Formarse y volver: creencias y narrativas de experiencias migratorias de investigadores en ciencias sociales del CONICET de tres grupos etarios
Training and returning: beliefs and narratives about migratory experiences of CONICET researchers in social sciences of three age groups
Melania Stehli. melaniastehli@gmail.com
Universidad Nacional del Litoral. Argentina
Recibido: 02/09/2020
Aprobado: 15/10/2020
Resumen
La migración calificada se ha vuelto una práctica generalizada de los procesos de profesionalización que se observan en las trayectorias de académicos y científicos sociales. Interesa analizar las creencias y narrativas acerca de experiencias migratorias de investigadores en ciencias sociales del CONICET de tres grupos etarios, utilizando una metodología cualitativa. En el estudio, observamos que estos tres grupos se diferencian en los móviles y significados que otorgan a “formarse afuera”. Asimismo, sus posibilidades de inserción institucional durante el retorno al país de origen dependen mayormente de los vínculos académicos previos y de la política en ciencia y tecnología a nivel nacional. La repatriación propicia el regreso de los doctores, pero no necesariamente su inserción en espacios académicos.
Palabras Clave: migración calificada; carreras científicas; narrativas; CONICET; Argentina.
Abstract
Skilled migration has become a widespread practice in the professionalization processes we observed in the careers of academics and social scientists. Here we analyze the narratives about migratory experiences of CONICET researchers in social sciences of three age groups, using a qualitative methodology. In the study, we observed that these three groups differ in the motives and meanings that they give to “training outside”. On the other hand, their possibilities of institutional insertion during the return to the country of origin depend mainly on previous academic ties and on science and technology policy at the national level. Repatriation encourages the return of PhDs, but not necessarily their insertion in academic positions.
Keywords: skilled migration; scientific carreers; narratives; CONICET, Argentina.
Introducción
En Argentina, las trayectorias de formación e inserción en espacios de investigación resultan heterogéneas y dependen de cuestiones tales como la socialización académica de los individuos, las culturas disciplinarias, las dinámicas de reclutamiento profesional y las características de los sistemas públicos de investigación, entre algunos de los principales condicionantes.
Simplificando la cuestión, podemos decir que actualmente los requisitos exigidos para quienes apuntan a conseguir una posición en el sistema científico académico, son las publicaciones indexadas y la posesión de credenciales de posgrado –especialmente de doctorado (Gallardo, 2015; Beigel, 2015).
La formación de los doctores está a cargo de instituciones universitarias, que expiden un título cuando el estudiante ha cumplimentado una serie de requisitos académicos. Así, la diferencia entre realizar el doctorado en Argentina y realizar estudios de posgrado en el extranjero dialoga con otros procesos locales. Por un lado, una progresiva implantación de dinámicas internacionalizadas de producción y circulación de conocimiento (Beigel, 2015)1 y, por otro lado, el aumento progresivo con el tiempo de la oferta y demanda de posgrados (Emiliozzi, 2015; Unzué, 2015; Jeppesen et al., 2016). En conjunto, estos procesos acompañan la trasformación de los patrones de profesionalización del mundo académico nacional.2
Las experiencias de migración calificada tienen una larga data en nuestro país (Oteiza, 1992), especialmente en el mundo científico (García de Fanelli, 2008; Kreimer, 2010), aunque su estudio ha proliferado en los últimos veinte años con el avance de la globalización. En las ciencias sociales, cuyo desarrollo es temporalmente más tardío que otras áreas disciplinarias, se tiene a la formación de posgrado en el extranjero como una forma de profesionalizar la actividad de investigación, habilitando la pregunta por el tipo de procesos migratorios.
La instalación del fenómeno va de la mano de iniciativas de sistematización y análisis. Esto se vuelve problemático tanto por las limitaciones relativas al registro de información -como la no disponibilidad de fuentes-, como por la divergencia conceptual y las lecturas unidireccionales de la que es objeto la dinámica migratoria. El desconocimiento que esta situación provoca en algunos contextos históricos, la convierte en recuero de la “retórica política” (Luchilo, 2011, p. 23).
Por eso, este trabajo se inscribe en las interpretaciones que entienden a la migración como un fenómeno multidimensional cuyas modalidades son policéntricas y multilaterales.3
Aunque no es de interés profundizar en el debate teórico, una de las primeras distinciones que realiza la bibliografía es que migración y movilidad no son sinónimos. En el ámbito de las percepciones, la migración es connotada de forma positiva, al remitir a la dimensión profesional (Luchilo, 2011). Para López (2015), la diferencia es que la movilidad es transitoria y la migración es permanente, en tanto esta última “lleva consigo un cambio de la residencia habitual” (p.187).
En este trabajo, interesa que la movilidad académica se distingue de otros movimientos migratorios por las habilidades, motivaciones e instituciones involucradas. Según los aportes sobre mercados laborales en ciencia de Mahroum (1999), estos desplazamientos geográficos constituyen un tipo de movilidad externa.4
Los tipos de movilidad y los factores que inciden en la duración de las estadías (temporaria o permanente) son dispares, y las implicaciones de la movilidad suponen diferencias para los países involucrados (los países de origen y los países de destino). Kreimer (1998) establece que la emigración puede variar, por un lado, según motivos extra-científicos (como el exilio político o desplazamientos por causas religiosas, étnicas o laborales) o tratarse de migraciones científicas de larga duración, derivadas de estrategias individuales o institucionales que se desarrollan en contextos de internacionalización, como veremos luego en relación con los casos analizados.
