general pero también hacen propias las injusticias maximizadas que sufren todas las mujeres del mundo en su condición de mujer.
A raíz del escándalo machista que rodea a Trump -que se hizo público durante la campaña presidencial- y que lo retrata como un depredador sexual y misógino que ve a la mujer como un objeto de ornato, mismo que -como un rolex o un Audemars Piquet, un traje hecho a medida en Saville Row, una pluma Cartier o Mont Blanc, un Bentley o un Maserati- confiere prestigio, estatus, virilidad, éxito.
El feminismo por mucho tiempo acotado a los espacios de la academia, de los debates en el Congreso, de las distintas cortes que componen el sistema judicial en las repúblicas democráticas, de los sindicatos, de los organismos no gubernamentales y de la sociedad civil organizada, sale a las calles, hace suya la protesta. Saca a las feministas de los años sesenta y setenta de la comodidad de su cubículo, del aula, de las direcciones editoriales de periódicos, revistas y libros y convocan a la Gran Marcha de las Mujeres en E.U. que es replicada en distintas capitales del mundo y que dio cuenta no solo del hartazgo transgeneracional, multi racial, multicultural, meta estrato social, sino de la fuerza de sus voces, de su capacidad para hacer suyos los reclamos de la condición femenina en el ejercicio de la interseccionalidad y las prácticas emancipatorias.
Fue una denuncia clara y contundente a los mecanismos con que opera el patriarcado y a la normalización de sus prácticas abusivas, discriminatorias, violatorias de la legislación en materia laboral y penal en la forma de acoso moral y sexual, de estupro e incluso de la violación marital, asumidas como parte de las vicisitudes de la condición de ser mujer en la vida cotidiana.
Una de las aportaciones de esta Gran Marcha fue la visualización del empoderamiento de las mujeres, la creación y fortalecimiento de la identidad de género, el surgimiento de movimientos emancipatorios en otras partes del mundo, como el iniciado por las mujeres en algunos países musulmanes para quitarse el hijab en público en señal de protesta, sirvió también para atraer la solidaridad de otros grupos periféricos con respecto a sus luchas y la atención global al grave problema del feminicidio, que en nuestros países adquiere proporciones alarmantes y una saña y violencia verdaderamente monstruosa y al acoso y abuso sexual tan frecuentes que parecieran generalizados1.
Como ya se señaló, todo resultó en un empoderamiento de las mujeres y su capacidad de denuncia y de acceso a los medios masivos de comunicación, que lleva a la discusión pública la problemática antes relegada a los espacios tradicionales y de difusión limitada dando vida al movimiento panamericano de Ni una menos y sus demoledoras denuncias: nos están matando.
Considero que estamos ante un fenómeno fascinante entre otras cosas por el protagonismo de actores sociales muchas veces considerados privilegiados, frívolos y apolíticos, como es el caso del mundo de la actuación, la música, el modelaje, la danza y los deportes.
El movimiento Me Too, iniciado como valiente denuncia del abuso sexual naturalizado como práctica en Hollywood y que llevó a la ruina a personajes hasta entonces considerados intocables como el productor Harvey Weinstein (BBC News, 2020), destapó las prácticas vejatorias y de abuso de poder en los diferentes ámbitos y subculturas incluidos el académico, el científico y el religioso y es pieza clave en la difusión y globalización de los movimientos feministas.
Esta visibilización y socialización ha traído a discusión temas que tenían que haberse abordado desde hace tiempo y que han puesto al descubierto profundas diferencias conceptuales y de praxis política entre los feminismos, que han adquirido diversas expresiones, algunas de las cuales consideradas radicales sobre todo por las feministas “tradicionales” o “institucionalizadas” -muchas veces colocadas en el pedestal social y académico- a quienes se acusa de actuar y pensar desde su condición privilegiada de mujer educada de clase media alta y conforme con los avances hasta ahora logrados en materia política y civil (Lamas, 2015; Sosa, 2021).
La cultura de la cancelación
Dentro de las expresiones de lo que algunos consideran “radicalismo” se encuentra la cultura de la cancelación que consiste en la cancelación total de personajes acusados de prácticas de poder patriarcal como el acoso y el abuso sexual, incluyendo en éstos los usos considerados parte del ritual de seducción, común a otras especies animales, como el piropo, las flores y los llamados o textos insistentes; pero también la misoginia en el lenguaje, en las costumbres antes consideradas caballerosas como ceder el asiento, abrir la puerta, ofrecer el saco, pagar la cuenta o cargar objetos pesados, e incluso los gustos y hábitos de consumo tales como la preferencia por pintores o músicos varones o colores considerados masculinos o los autos poderosos. Muchas de estas prácticas consideradas por los hombres como parte de la expresión de su masculinidad.
