En línea, a distancia o remota, pero no virtual. Apuntes para una educación virtual universitaria de calidad

Online, at distance or remote, but not virtual. Notes for a quality virtual university education

Resumen

Se analizan los antecedentes inmediatos de la educación virtual y cómo a la obligatoriedad, para prácticamente todas las instituciones educativas, de ofrecer sus servicios a través de Internet como consecuencia de la pandemia del COVID-19, se le ha llamado indistintamente en línea, a distancia, remoto o virtual, sin ser esto último. Se presentan algunos de los elementos teórico-metodológicos de la educación virtual, analizando y ejemplificando la distorsión de ese concepto, en muchas de las instituciones educativas, en el contexto de las restricciones por la pandemia. Se presentan y explicitan, algunos de los elementos administrativo-institucionales y docente-metodológicos, que distinguen a la educación virtual, del resto de las modalidades en Internet.

Palabras claves: educación virtual, asincronía, clase virtual, calidad

Abstract

The immediate antecedents of virtual education are analyzed and how the obligation, for practically all educational institutions, to offer their services through the Internet as a result of the COVID-19 pandemic, has been called interchangeably online, at a distance, remote or virtual, without being the latter. Some of the theoretical and methodological elements of virtual education are presented, analyzing and exemplifying the distortion of this concept in many of the educational institutions, in the context of the restrictions due to the pandemic. Some of the administrative-institutional and teaching-methodological elements that distinguish virtual education from the rest of the modalities on the Internet, are presented and made explicit.

Key Words: virtual education, asynchrony, virtual classroom, quality

Introducción

Es harto conocido el hecho de que los convulsos acontecimientos mundiales del año 2020 e inicios del 2021, “liderados” por la Pandemia del COVID 19, han convulsionado también al sector de la educación, en su totalidad.

La emergencia sanitaria provocó el cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En mayo de 2020 más de 1.200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza, en todo el mundo, habían dejado de tener clases presenciales en la escuela. De ellos, más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe (Comisión Económica Para América Latina <CEPAL>, 2020).

El cierre de las instalaciones físicas de escuelas y universidades, que ha caracterizado el mencionado periodo, amenaza con prolongarse. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), aún hay 137 millones de menores en América Latina y el Caribe que no pueden ir a la escuela y el porcentaje de los que no reciben ninguna forma de educación en la región se ha disparado drásticamente, del 4% al 18% en los últimos meses. Del mismo modo, las proyecciones de la ONU indican que la COVID-19 podría provocar que dejen de asistir a la escuela hasta tres millones de niños más en América Latina y el Caribe (ONU, 2020).

En ese contexto, prácticamente todas las instituciones educativas han acudido a las tecnologías en Internet y adecuado su quehacer a ese escenario. A dicha modalidad se le ha llamado indistintamente: remota, a distancia, en línea y/o virtual.

La propia CEPAL (2020), ha planteado que en la mayoría de los países de América Latina (29 de los 33) se han establecido esas formas de continuidad de los estudios en las mencionadas modalidades. Entre ellos, 26 países implementaron formas de aprendizaje por Internet y 24 establecieron estrategias de aprendizaje a distancia en modalidades fuera de línea, incluidos 22 países en que se ofrece aprendizaje a distancia en ambas modalidades (fuera de línea y en línea), cuatro que cuentan con modalidades exclusivamente en línea y dos con modalidades solo fuera de línea. Entre las modalidades de aprendizaje a distancia en línea destaca el uso de plataformas virtuales de aprendizaje asincrónico, utilizadas en 18 países, en tanto que solo cuatro países ofrecen clases en vivo (Bahamas, Costa Rica, Ecuador y Panamá). A su vez, entre las formas de aprendizaje a la distancia fuera de línea, 23 países realizan transmisiones de programas educativos por medios de comunicación tradicionales como la radio o la televisión.

Aunque no ha sido la Pandemia del COVID 19, el motivo de la creación y desarrollo de las modalidades educativas no presenciales, sí las ha masificado y, sobre todo, difundido ampliamente, como parte de esa masificación.