En los relatos de carreras de los entrevistados, las políticas públicas y los sistemas públicos de ciencia y técnica juegan un papel central en las entradas y salidas de personas. Los factores de “empuje” y “atracción” de académicos y científicos se relacionan con el tipo de trabajo desempeñado, las condiciones de trabajo y el prestigio institucional de los destinos y las disciplinas buscadas (Mahroum, 1999).
La idea de factores de “empuje” en sustitución del concepto de “expulsión” resulta más oportuno, porque este último matiza el peso de los factores estructurales o “de fuerza mayor” –como las crisis económicas o políticas-. El “empuje” sirve para pensar escenarios donde adquieren importancia las decisiones individuales en orden de “mejorar” la carrera académica o científica.5
En un estudio centrado en los recorridos de formación de investigadores del CONICET (Tabla 1), Gallardo (2015) establece que las ciencias sociales y humanas son el área dentro del CONICET donde existe una mayor presencia de investigadores con doctorados obtenidos en el extranjero. Uno de los principales hallazgos del estudio es que muestra el peso diferencial de la internacionalización según las diversas décadas.
Esto permite suponer que la incidencia de la internacionalización en el posgrado varía según las cohortes bajo análisis y, con ello, varían también los contextos de institucionalización de la migración, los móviles y objetivos, los periodos histórico-políticos y los ciclos de vida a los que corresponde la situación biográfica de los migrantes.
Tabla 1 Investigadores del CONICET de Ciencias Sociales y Humanidades por momento de ingreso y lugar de obtención del doctorado (N=1710)
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Momento de Ingreso |
Argentina |
Exterior |
Sin Doctarado |
Total |
|
Hasta 1989 |
57,90% |
25,80% |
16,40% |
100% |
|
1990-2003 |
68,10% |
27,20% |
4,80% |
100% |
|
2004-2009 |
72,20% |
27,20% |
0,70% |
100% |
|
2010-2013 |
78,40% |
21,60% |
0% |
100% |
Fuente de datos: Osvaldo Gallardo, 2015.
Las transformaciones producidas en la magnitud y la composición de las migraciones desde la década del 90, dan cuenta de un cambio de naturaleza, sumado a una modificación en los patrones de relación de países en desarrollo a países desarrollados, hacia Estados Unidos, pero también España, Francia y Reino Unido (Luchilo, 2011).6
La determinación del lugar de destino, según la bibliografía, se explica por aspectos múltiples tales como la posesión de determinados capitales sociales (redes de relaciones, acceso a la información, recursos disponibles), la trayectoria académica de grado y los rumbos laborales tomados una vez finalizado ese recorrido. También inciden aspectos biográficos y relacionales como predilecciones por determinados destinos o estrategias familiares y de pareja, que condicionan la decisión.
Por lo mencionado, este trabajo busca indagar las creencias y narrativas asociadas a las experiencias migratorias de investigadores de la gran área de ciencias sociales y humanas del CONICET de tres grupos etarios,7 cuyas características profundizaremos en el apartado siguiente.
Algunas cuestiones metodológicas
En este trabajo se utiliza un diseño de investigación flexible, centrado en una metodología cualitativa (Maxwell, 1996) que privilegia los significados intersubjetivos que construyen los individuos sobre los fenómenos sociales.
Por eso, interesa dar cuenta de la presencia de “narrativas públicas” (1994, p. 618),8 que funcionan de marcos de interpretación y repertorios de significados, los cuales explican los eventos y encauzan la acción de los individuos. Además, entrelazan las acciones con discursos públicos e institucionales.
Como se mencionó antes, el trabajo se centra en investigadores de tres grupos etarios. El esquema utilizado retoma el recorte de tres generaciones que proponen Marquina, Yuni y Ferreiro: 1) generación consolidada (50 años o más); 2) generación intermedia (35-50) y 3) generación novel (35 años o menos) (2017, p.1).
En este estudio, la influencia de la pertenencia a una “generación” debe moderarse porque su peso disminuye como variable explicativa en los procesos de retorno y reinserción de los entrevistados, aunque mantiene su fuerza como dimensión que explica los factores de expulsión.
La muestra (Tabla 2) se conforma de 16 casos pertenecientes al grupo consolidado,9 de mayores a 50; 18 casos de investigadores/as entre 35 y 50; y 15 casos de entrevistados de 35 años o menos. Algunos de los noveles (el grupo más joven) tiene 36 años pero su ingreso a CONICET se produce a los 35 años o antes, por lo que se consideró pertinente incluirlos igualmente dentro de este grupo.
Tabla 2. Investigadores del CONICET entrevistados, con título de doctor y lugar de realización del doctorado
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Grupo etario |
N° Casos |
Con doctorado |
En el extranjero |
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Consolidado: 50 años o más |
16 |
16 |
8 |
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Intermedio: 50 a 35 años |
18 |
18 |
5 |
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Novel: 35 o menos |
15 |
15 |
2 |
Fuente: Elaboración propia
En la Tabla 2 se plasman los casos entrevistados de cada grupo etario y se grafica la proporción que ha viajado al exterior para obtener su doctorado dentro de cada grupo. Aunque todos tienen doctorados, los entrevistados más jóvenes presentan menos experiencias de formación de posgrado en el extranjero; mientras que los casos del grupo etario consolidado presentan mayor cantidad de doctorados obtenidos en otros países.