La cancelación es la imposibilidad de redención del “condenado” -muchas veces culpable- y culpado públicamente en un juicio que podría calificarse de sumario, sin posibilidad de defensa y que en ocasiones adquiere características de linchamiento. Es la eliminación ontológica del acusado. No será más, aunque respire, sus obras serán condenadas también, como sucedió con el llamado arte “degenerado” del terrible periodo del nazismo (Vich, 2020).
Peter Martins, el célebre director del New york City Ballet quien le dio forma a esta institución por más de 30 años se retira tras acusaciones de acoso sexual y abuso verbal (Torres, 2018). Ante la seriedad de estas acusaciones se formó un comité de investigación externo que después de entrevistar a decenas de estudiantes, bailarines y bailarinas, coreógrafos, empleados que trabajaron junto a él en ese periodo, encontró infundadas las acusaciones. A pesar de estas acciones y de muchas muestras de solidaridad del mundo de la danza, al inicio de la investigación decidió retirarse con una carta llena de amargura. La realidad es que fue y se sabía cancelado. Sin posibilidad de seguir existiendo.
El primer actor australiano Geoffrey Rush que enfrentó acusaciones similares en un juicio que se llevó a cabo en la corte de su país y que no sólo lo declaró inocente, sino que le concedió una cuantiosa indemnización por difamación (indemnización que no había sido solicitada por él), quedó devastado y cancelado, en palabras de su esposa: Él lloró y dijo: acaban de destruir todo lo que he tratado de hacer en mi vida, entonces me abrazó y sollozó. Vi a un hombre tan alterado y cambiado, sus ojos hundidos, temiendo angustiado que sus hijos dejaran de quererlo y creyeran las acusaciones, mi esposo se ha retirado no solo de la actuación sino del mundo (AP News, 2018).
Esa es la cultura de la cancelación.
Las acusaciones que hizo la prensa se basaron en el relato de una coprotagonista que dijo que mientras actuaba en la puesta en escena de El Rey Lear, al abrazarla mientras yacía, la miró en el torso y se mojó los labios con la lengua.
Mario Testino, uno de los fotógrafos de moda más innovadores y reconocidos, fue acusado de fotografiar desnudos a los modelos y manipularlos para las poses durante la campaña de gran carga sexual que hizo Tom Ford para Gucci (Bernstein, Schneier & Friedman, 2018). Quedó cancelado, no importando sus contribuciones a la industria de la moda y a la fotografía, ni que aprovechara su fama para hacer un retrato íntimo y etnográfico de la riqueza cultural, la indumentaria, las costumbres de los pueblos originarios y la belleza de su natal Perú y mostrarlo al mundo. Ha sido cancelado junto con sus aportaciones, pero aún más, su cancelación ha transformado para siempre la fotografía de la moda, le ha quitado sensualidad, creatividad y originalidad para volver de nuevo a la fotografía fría, mecánica, neutral, de la prenda en su sentido utilitario, despojándolo de su capacidad semiológica. Al mismo tiempo, reduce a maniquí la personalidad y capacidad interpretativa de las y los modelos.
The National Gallery of Art del Smithsonian canceló la exposición antológica de Chuck Close tras acusaciones de conducta inapropiada (Zachary, 2021); esta cancelación abrió el debate en el mundo del arte respecto a si no solo debería ser cancelada la exposición de la National Gallery sino que además sus cuadros deberían ser removidos de la Tate Modern, del Centro George Pompidou y del Metropolitan Art Museum, entre otros. Cuando leí esto recordé el impactante poema La Ciudad, del poeta griego Constantino Cavafis:
Dices: “Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí”.
No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -NO LA HAY-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra (PROCLAMA, 2022).
No hay posibilidad de redención ni aun cuando se lleve a tribunales y seas declarado inocente. Como no la había para las mujeres que fueron acusadas de herejía durante la santa inquisición.
El impacto de la cancelación de la exposición de Close, quien por cierto murió un año después, abre la puerta a discusiones que pueden resultar muy peligrosas y definitorias para el mundo del arte.