El presente artículo se propone fundamentar el por qué la mayoría de las modalidades, obligatoriamente implementadas por las instituciones educativas, como consecuencia de la crisis sanitaria, no deben ser denominadas virtuales y presentar algunos de los requerimientos metodológicos y administrativos, que garanticen una verdadera educación virtual universitaria y, además, de calidad.

Antecedentes

La reflexión pedagógica sobre nuevas maneras de entender la educación no es muy reciente. Sin embargo, la demanda de cambio por parte de la sociedad y de los agentes educativos se ha ido haciendo cada vez más explícita durante los últimos años. No obstante, la posibilidad de llevar a cabo experiencias formativas que supongan una transformación de los actuales modelos es una tarea difícil, y lo es más el consolidarlas. Las condiciones del contexto educativo general durante las últimas dos décadas han sido poco favorables para que se pudiera producir un cambio lo bastante generalizado y profundo como para transformar las viejas estructuras (Mas y Lara, 2011).

Desde hace varias décadas muchas universidades ofrecen lo que se denomina aún, educación a distancia. En sus inicios y durante muchos años, ha consistido en entregar a los estudiantes, previa matrícula en un programa universitario, guías y otros materiales para el estudio independiente. Esos estudiantes se presentan a exámenes en los periodos establecidos por la universidad y así van venciendo cursos y etapas, al ritmo más conveniente para cada cual, hasta alcanzar el grado universitario que matricularon.

Como es conocido, Internet ha ido evolucionando exponencialmente y copando cada una de las esferas sociales. La educación no ha sido la excepción, sino todo lo contrario, es una de las áreas más impactadas y transformadas por Internet.

Con la “masificación1” de Internet, a finales de los años 90 del siglo XX e inicios del siglo XXI, se comenzó a ofrecer la educación a distancia (a veces de manera literal, otras no tanto), en la red de redes y, también, se le adicionó la denominación “en línea” (online, en inglés), sin renunciar al nombre original: educación a distancia.

Muy pronto la educación en línea incorporó elementos novedosos que no incluía la educación a distancia tradicional, donde dos de los más importantes fueron: la consulta de recursos educativos en esa modalidad (con la presencia cada vez más creciente de materiales audiovisuales) y la realización de exámenes, también en línea.

A nivel universitario, primero fueron algunos cursos, después algunas carreras, más adelante algunas áreas universitarias y, por último, universidades completamente a distancia/en línea.

Aunque desde su incorporación a Internet se trató de dotar a la educación a distancia de elementos distintivos, fundamentalmente con el fin de atenuar sus evidentes desventajas con respecto a la educación presencial, sobre todo en la comunicación entre estudiantes y entre estudiantes y profesores; en la mayoría de los casos se reprodujeron (o al menos se intentó hacerlo, sin proponérselo) las formas de interacción/relaciones, provenientes de la educación presencial.

Particularidades en América Latina

América Latina es muy heterogénea y diferenciada en la educación a distancia (EaD). Desde países con bajo o nulo desarrollo hasta países con sistemas de educación con alta presencia de esa modalidad, son parte del ecosistema educativo regional. Desde países con un peso destacado de universidades a distancia especializadas, a países donde esa tipología institucional no existe. El modelo tradicional de educación a distancia caracterizado por formatos semipresenciales, llamadas de primera y segunda generación por estar apoyadas en libros de texto o en la radio o televisión, fue el eje de la expansión de esta educación llamada “blended learning” o semivirtual, que constituyó una transformación de los modelos semipresenciales a través de la incorporación de componentes virtuales tales como plataformas, recursos de aprendizaje digitales y tutores virtuales. Al mismo tiempo y con creciente intensidad, se expandió una oferta de educación totalmente virtual o en línea que ha marcado el panorama de la educación a distancia desde fines de la década pasada y que ha caracterizado el escenario dominante actual en la presente década, en los sistemas universitarios en América Latina. (Rama, 2016).