Así, analizamos los significados asociados a la formación en el extranjero y los móviles esgrimidos para migrar; por otro lado, reconstruimos los significados atribuidos al retorno y, en torno a ello, los procesos de inserción en espacios académicos y científicos nacionales, con las particularidades que presenta para las comunidades académicas locales.
La exposición se organiza en dos grandes apartados. Primero, se trabajan los factores de empuje de la migración. Para eso, tratamos el grupo etario consolidado y lo que entendemos como una heterogeneidad de experiencias. Esta diversidad se relaciona con que la formación de posgrado de este grupo se produce en un contexto histórico e institucional donde las trayectorias académicas se encuentran débilmente reguladas, dando lugar a relatos menos estructurados, con la excepción de los discursos en torno al exilio político, como veremos.
Seguidamente, se abordan los grupos etarios intermedio y novel de forma agrupada, porque se comprende que la internacionalización de la educación superior es expresiva de avances en materia de institucionalización de los canales y formatos para el desarrollo de carreras de investigación, lo que produjo similitudes en las experiencias y móviles migratorios de ambos grupos.
En una segunda sección se tratan los relatos y experiencias de los procesos de retorno al país de esos doctores y en sus relatos sobre experiencias de reinserción en las instituciones de educación superior y consejos de investigación. Aquí presentamos a los grupos etarios de forma conjunta, porque hallamos que comparten dificultades comunes en los procesos de reinserción al mundo académico nacional. Dentro de este subtema, referimos a dos experiencias ligadas a programas de política pública para el retorno de migrantes calificados. Finalmente, reflexionamos acerca de los hallazgos obtenidos y presentados a lo largo del trabajo.
Los nombres o datos utilizados que puedan revelar la identidad de los entrevistados se sustituyeron para respetar el anonimato, menos las edades y las Categorías del escalafón de Carrera Investigador Científico en el que están al momento de la entrevista, en adelante usamos “CIC” para simplificar.
Formarse afuera para los “más grandes”: la diversidad de experiencias migratorias del grupo etario consolidado
Comenzar con el grupo etario (consolidado) permite acceder a lo que entendemos como relatos de experiencias migratorias heterogéneas. En los discursos esto se expresa en diversas cuestiones. Por un lado, en la debilidad de lo que podemos denominar planes de carrera; en segundo lugar, en una injerencia mayor de factores contextuales no asociados a la formación en la justificación para migrar, como el exilio político. Y, por último, en una menor presencia de marcos institucionales que canalicen la migración calificada.
Para los entrevistados de este grupo, la formación de posgrado en el extranjero es un hito objetivo y subjetivo (Dubar, 1998) que estructura el relato sobre sus trayectorias académicas. Estas experiencias diversifican el tipo de dinámica migratoria desplegada, pero también otorga sentido a eventos biográficos de mayor envergadura (como el exilio).
Así, reconocemos tres tipos de migraciones experimentadas en este grupo etario. Estas modalidades implican la inserción en entornos académicos trasnacionales, que fomentan el aprendizaje de modelos de investigación y, en muchos casos, favorecen la configuración de perfiles de investigadores (Spivak L´Hoste y Hubert, 2012).
El primer tipo de migraciones se produjo durante la dictadura del año 1976 y se relaciona con el exilio político y narrativas derivadas de esas experiencias. Aunque nuestra muestra no cuenta con exiliados10, la bibliografía especializada y los discursos de los entrevistados muestran que es una narrativa que pervive, no solo transversalmente al mundo de la universidad sino también de la ciencia. Este fenómeno se considera migración “por causas políticas” porque el “«asilo», «refugio» y «desplazamiento» representan situaciones en las cuales los ciudadanos deben abandonar su territorio nacional por sufrir persecución de carácter político, religioso o étnico. (…) se trata siempre de traslados forzados, huidas o expulsiones” (Esteban, 2003, p. 19).11
Determinadas características permiten comprender no solo la percepción pública y los sentidos otorgados al exilio, sino que permiten enmarcar la comprensión de la migración de retorno, la reinserción local y las políticas institucionales de repatriación de exiliados (Lastra, 2017).
Las características más relevantes para este trabajo es el perfil calificado (nivel educativo y formación profesional) y los promedios de edad –entre 20 y 39 años– de los exiliados, porque evidencian la proveniencia de la clase media urbana (Lastra, 2016; Esteban, 2003). La duración de los exilios -entre siete y nueve años- (Lastra, 2016), explica el despliegue de estrategias de adaptación e integración (Fernández - Vavrik, 2010), centradas en la reconversión de capitales portados de forma previa a la emigración (militantes, religiosos, políticos, académicos).
El conjunto de esos elementos, permite anticipar que las estadías en el extranjero son subsidiarias de formaciones de doctorado que favorecen la redefinición de exilio como experiencia “de formación”, donde se actualizan habilidades adquiridas –educativas y de investigación- en paralelo a la acumulación de nuevas credenciales, que se revalorizan “a la vuelta”.
Los principales flujos migratorios de personal calificado durante el exilio político fueron dos: por un lado, un circuito regional; por otro lado, determinados países europeos y en menor medida, los Estados Unidos. Esto no excluye la posibilidad de que existan circuitos y recorridos donde se articulan múltiples destinos.