Si aplicamos esta cultura de la cancelación de manera retroactiva, aun después de la muerte, corremos el riesgo de tener que quedarnos casi sin cuadros que colgar en las paredes de los museos: Picasso y su niña de la coleta cancelado por pedófilo, Caravaggio cancelado por violador, Rembrandt y Rodin cancelados por misóginos y por acoso moral, Diego Rivera cancelado por cometer estupro, Jackson Pollock cancelado por ebrio y engañar a su mujer con la amante a la que casi mata el día en que murió, Manuel Rodríguez Lozano por provocar el suicidio de su amante, Amadeo Modigliani por lo mismo, Gaugin cancelado por apropiación cultural. Etc., etc., etc.
Si nos vamos a la literatura mínimo nos quedamos sin Fuentes, sin Paz, sin Cela, sin Salman Rushdie, sin Naipaul, sin James, sin Hemingway, sin Eugine ONeil, sin Fitzgerald, sin Borges, sin Vargas Llosa, sin Kippling. Todos cancelados, unos por misóginos, otros por sátiros, otros por reaccionarios y otros por todo eso y más.
Y lo mismo en las ciencias duras y mejor ni le movemos porque también en la sociología hay muchos libros que tendríamos que comenzar a quemar y a cancelarles las invitaciones a congresos a sus autores. Emblemático el caso de Michel Foucault y su denuncia hace un año (Campbell, 2018; Guesmi, 2021; Miller & Gómez, 2021).
Al inicio de la pandemia de COVID-19 me mudé con mi esposo a la ciudad de Nueva York, en donde ya radicaban mis hijos, entonces estudiantes universitarios, sin saber que en unas semanas se convertiría en el epicentro mundial de la misma. Pude atestiguar junto a casi todo el mundo, la capacidad de liderazgo, la visión de estadista, la vocación democrática, el dominio de la política y de la comunicación con las que el entonces gobernador del estado, Andrew Cuomo, dirigió, basándose en la ciencia, los esfuerzos para el control de la pandemia, no solo en el estado de Nueva York sino en toda la región: Massachussets, New Jersey, Pensilvania, Connecticut.
Nueva York se convirtió en el lugar del mundo en donde se hicieron la mayor cantidad de pruebas de covid, sin costo, en donde se establecieron medidas de confinamiento poco protestadas, en donde se abrieron nuevos hospitales y se instalaron buques hospitales, en donde se estableció como requisito para abrir, que todas las tiendas, restaurantes y gimnasios contaran con purificadores de aire y filtros hepa. En donde se apoyó con hasta seis meses de renta a todo aquel neoyorquino que hubiera reducido sus ingresos en un 30% a consecuencia de la pandemia, en donde se invirtió en un ambicioso programa de infraestructura que incluyó la remodelación del aeropuerto de La Guardia, para dar trabajo a quienes lo habían perdido.
Nueva York se convirtió en ejemplo no solo para E.U. sino para el mundo en el control de la pandemia. Durante todos esos meses CNN transmitió las conferencias del gobernador Cuomo con lo que su estatura política adquirió dimensión no solo nacional sino internacional y la gente comenzó a verlo como un candidato fuerte a la presidencia de E.U. tras el mandato de Biden.
Entonces aparecieron las primeras denuncias de parte de una ex colaboradora de 26 años. No se le acusó de acoso sexual ni moral, sino de haberse interesado en el manejo pos violación de dicha colaboradora. En su defensa el gobernador confesó que una de sus tres hijas de la misma edad que su denunciadora, había sufrido abuso sexual, tras de lo cual tuvieron que tomar muchas terapias como familia y creyó poder ayudar a la chica. Cuando esta manifestó incomodidad, fue cambiada a otra área del gobierno, en otro edificio. Después de esa denuncia hecha en los medios, salieron otras mujeres de distintas edades y posición social a acusar al gobernador de “haberle dicho bella” en público, haberle saludado de beso frente a su esposo en un torneo deportivo. Ninguna lo acusó de violación, de acoso sexual o de utilizar su posición de poder para obtener una cita.
Sus defensores aducían que era un problema cultural debido a su generación y al hecho de ser italiano de padre y madre, comunidad en la que es frecuente el saludo de beso, el tocar el rostro, el piropo. De hecho, en Instagram hay una serie de páginas de seguidoras en las que suben fotografías del gobernador y celebran su supuesto sex appeal. Los demócratas liberales no lo vieron así y el New York Times lanzó una campaña permanente pidiendo su renuncia. El presidente Biden la secundó, aunque después se retractó. El gobernador tuvo que renunciar ante el riesgo de un juicio de impeachment que lo inhabilitaría y acabaría con su carrera.