No obstante, existen aspectos estructurales que deben ser considerados al analizar cuan efectivas pueden ser las respuestas educativas basadas en la oferta de contenidos en línea o en clases virtuales. Dentro de toda esa infraestructura y conectividad se encuentran las desigualdades de acceso a la Internet, requisito indispensable para cualquier estrategia de educación en línea. Hasta 2016, menos de la mitad de los hogares latinoamericanos estaban conectados a la red mundial de computadoras, según datos de la CEPAL. Si consideramos los contextos nacionales, países como El Salvador y Nicaragua seguían con menos del 20% de sus domicilios conectados en 2017. El avance del acceso a las redes móviles seguramente influye en este escenario, pero en muchos casos se da por medio de planes de datos limitados que no permiten la descarga de archivos o videos de manera libre (Venturini, 2020).

Cada cambio, desafíos y tendencias de internacionalización de las Instituciones de Educación Superior en Latinoamérica impone una constante búsqueda de nuevas técnicas, metodologías y modalidades. La educación a distancia tendrá día a día un papel más protagónico; lo que debiese conllevar a cuidar que la masificación no afecte su calidad, como ya ha ocurrido en algunos países. “Hay un aumento de la demanda por Educación a Distancia internacional por la carencia de diversidad disciplinaria a nivel de las ofertas locales en casi toda la Región” (Rama, 2012, citado por Valdés y Ganga-Contreras, 2020).

El salto a la virtualidad

Con el desarrollo de la modalidad a distancia totalmente en Internet, la maximización de sus ventajas y los intentos por minimizar sus desventajas, se incorporó el concepto de virtualidad, que interpretado en su acepción más básica, intenta si no reemplazar con efectividad, al menos reducir casi hasta la desaparición, las desventajas de la modalidad a distancia/en línea, con respecto a la presencial.

Yong (2017), nos presenta lo que denomina un paralelo, entre las modalidades de educación a distancia tradicional y virtual:

Educación a distancia tradicional

Educación a distancia virtual

Espacio

Desde cualquier espacio físico

Aula de clase virtual

Tiempo

Indeterminado

Indeterminado

Comunicación

Correspondencia, radio, televisión, teléfono – limitada

Foros, chat, mensajería virtual, correo electrónico – fluida

Maestro

Enseña – encuentros presenciales

Orienta –tutorías virtuales

Estudiante

Guiado – pasivo

Autónomo – activo

Contenidos

Material impreso – secuencial

Material electrónico – interactivo

Centrado en

La enseñanza

El aprendizaje

Se considera importante destacar que, por lo general, no existe un consenso en la literatura a la hora de definir educación a distancia, educación en línea y/o educación virtual. Con frecuencia se utilizan indistintamente los tres términos y, también con frecuencia, se le añade el anglófono e-learning, a tono con todas las “e” (electronic, en inglés) que Internet nos ha obsequiado y que permean cada esfera de nuestras vidas.

En opinión de este autor, el concepto educación virtual establece una diferencia significativa con respecto a educación a distancia y educación en línea (sin excluirlos), y es que nos dice algo así como: “aquí hay un proceso docente, con todas las de la ley, sin nada que envidiarle a la educación presencial, con muchas diferencias, con algunas semejanzas, con muchas ventajas, con muy pocas desventajas, totalmente y por primera vez, paralelo a la educación presencial y con su identidad muy bien establecida”.

La enciclopedia colaborativa en red EcuRed (s.f), la define como “una estrategia educativa que facilita el manejo de la información y que permite la aplicación de nuevos métodos pedagógicos enfocados al desarrollo de aprendizajes significativos, los cuales están centrados en el estudiante y en la participación activa. Permite superar la calidad de los recursos presenciales, se ajusta al horario personal de los estudiantes y facilita la interacción continua entre compañeros y el docente por medio virtual”.