En el caso de los centros académicos de países de la región de América Latina (y Centro América), desempeñan funciones centrales durante los exilios configurándose lo que algunos autores llaman un “circuito académico regional” (Beigel, 2013, 2014). Instituciones y organismos como CEPAL, CLACSO, FLACSO, cumplirán un rol central durante la década del 60, extendiéndose hacia la década del 70 y 80 en algunos casos (Beigel, 2014).12
Ahora bien, el exilio como tipo de migración se relaciona con dos conjuntos de significados que poseen vigencia actual en las opiniones de los entrevistados: por un lado, la narrativa de fuga de cerebros y, por otro, la instauración de un modelo de ejemplaridad en torno a la formación en investigación, cuando los exiliados formados retornan al país.
El primero, asociado a la alta calificación de los exiliados durante el gobierno de facto, explica la percepción social del exiliado político y de la migración como un proceso que supone la pérdida o “fuga de cerebros”. Luego, en los discursos de los entrevistados, esta narrativa se independiza del móvil del exilio para extenderse al contexto postdictatorial y retratar cómo las crisis socioeconómicas posteriores al retorno democrático condicionan las posibilidades laborales de “jóvenes calificados”, articulando la dimensión política y económica.
Así, esta narrativa de la fuga de cerebros se configura como un marco interpretativo reincidente en nuestro país, actualizado de forma recurrente en el debate público (por referentes del mundo académico, sindical, político) para explicar la migración calificada (especialmente de doctores, investigadores, académicos) en contextos de crisis, que se ancló en ejemplos concretos del mundo científico nacional, “(…) entre ellos a Manuel Sadosky –matemático exiliado en 1966–, “considerado una bandera de los investigadores que debieron emigrar” y a César Milstein –exiliado que obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1984–, los ejemplos más recuperados (Lastra, 2016, p. 81).
La otra percepción que se inaugura con y bajo el exilio se relaciona con lo que hacen los exiliados durante la estadía en el extranjero, que sienta las bases para la construcción de un modelo profesional.
Los vínculos o redes militantes, políticas, religiosas o familiares que poseen algunos migrantes fomentan –y facilitan- la obtención de nuevas credenciales académicas y científicas y con ello la reconversión de capitales durante el exilio (Fernández - Vavrik, 2010, p. 302).13 La realización de estudios de doctorado en instituciones científicas y universitarias de referencia, como Estados Unidos, algunos países de Europa y América Latina, favorece la consolidación de una formación que luego se convierte en un “modelo académico” de obtención del doctorado.
Estos académicos exiliados van a constituir un tipo social específico (Simmel, 2014), instaurando un modelo de ejemplaridad que sintetiza qué es necesario hacer para formarse –doctorado- y cómo “hacerlo bien” -migrar al extranjero-. Esto se asoció a la portación de determinado “nivel” o “estándar” académico, contraponiéndose a un modo “amateur”, “cómodo”, ”local”, “sencillo”, “reproductivo”, o “no tan profesional” de carrera.
En el contexto de surgimiento de este modelo, la trayectoria de formación académica exitosa se asociaba de forma relativamente exclusiva a ese perfil, por su carácter poco común o excepcional. Luego veremos que estos relatos dan cuenta de un modelo de profesionalización en ciencias sociales que se extendió más allá de sus condiciones históricas de emergencia.
Ahora bien, el segundo tipo de migración de este grupo etario (consolidado) se relaciona el deseo de vivir en el extranjero, que el discurso nativo define como “irse a vivir afuera” un tiempo. Para los entrevistados, esta experiencia tiene como destinos predilectos países de habla hispana, como España (Esteban y Actis, 2011; Luchilo, 2011).
Para los entrevistados de alrededor de 60 años este tipo de migración durante la década de los 80, sintetiza la utilización por parte de esos entrevistados de iniciativas de promoción de la “cultura nacional” sostenidas por países europeos a través del establecimiento de vínculos diplomáticos e instituciones de fomento cultural y educativas, en algunos países de América Latina. Estas iniciativas, en los discursos, se vuelven atractivas para quienes están interesados en viajar, más allá de la formación. Aunque podrían pensarse como factores de atracción, operan de factores de empuje porque hay un uso instrumental de esos recursos con fines más amplios que el de formarse en el país destinatario.
Si retomamos la periodización de Esteban y Actis, observamos que este grupo etario (consolidado) migra en lo que los autores definen como la primera etapa (que va desde los inicios de las migraciones hasta 1985). En esta primera etapa, los flujos migratorios se dan con países con los que España tiene “afinidad cultural” como Argentina (Esteban y Actis, 2011, p. 120)14, mediante iniciativas como las del Centro Iberoamericano de Cooperación15. Así lo expresaba Berta, de 62 años, de CIC Principal:
“Salí cuarta, pero los dos primeros renunciaron. La presentación fue simple y yo tenía una breve trayectoria, empecé el doctorado en el 85, habré postulado en el 83, 84. Era poca plata la beca y no todos tenían. El doctorado, era menor en tiempo y en exigencia que hoy, España estaba atrasada académicamente por el franquismo.”
Esteban y Actis llaman a la migración argentina hacia España como “migración económica” (2011, p. 125), en el sentido de “austero” y remite a la escasez de recursos que solventan la radicación temporaria. Así, como expresa Berta, para los entrevistados este tipo de destinos no detentan prestigio académico, por el impacto del franquismo en la dinámica intelectual y académica de las casas de altos estudios. Simbólicamente, estas migraciones se sintetizan en percepciones de búsqueda de una experiencia cultural.