Recientemente se desecharon todos los cargos y ha comenzado una campaña de rehabilitación moral en los medios patrocinada por un grupo que se denomina “amigos de Cuomo”. Este es un caso especial porque a diferencia de los otros aquí presentados la cancelación al parecer solo se dio de forma parcial. Habrá que esperar a ver cómo se desarrolla esta campaña en el contexto de las próximas elecciones estatales.
Hace un par de años en mi país, México, ocurrió un hecho que causó mucha controversia en torno a esta cultura de la cancelación. Una noche mientras revisaba twitter a deshoras de la madrugada como es mi costumbre, me encontré un mensaje del músico mexicano Armando Vega Gil, bajista de una famosa banda de rock en retiro llamada Botellita de Jerez, en éste publicaba una carta de suicidio desde su cuenta personal tras haber sido señalado anónimamente en un sitio mexicano #MeTooMusica -pero también había Me Too escritores mexicanos, Me Too académicos mexicanos, etc.- sitio en el que se invitaba a las mujeres a hacer acusaciones de acoso o violación a miembros del gremio aunque no estuvieran seguras de que el recuerdo de su experiencia pudiera calificarse como acoso.
En este caso la acusación venía de una chica fan, a quien el músico invitó a su casa junto con su amiga cuando ambas tenían 13 años y aunque dice que nunca la tocó, ni estuvo sola con él, las miradas le parecieron incorrectas y el hecho de que él se ofreciera a tomar la foto del recuerdo con su propia cámara en lugar del celular agravó su incomodidad. Aquí unos fragmentos de la carta en cuestión:
La denuncia que se hace en #MeTooMusicosMexicanos es anónima y quien la lanza a las redes está en todo su derecho de hacerlo así, pero esto pone en entredicho toda mi carrera. Insisto, no ocurrió. Por ello la habría invitado a que habláramos de este asunto, ella con pruebas y testigos y acompañada por asesores y las chicas de #MeTooMusicosMexicanos para que estuviera segura de que no habrían amenazas ni represalias de mi parte. Es correcto que las mujeres alcen la voz para hacer que nuestro mundo podrido cambie. Es un derecho inalienable la denuncia... En fin, es un hecho que perderé mis trabajos, pues todos ellos se construyen sobre mi credibilidad pública. MI VIDA ESTÁ DETENIDA, NO HAY SALIDA. Sé que en redes no tengo manera de abogar por mí, cualquier cosa que diga será usada en mi contra, y esto es una realidad que ha ganado su lugar en el mundo pues las mujeres aplastadas por el miedo y la amenaza son las principales víctimas de nuestro mundo. En esta perspectiva lo que menos deseo es que mi hijo se vea afectado por la falsa acusación que se me hace. Debo aclarar que mi muerte no es una declaración de culpabilidad, todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia; sólo quiero dejar limpio el camino que transite mi hijo en el futuro, su orfandad es una manera terrible de violentarlo pero más vale un final terrible que un terror sin final.
Quiero pedir disculpas a las mujeres que hice sentir incómodas con mis palabras y actitudes, a las que dañé con mis modos machistas. Mi lucha hasta ahora había sido tratar de ser congruente. Esta batalla es complicada pues los hombres, los machos somos criaturas de nuestros tiempos”. (UNIVISIÓN, 2019)
Tenía 64 años.
Los casos anteriores nos llevan a reflexionar en cuáles son los puntos que tienen en común estos personajes cancelados que he puesto de ejemplo, todos tenían entre 64 y 79 años, son producto de su tiempo. Lo que hicieron, la manera en que se relacionaron con las mujeres estuvo mal entonces y está mal ahora, pero quizá no se tenía conciencia de ello porque era parte de esa cultura patriarcal que es urgente combatir.
Debo confesar que para mí como para muchas mujeres de mi generación resulta un tema muy difícil y complejo de abordar, es como si tuviéramos un pie aquí y otro pie allá; para las chicas universitarias es menos complicado, lo tienen claro, hay conductas que son inaceptables y hay que combatirlas, está en juego la vida misma. Para la generación de nuestras madres tampoco es tan difícil, a ellas les tocó abrir camino y han logrado mucho de lo que ahora tenemos; para algunas de ellas, muchas de estas actitudes son parte del cortejo, de la seducción sin la cual la vida amorosa perdería su encanto, sería como sacar volando a Eros de la habitación y así lo dijeron Catherine Deneuve, Marta Lamas o Elena Poniatowska, ahora prácticamente linchadas y a un paso de la cancelación.
Hace un par de años hubo una marcha feminista en México, a raíz de la falta de justicia con respecto a una chica de 17 años violada por cuatro policías que debieron haberla ayudado, pero que utilizaron su poder para violarla y tirarla a la calle.