Por su parte Nieto (2012) plantea que la Educación Virtual nos ofrece, actualmente, un océano de posibilidades para el logro no solo de las tan discutidas metas del milenio sino, también, para armonizar y poner en juego la verdadera unidad en la diversidad, propia del ser humano, a través de infinidad de procesos cognitivos, reales, simbólicos y virtuales. Pues, si toda experiencia humana es, por definición, enseñanza y aprendizaje, construcción y deconstrucción de conocimientos, entonces, hablamos de que, virtualmente, toda ella es educación, de manera generalizada. Por lo tanto, la virtualidad de la educación se convierte, en el amplio potencial que muestra la Educación Virtual en estos, sus inicios.

¿Qué ofrece la educación virtual, tangiblemente comprobable, que la diferencia significativamente de la educación a distancia y la educación en línea, (reiterando que sin excluirlas) y que la sitúa en paralelo con la educación presencial?

Entre los elementos que le dan identidad a la educación virtual, distinguiéndola claramente de la educación a distancia, la educación en línea y, por supuesto, la educación presencial, se encuentran, aunque no únicamente, los siguientes:

Como toda modalidad, metodología o estrategia (y la educación virtual tiene mucho de las tres), hay una serie de elementos que, de conjunto y/o paralelamente con los que conforman la identidad, la caracterizan. La ya citada enciclopedia colaborativa en red EcuRed (s.f.) presenta, entre las características reconocidas de la educación virtual, las siguientes:

La distorsión del concepto educación virtual

En los últimos tiempos, ante la imperiosa necesidad de trasladarse hacia Internet, muchas de las instituciones educativas han denominado indistintamente a distancia, en línea, virtual y/o remotos, a sus procesos docente-administrativos, fundamentalmente a las clases, propiamente dichas.

Lo anterior no tendría mayores implicaciones si no fuera porque se está posicionando la idea de que a prácticamente cualquier actividad docente que se realice a través de Internet se le puede llamar virtual y se pudiera arraigar de tal manera, que a muchas instituciones no les interese el rigor, ni los requisitos que implica esa virtualidad y se acostumbren a convivir docente y administrativamente en Internet, con sólo unos pocos elementos de los que en realidad deben constituir esa virtualidad.

Que un turno de clases de los que normalmente se desarrollaban presencialmente (por ejemplo, de 8:00 a 9:30 a.m.), en una aula del edificio de la escuela o universidad, se realice ahora a través de Internet, en el mismo horario, en cualquier plataforma de comunicación de las que la institución tiene a su disposición, con la obligatoriedad de asistencia para los estudiantes, con el docente conduciendo y estableciendo todo lo que va a suceder en esa hora y media, sin prácticamente ninguna actividad extra clase posterior o en el mejor de los casos, con más o menos las mismas que se hubieran orientado en la clase presencial, no es educación virtual. Es más, en opinión de este autor sigue siendo presencial, aunque remota.

Como mismo se ha criticado duramente al conductismo en la academia, como metodología pedagógica y al menos en teoría, casi nadie se atreve a suscribirlo, aunque en la práctica muchos, muchísimos procesos docentes aún lo son; tampoco se debería asumir como virtual, lo que no lo es.

Es cierto que la Educación Virtual comparte muchas de las características de la Educación a Distancia, aunque también se distingue de ésta en la total virtualidad de los espacios en que se desarrolla; lo cual plantea, tanto la oportunidad de generar aprendizajes colaborativos, como los retos de reducir la distancia de los actores del proceso educativo y la creación efectiva de Entornos Virtuales de Aprendizaje (Mata, 2020).

Incursionar, o no, en la educación virtual, es un derecho que tienen todas las instituciones educativas. Hacerlo realmente virtual, si así se pretende, es una obligación para con los estudiantes, con el desarrollo de la pedagogía a través de Internet y con el futuro; y no por puritanismo tecnológico, ni mucho menos metodológico, sino por legítima preocupación por la calidad de esos procesos.

La virtualidad de un proceso docente no la definen solamente, ni siquiera mayoritariamente, elementos tecnológicos, sino la integración de esas tecnologías con lo metodológicamente adecuado para ese proceso, en esa institución, en ese momento y, fundamentalmente, para los estudiantes, quienes son los destinatarios, la razón de ser, de dicho proceso.