Finalmente, un tercer tipo de migraciones observadas en este grupo etario expresa la posesión de expectativas profesionales de inserción en el mundo académico. Estas expectativas establecen que, para dedicarse a este espacio o mercado de posiciones, hay que obtener una credencial que dé cuenta de un aprendizaje superior. En el enfoque de algunos entrevistados esta “obligación” supone que, si hay que formarse, dice un entrevistado, hay que “hacerla bien”.
Esta frase remite al discurso coloquial, y sus sentidos más generalizados aluden a hacer las cosas del “mejor modo”. Para el caso analizado, sería formarse científicamente y hacerlo del modo “más consagrado”, un modo que asegure los resultados más competitivos, entre los significados más cristalizados.
“Hacerla bien” sintetiza entonces a un modelo de profesionalización académica. Este modelo conlleva, por un lado, la idea de formarse mediante la realización de estudios de posgrado en el extranjero, en contraposición a una formación “nacional”. Pero también supone la elección de destinos académicos específicos. En conjunto, estas representaciones cristalizan en narrativas profesionales en torno a la formación científica, que serán actualizadas por algunos de los entrevistados de los próximos grupos etarios.
La necesidad de realizar este recorrido, se vincula en el imaginario de los entrevistados con experiencias en torno a la carrera de grado. Los que cursaron la carrera universitaria en contextos dictatoriales, dan cuenta de la creencia de formaciones con falencias, porque se perciben portadores de una formación disciplinaria “deficiente”, “conservadora”, “retrógradas”.
Esta autopercepción y el reconocimiento de modelos de carrera con estándares científicos más elevados, da lugar a la necesidad de perfeccionarse. Por eso, algunos entrevistados establecen que su aprendizaje de investigación se inicia cuando comienzan con sus cursos de posgrado en el exterior. Serbio, de 57 años, de CIC Superior, experimenta dificultades de formación que –siente- no lograba resolver en los circuitos académicos locales:
“Quería hacer un doctorado en el exterior, acá no lograba resolver problemas de la formación disciplinaria, trabajar con algún método, que te ordene, que te organice. Hice el doctorado de grande, tenía diferencias con mis compañeros más jóvenes, el modelo de doctorado de ahora no estaba, no había programas que ya estaban en Europa y los Estados Unidos.”
Una creencia asociada a este tipo de migraciones es que realizar posgrados “afuera”, “moverse” y distanciarse del lugar de origen genera un “valor agregado” a la formación. En algunos entrevistados, esta idea se vuelve una moral del “esfuerzo” que valoriza el “sacrificio” que supone migrar, poniendo de manifiesto la posesión de “definiciones grupales del éxito” sobre la formación en investigación (Roth, 1968), como expresa Octavio, de 57 años, de CIC Independiente:
“Se llamaba beca de pre-iniciación y era para realizar un estudio de posgrado, en el año 88, me daban dinero para solventar mi maestría y eran pocas becas, era como un premio por formarse afuera. Muchos graduados de esos años los vas a encontrar con maestrías en Ciencias Sociales en FLACSO, o de Relaciones Internacionales, financiadas por CONICET.”
En síntesis, esta modalidad de formación sienta las bases para una distinción en el imaginario de los entrevistados entre formaciones locales –en el país- y cosmopolitas –en el extranjero- que se mantienen vigentes hasta la actualidad.16
Internacionalización académica y formación de posgrado: la experiencia de los entrevistados de los grupos etarios intermedio y novel
Según los hallazgos, las semejanzas entre los grupos etarios intermedio y novel justifican un tratamiento conjunto. Una de las razones principales es que las modalidades y significados de las experiencias migratorias de estos entrevistados, al igual que sus expectativas y proyecciones de carrera, están atravesados por los procesos de internacionalización de la educación superior y, en especial, de políticas públicas de orientación de la internacionalización de la ciencia y la tecnología, de la mano de una mayor presencia de los gobiernos nacionales y los organismos (López, 2016).17
La internacionalización ha sido objeto de discusiones teóricas, estudios empíricos y revisiones metodológicas y técnicas. Múltiples autores del escenario internacional y nacional remarcan sus denominaciones polivalentes, la diversidad de referentes empíricos y enfoques de la que es objeto, y los conceptos y propuestas analíticas disponibles para estudiarla.18
Retomando el análisis de Gallardo (2015), los dos periodos históricos en los que los investigadores de CONICET realizan posgrados en el extranjero son la década del 80 y luego, entre 1990 y el inicio del año 2000. Luego de esa fecha, el estudio muestra una disminución de las formaciones de posgrado en el exterior, primando las formaciones nacionales. Podemos suponer al respecto que los programas de becas de fomento a la formación de posgrado y la proliferación de programas de posgrado a nivel nacional, operaron de condicionantes de esta disminución de formaciones en el extranjero (Unzúe, 2015; Jeppesen, Goldberg, Szpeiner, Rodríguez Gauna, 2015).
Los entrevistados que tienen de 45 a 49 años, enmarcan sus decisiones de formación en el contexto del fin de la década menemista y la crisis del año 2001. Según sus percepciones, el escenario desalentador para encontrar trabajo o insertarse en instituciones académicas del país propicia el éxodo de recientes graduados. El relato de Venecia, de CIC Adjunta de 41 años, da cuenta de esa percepción:
“La gente se iba. Me postulé para ir a estudiar a Coimbra. No me salió y me quedé, pero compañeros de UBA se formaron afuera. Algunos volvieron y otros no, con el kirchnerismo, cuando CONICET se abrió de nuevo.”