La marcha convocada por colectivos diversos representaba la voz indignada por el pésimo manejo procesal de la investigación, por reusarse a suspender a los policías y por hacer pública la identidad de la menor. Había más que razones para indignarse. Los monumentos históricos de la capital quedaron como testigos de la fuerza tremenda de las mujeres que salieron a la calle a gritar Ni una más, a obligar a todos a escucharlas, llenaron de diamantina rosa las calles y a algún funcionario capitalino. Fueron acusadas de conservadoras, neoliberales y golpistas por el gobierno que se dice de izquierda y que ha demostrado una falta total de empatía y conocimiento de la realidad que enfrentan las mujeres, todas en un país feminicida.
A manera de conclusiones
Hay muchas reflexiones que se me quedaron atrapadas por falta de espacio ¡Hay tanto que decir! Por ejemplo, me pregunto si las altas tasas de feminicidios, violaciones y acoso están influidas del algún modo por la fragilidad de la masculinidad experimentada por los hombres tras el empoderamiento de la mujer y la falta de recursos, desde la razón, para adaptarse y enfrentar los cambios.
Me pregunto qué deberían hacer los hombres para combatir la masculinidad tóxica, y enfrentar esa fragilidad de su masculinidad que se refleja hasta en cosas tan simples como el hecho de la proliferación de productos exclusivos para los hombres como el JUST for MAN o el desodorante AXXE “solo para hombres”, o los shampoos y cremas de afeitar exclusivas para ellos.
Creo que la apuesta de los feminismos debería ser hacia la interseccionalidad apelando a la solidaridad con y entre los grupos marginados, aquellos que sufren diferentes tipos de opresión que afectan el desarrollo de las personas.
Soy optimista con los profundos cambios culturales que estamos presenciando como resultado de estos movimientos feministas, incluidos tanto los más radicales como los más institucionales o académicos.
Muchos de los varones millennials ya no son los mismos que sus padres, mucho menos los zumers, no soportan la homofobia, aceptan el derecho a la elección del género y de la identidad de género de manera natural; en las universidades se presentan sin problema con el pronombre con el que se identifican, rechazan toda forma de sometimiento hacia sus compañeras de clase o de trabajo a quienes se dan la oportunidad de reconocer y de admirar, trabajan todos los días por desterrar de su lenguaje lo que pueda ofender y vulnerar la seguridad de los otros y por adaptarse a las nuevas formas de masculinidad, de lo femenino y sus roles sociales y combatir su fragilidad.
Muchos de los mayores o boomers han aprendido la dura lección de lo que es incorrecto, de las violencias ejercidas no solo contra las mujeres sino contra ellos mismos, infligidas por sus padres y sus abuelos y la sociedad machista en su conjunto.
La inmensa mayoría de las mujeres hemos aprendido a reconocer los límites de la seducción y a dar voz a nuestras inconformidades, derechos y la defensa de nuestro cuerpo. A que decir NO es un derecho únicamente nuestro.
Las brechas generacionales y los lazos de solidaridad también se han fortalecido, hace unos años jamás hubiera imaginado a mi madre marchando un 8 de marzo por primera vez en su vida, diciendo: No es no.
Quiero agradecer aquí a mis hijos y sus amigos, así como a mis estudiantes, que me han ayudado a transitar por estos nuevos rumbos.
Referencias:
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BBC News (2020). Harvey Weinstein: declaran culpable de violación y delito sexual al poderoso exproductor de Hollywood en un caso clave para el movimiento #MeToo. BBC News, Mundo, 24 de febrero de 2020. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51621148
Berstein, J., Schneier, M. & Friedman, V. (2018). Me sentí indefenso’: Modelos acusan a los fotógrafos Mario Testino y Bruce Weber de hostigamiento sexual. The New York Times, 16 de enero de 2018. Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2018/01/16/espanol/mario-testino-bruce-weber-modelos-acoso.html
CEPAL (2019). Solo en 2018 al menos 3.529 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 25 países de América Latina y el Caribe: CEPAL. En: CEPAL. Recuperado de: https://www.cepal.org/es/comunicados/solo-2018-al-menos-3529-mujeres-fueron-victimas-feminicidio-25-paises-america-latina
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1 Al menos 3.529 mujeres fueron asesinadas en 2018 por razones de género en 25 países de América Latina y el Caribe, según los datos oficiales que recopila anualmente el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2019). Específicamente en México, si se comparan las cifras de feminicidio, entre el 2015 y el 2021, hay un alza de 121.6% en el número de víctimas (El Economista, 2022).