Con frecuencia se puede ver/escuchar a profesores que ejercen la docencia en cursos y/o programas totalmente virtuales, o a algunos que se han visto obligados a incursionar en la modalidad por disímiles motivos, referirse al encuentro sincrónico con los estudiantes, como “la clase”; algo más o menos similar a cuando se le llama virtual a una clase presencial remota. Es precisamente en ese aspecto, donde se encuentra uno de los rasgos distintivos de la educación virtual. Si como se mencionó anteriormente y está demostrado, lo asincrónico es quizás el rasgo más distintivo de esta modalidad, ¿por qué llamarle “clase” a únicamente los encuentros sincrónicos, que son ampliamente minoritarios y no solamente por la cantidad de tiempo que se les dedica, sino también por la importancia que revisten en el proceso.

En la misma línea de reflexión Bonfill (2020) plantea que “lo que se está haciendo mayoritariamente en este contexto de Covid-19 no es educación a distancia ni virtual, sino en todo caso educación con uso de tecnologías. Todos lo sabemos. De manera urgente, forzada e intempestiva, las instituciones educativas debieron reconvertirse. No tuvieron opción. No pudieron elegir cómo, ni cuándo. Fue inmediato. Y en todos los casos con uso de tecnologías. Tampoco pudieron elegir ni los estudiantes, ni los docentes. Y esta realidad ha hecho que se esté pagando un alto precio, traducido en estrés y en horas infinitas, por ejemplo, para preparar una clase con tecnología o para entender el funcionamiento de una videoconferencia y la dinámica de comunicación a través de ella”.

Severin (2020) critica al Ministerio de Educación de Chile, planteando que equipara la educación remota de emergencia con la educación virtual y dejando claro que la virtual tiene una larga tradición y un rico desarrollo reciente en muchos lugares del mundo, con plataformas de aprendizaje cada vez más potentes, sencillas y amigables, y ejercicios de diseño instruccional cada vez más sofisticados y ricos en medios y lenguajes. Pero no es educación virtual lo que están haciendo la mayoría de las escuelas, es educación remota de emergencia.

El collage de imágenes siguientes (Figura 1) es el resultado de una búsqueda en Internet, sobre educación virtual:

Figura 1. Resultado de imágenes recuperadas, en primera instancia, como resultado de una búsqueda en Google, sobre el término educación virtual.

Fuente: (Impactotic, 2020; Universia, 2020; Tribiño, C. Y., 2020; Arcega, A., 2020; Chairez, V., 2020; Cacciavillani, M., 2020).

Todas las imágenes evidencian sincronía, algo totalmente minoritario en la verdadera clase virtual. Y no se trata de que esté incorrecto, lo que sucede en esos escenarios que las imágenes describen. No lo está, porque es el reflejo de un proceso docente que desde hace bastante tiempo sucede todos los días, en casi todas las instituciones educativas. Lo incorrecto es llamarle virtual, cuando evidentemente es presencial remoto.

La clase virtual es, para este autor, la integración metodológicamente funcional de materiales (textuales, gráficos, audiovisuales, etc.), calendarios, orientaciones, ejercicios, rúbricas, evaluaciones, interacciones, construcciones, etc.; en una plataforma virtual.

Educación virtual versus presencial y otras modalidades en Internet. ¿Qué hacer diferente?

La planificación y desarrollo de la educación virtual no debe ser espontánea, ni mucho menos anárquica. Las potenciales desventajas de esta modalidad con respecto a la presencial, se deben y pueden atenuar, y hasta minimizar al punto de casi eliminarlas, con una rigurosa planificación del proceso y un no menos riguroso monitoreo de su desarrollo. Las instituciones educativas y particularmente sus directivos y docentes, en tanto responsables de esos procesos, deben garantizar, no únicamente, los siguientes aspectos:

En lo administrativo-institucional:

En lo docente-metodológico:

Conclusiones

Desde hace no pocos años se reflexiona acerca del nuevo rol del docente y con frecuencia se escucha o lee el término facilitador, aunque en la práctica de la profesión, todavía muy conductista, en muchos escenarios se sigue ofreciendo el mismo tipo de clase que 100 años atrás.