Estas ideas muestran la persistencia de la narrativa de la “fuga de cerebros” como marco de interpretación de la dinámica migratoria, en contextos de “falta de oportunidades”. Por eso, los discursos de los actores no solo se orientan a irse para formarse académicamente; las justificaciones también admiten estrategias individuales o de pareja que apuntan a hacer frente a la situación laboral y profesional de los individuos en esta coyuntura, como veremos en el caso de Malena y su pareja o de Fabián y su pareja en la última sección.
En los entrevistados de los dos grupos analizados, los convenios y programas fomentados por las universidades nacionales y las agencias científicas nacionales e internacionales (como el Ministerio, las becas Fullbright, etc.), u otras modalidades organizacionales resultan condicionantes de la dinámica migratoria. Según Sebastián, la formación doctoral en el extranjero:
(…) puede adquirir la forma de dos modalidades, por un lado, la formación de investigadores en instituciones extranjeras, y por el otro, la formación de investigadores en programas de cooperación interuniversitaria. (…) y está condicionada básicamente por dos factores: la inexistencia en el país de origen de programas de doctorado y la búsqueda de una mayor calidad y especialización en la formación. (Sebastián en López, 2015, p. 189)
Por eso, interesa reconstruir las vías de acceso a la migración con objetivos de formación de posgrado de los entrevistados de los grupos etarios intermedio y novel. Estas instancias cumplieron un rol clave en el proceso migratorio de los entrevistados y muestran diferencias en los grados de institucionalización de estas oportunidades, en comparación con el grupo tratado en el apartado anterior.
Estas modalidades son: convenios interinstitucionales; convenios de co-tutela entre universidades y estrategias individualizadas.
En primer lugar, lo que denominamos convenios implica la ampliación de canales institucionales que encaucen las posibilidades de realización de estudios de posgrado hacia otras esferas, no ya solamente determinados ámbitos disciplinarios o que ya no están centralizados en institucionales bilaterales –como los convenios con España del grupo anterior.
Lo que se observa en los relatos, es un aumento en las posibilidades objetivas de formación en el extranjero (institucionalizados en canales de acceso, de tipos de becas y multiplicación de destinos) mediante acuerdos y programas de instituciones de grado y posgrado, que conlleva también una diversificación de los beneficiarios, como los docentes de universidades nacionales (Rovelli, 2011; Vasen, 2013). Una de las principales iniciativas de profesionalización de la actividad científica en esta dirección, de mitad de la década del 90, fue el Fondo para el Mejoramiento de la Calidad Universitaria (FOMEC) (Toscano, 2005).
Este es el caso de Silvio, de CIC Adjunto de 46, beneficiario de una beca por ser docente de UUNN (Universidades Nacionales) para realizar un posgrado en el extranjero, de cara a un contexto desalentador:
“Las maestrías -FLACSO, Banco Patricios-, eran caras y no tenía plata. Aparece esta beca para docentes argentinos para hacer el doctorado en Brasil. Aplicaba poca gente y entré, tenía que tener un orientador argentino y un director de Brasil.”
En algunos de los entrevistados, la realización de un posgrado en el extranjero se presenta como el producto del “deseo individual” porque no se reconocen destinatarios de formas de reclutamiento de la actividad de investigación, y por eso, las carreras no son objeto de planificación ni proyección para estos entrevistados, no aparece en el “panorama de posibles”.
Por esa razón, no relacionan la migración con un proyecto de construcción de carrera, evidente en la percepción de la ausencia de pasos de carrera, por lo cual las posibilidades no surgen como una etapa más (de formación), sino que derivan de la ocupación de espacios que conllevan primero posibilidades de migrar y luego de esa formación en el extranjero, surge el interés en el ejercicio de la investigación como carrera.
Juano, de 43 años, de CIC Adjunto, se integra de casualidad en un instituto no universitario y aunque el entorno favorece los contactos, la posibilidad de la migración surge por “causas fortuitas”, asociadas al llamado individual de una persona desconocida. Esto no se da por ser miembro de un colectivo más amplio o como recurso de profesionalización:
“En 2007 viene al Instituto una catedrática de la Autónoma de Madrid para que vaya gente a doctorarse a España. Apliqué a una beca de la Fundación Carolina y el Ministerio de Educación y me fui, pero tuve que hacer una maestría.”
Como aspectos de programas de movilidad más amplios, estos convenios conllevan compromisos curriculares, temporales, legales y administrativos (entre parte y contraparte), que intervienen en la proyección del proceso migratorio (motivaciones, destinos, expectativas, duraciones, retorno, etc.) y operan de factores de “empuje”.19
En segundo lugar, una dinámica de migración calificada que surge de las experiencias de los entrevistados de estos grupos etarios, son las formaciones de posgrado con modalidades de co-tutela, que constan de títulos otorgados por instituciones educativas/científicas de dos países distintos.20 Dalmira, de 38 años, de CIC Asistente, cuenta más abajo que, aunque los trámites burocráticos de las universidades locales siempre “sean engorrosos”, estas modalidades ya están normativizadas y propician determinadas estadías migratorias (como relata la entrevistada):
“Lo hice en co-tutela, entre UBA y la Ècole de Francia. Al año de estar en el doctorado de la UBA presenté los papeles porque todo el trámite demora. Quería tener el título francés, pero no quería irme quizás cuatro años afuera. En general todas las demoras vinieron por la UBA y no por la Ècole.”