Con respecto al nuevo rol del docente virtual (y no sólo el de esa modalidad), Bautista (2011) plantea que la función fundamental del profesorado es diseñar las actividades y espacios en los que éstas deberán desarrollarse. La metodología debe contemplar un entorno rico y a la vez debe supervisar y ayudar a definir bien los objetivos y las competencias que se pretende que los estudiantes adquieran. Es especialmente importante la evolución de las plataformas durante los últimos años, junto con el progresivo desarrollo de los dispositivos y las aplicaciones, lo que ha provocado un replanteamiento de las competencias y las tareas que deben asumir los docentes. El profesor no es un transmisor de contenidos, sino un diseñador de espacios de aprendizaje. El papel del profesor será el de ayudar y acompañar la preparación (exploración, diseño, elaboración, etc.) de los estudiantes. Las acciones que el estudiante debe realizar se relacionan con la adquisición de competencias generales y fundamentales para cualquier ámbito de conocimiento y/o estudio.

En el mismo sentido Buxarrais y Ovide (2011) al referirse a los nuevos escenarios virtuales, plantean que son conscientes de que los cambios que se avecinan requieren una reorganización en muchos aspectos: en la formación del profesorado, en sus condiciones de trabajo, en la organización del centro de trabajo, en la potenciación del trabajo autónomo de los estudiantes, en una educación sin tiempo y espacio determinado, entre otros. Sin embargo, teniendo en cuenta que la inversión es básicamente de capital humano en el aprendizaje de una manera distinta de trabajar, enseñar, aprender y relacionarse con la sociedad, consideran que hay argumentos sólidos que apoyan la propuesta teórica y sus resultados positivos en todos los agentes involucrados en el proceso educativo.

Las concepciones pedagógicas, tecnológicas, económicas, y también las expectativas sociales en torno a la vida cotidiana de los estudiantes de hoy, están en proceso de transformación e influyen en su situación. Aunque, en ocasiones, los estudiantes universitarios son una ausencia destacada en el discurso institucional y aunque, a veces, la formación se diseña para ellos, pero sin ellos, todo el mundo reconoce que el estudiante es, o al menos debe ser, el protagonista. Nuestro estudiante virtual, como tantos otros, está experimentando los cambios que el paso de una sociedad postindustrial a una sociedad en red está originando en muchos ámbitos, con rasgos de un tipo de sociedad combinados con rasgos de la otra. Uno de estos cambios es la creciente necesidad de formarse continuamente, y no tan sólo en las primeras etapas formativas, como estaba tradicionalmente establecido. En el ámbito educativo, un acontecimiento a destacar es el desplazamiento hacia la centralidad del estudiante y de las actividades. En ese sentido, los entornos virtuales se convierten en el escenario de aprendizaje que puede hacer posible la centralidad del estudiante y de lo que hace. En torno a dicha centralidad giran los demás elementos y participantes de la educación: el docente, los recursos de aprendizaje, la tecnología y la institución (Sancho y Borges, 2011).

El cambio de modalidades educativas o la integración de algunas de ellas, en el quehacer de las universidades y otras instituciones del sector, debe ser cuidadosamente diseñado y ejecutado. La calidad del proceso docente depende ello y, sobre todo, el resultado final: una excelente educación integral de los ciudadanos de hoy y de mañana. Todo ello comienza por comprender y denominar al pan, pan y al vino, vino.

Referencias

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1 El término masificación para referirnos a Internet, todavía hoy constituye un eufemismo, pues una parte importante de la población mundial y, particularmente latinoamericana, aún no tiene acceso o lo tiene de manera muy limitada.

2 Pasivos: los que “consumen” los estudiantes, disponibles en las plataformas de Internet, orientados por el docente o como resultado de sus búsquedas de información.

Activos: los que crean los propios estudiantes, como parte de ejercicios evaluativos y otras actividades del proceso docente.