Esta formación de posgrado internacionalizada evidencia las creencias en torno a la existencia de carreras de investigación encarnada en algunos investigadores del grupo nivel, a diferencia de la indefinición percibida sobre los pasos de carrera en el primer grupo trabajado.
Por eso, los entrevistados justifican estas experiencias migratorias construyendo relatos centrados en estrategias de acumulación de credenciales, expresivos de un proyecto o plan más amplio, donde estas acciones de formación constituyen un paso más en las proyecciones de carrera.
Como la migración calificada supone modalidades de “causación acumulativa” (Luchilo, 2011, p. 37), estas “primeras” estadías migratorias constituyen garantías en torno a dos cuestiones: la reproducción de vínculos permanentes (o de movilidades permanentes) y la consolidación de vínculos de trabajo científico que redundan en redes internacionales.21 En cualquier caso, estas dinámicas generan las condiciones de posibilidad para la construcción de perfiles académicos internacionalizados o “cosmopolitas”.
Un tercer tipo de migración se sintetiza en la narrativa de que “el que quiere puede” porque retrata intereses académicos motorizados por el contexto (construir una carrera, ingresar al CONICET, mejorar la posición en una UUNN), que se canalizan a través de estrategias individuales de búsqueda de oportunidades migratorias institucionalizadas.
Esta modalidad (que bien podría llamarse “quien busca encuentra”), adquiere preeminencia en contextos de globalización e individualización institucionalizada (Beck y Beck-Gernsheim, 2003; Giddens, 1997). Esto favorece la idea de que hay posibilidades institucionales que están creadas para cada perfil individual y es el sujeto el encargado de armar su “propio plan”, ajustando las opciones de la oferta disponible a sí mismo.
Estas posibilidades van de la mano de un escenario de “democratización” de los instrumentos de fomento a la formación de posgrado, no solo en Argentina sino en diversos países del mundo. Esta multiplicación, sumada a los flujos de la comunicación y la información en contextos de globalización, equilibran la balanza de oportunidades en perfiles con escasa inserción institucional –por ejemplo, en el entorno universitario-, volviendo accesibles determinadas oportunidades de carrera a esos perfiles.
Estos entrevistados justifican la decisión de migrar sobre el telón de fondo de una evaluación de sus propias trayectorias y las posibilidades locales de “pelear por recursos” para construir una trayectoria. Por eso, la formación de posgrado se construye como el aliciente para el desplazamiento ante un panorama donde la otra institución de interés para hacer carrera (CONICET) es percibido como “inaccesible” por los estándares manejados. Así relata Héctor, de 38 años, de CIC Asistente:
“En 2007 empecé a averiguar cómo entrar en el CONICET y estaba medio desconectado de la UBA, no tenía contactos, la veía medio difícil. Resolví irme, habría una convocatoria para gente que se quisiera hacer la maestría a la UNAM en México. Me anoté, papeles por correo y varios meses, porque daban un curso de ingreso y después toman un examen.”
Estas posibilidades de formación comienzan a visibilizarse para todas las disciplinas –antes disponibles para algunas franjas etarias-, por la proliferación de redes, instrumentos y programas de cooperación internacional (regional o bilateral). Para algunos entrevistados de alrededor de 45 años, la memoria de la crisis social y económica, atravesada durante la década menemista, es un contexto que opera explicando el éxodo, ya que “todos se iban porque no había trabajo”. Para Malena de 44 años, de CIC Asistente, aunque CONICET no era una opción, sí ve “posible” aplicar a una beca para el Reino Unido:
“Era 98/99, irme era una forma de escapar de la situación del país. Hice consultoría, pero quería seguir estudiando. No se me cruzó presentarme a CONICET, las posibilidades de conseguir una beca eran difíciles o así se veía en mi circuito. Me presenté a las del “British Council” que eran difíciles, pero sabía inglés, tenía buen promedio y eran más transparentes los criterios.”
En estos casos, aunque en los discursos de los actores la migración se construye como consecuencia del “cierre” de las alternativas de financiamiento a la formación de posgrado local (como las becas del CONICET), los móviles siempre se conjugan con otras motivaciones –no académicas y menos explícitas- que “empujan” a los actores a desplazarse, como estrategias de radicación familiar o experiencias de pareja en otros países, entre algunos ejemplos.
En la Tabla 3 se sintetizan los tipos de migración, las creencias y narrativas reconstruidas con base en el análisis del material.22
Tabla 3 Tipos de migración, creencias asociadas y narrativas
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Tipo de Migración |
Creencias |
Narrativas |
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Grupo Consolidado |
Exilio político: contexto dictatorial. |
+ Emergencia del modelo de “ejemplaridad” profesional |
+ Narrativa de la “fuga de cebreros” +Narrativas profesionales |
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“Irme afuera”: vivir en el exterior como experiencia cultural. |
+Relato de búsqueda de una experiencia cultural |
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“Hacerla bien”: modelo de profesionalización |
+ Relatos de falencias en la formación + Locales y Cosmopolitas + Moral del “esfuerzo” |
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Grupos Intermedio y Novel |
Convenios: “democratización” de posibilidades objetivas. |
+ Creencia sobre la realización de posgrado como “deseo individual” + Creencia de “ausencia de pasos de carrera”. |
+Narrativa de “falta de oportunidades” + Narrativa: “el que quiere, puede”. |
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“Cotutela”: estrategia de formación múltiple e internacionalización. |
+ Relatos de estrategias de acumulación de credenciales |
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Estrategias individuales |
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Fuente: Elaboración propia.
Se observa entonces, por un lado, que las creencias asociadas a los tipos migratorios no se explican en todos los casos analizados por narrativas (significados colectivos suficientemente generalizados) existentes, ligadas a las instituciones de ciencia y técnica, según se entiende, por la novedad que presentan estas modalidades y la ausencia de instituciones intervinientes; por otro lado, en algunos casos, la dinámica migratoria y sus creencias inauguran narrativas específicas al espacio social analizado –como podemos pensar en torno a las narrativas profesionales.
Así, estas creencias poseen tanta fuerza, que pasan a formar parte del repertorio de significados sedimentados de las instituciones científicas, inaugurando narrativas que perviven más allá del contexto histórico y del entramado relacional donde surgen. Al operar de marcos significativos presentes en el mundo académico, se renuevan dependiendo el contexto y los grupos de edad específicos.
“Volver”: algunas formas de retorno y reinserción en las instituciones locales
La migración no solo establece el momento de la ida sino también supone reconstruir el modo como los investigadores entrevistados resuelven “el problema” del retorno, definido por los actores como la inserción en la sociedad del país de origen (vínculos previos, mercados de trabajo, etc.).
Por eso, indagamos la percepción de los actores sobre los derroteros, vínculos y estrategias que se establecen con las instituciones científicas y universitarias una vez que vuelven.23 Por ejemplo, Spivak L´Hoste y Hubert muestran cómo la formación en el extranjero construye vínculos novedosos entre la movilidad, los modos de producción de conocimiento y los perfiles profesionales generados con base en esos trayectos de formación, porque se puede “(…) abordar la movilidad de los investigadores a partir de sus relatos de trayectoria profesional focalizando, en particular, en los modos de producción de conocimientos que se deslizan de estos” (2012, p. 90).
A diferencia del apartado anterior, en el análisis del retorno operan aspectos que establecen similitudes entre las experiencias de reinserción al país de los diferentes grupos etarios, volviendo menos central la edad en el proceso de comprensión. Las distintas experiencias individuales y grupales se comprenden a partir de los contextos social, económico y político de migración de cada grupo etario entrevistado y, en materia de política sectorial, por la ausencia o disponibilidad de programas de política pública específicos para facilitar el retorno al país y/o la inserción de los doctores en instituciones públicas y privadas donde desempeñarse profesionalmente.
Según el análisis, las diferencias dependen de dos condicionantes que son previos y simultáneos al fenómeno migratorio: por un lado, las inserciones previas y los vínculos informales que operan como “promesa” (inversión) anticipada de cara a la obtención del doctorado. Los niveles de inserción previos a migrar -cargos docentes, redes o grupos de investigación, contactos en centros de investigación- son centrales para la integración inmediata al retorno.
Por otro lado, la periodicidad e intensidad con que se mantienen las relaciones (y comunicaciones) con el lugar de origen, generan diferencias entre los procesos de reinserción. Esto propicia discursos donde la “revolución informática” producida durante la década del 90 genera impactos diferenciales para las posibilidades experimentadas por los entrevistados de cada grupo etario.24
Así, los entrevistados vuelven a Argentina en dos contextos sociohistóricos diferentes que favorecen o desalientan las dinámicas de retorno migratorio. Por un lado, el retorno durante la década de los 90 (en el marco de los gobiernos menemistas) y previamente a la situación de inestabilidad política y económica del año 2001. El otro contexto que adquiere especificidad es luego del escenario que se instaura en el año 2003, con experiencias y percepciones dispares porque la política científica y tecnológica adquiere relevancia y la migración científica se convierte en “política de Estado”.25
Por eso, reconstruimos dos situaciones de retorno y re-inserción a los entornos académicos de los investigadores de los tres grupos de edad, tomados de forma conjunta.
Por un lado, una reinserción dificultosa o efectuada desde la desconexión, derivada del anclaje débil a nivel institucional, la ausencia de redes de sociabilidad académica previas al viaje o la ausencia de estrategias de inserción anticipada a la realización de posgrado en el extranjero (como los compromisos que suponen algunas becas). Una solución disponible mencionada por los entrevistados (actualmente vigente), era la obtención de becas del CONICET o la postulación para el ingreso, que implica una extensión de la “condición de becarios”.
Sin embargo, no fue la situación más usual, ya que implicaba anticiparse y proyectar con mucha antelación, ante una situación que no era clara para los individuos. Esta posibilidad resolvía el problema de la manutención durante el retorno a través de estipendios, lo que implicó muchas veces que la movilidad fuese realizada con una beca para estudios en el exterior del organismo, lo que tampoco era común, en el contexto de la década del 80 e inicios del 90.
Un problema de los “desconectados” (usual en los del grupo etario consolidado) es la diferencia entre la formación académica adquirida y la percepción del estado de la situación al momento de volver y buscar espacios de inserción, en especial porque los espacios privilegiados para insertarse son el mundo universitario y el CONICET, donde se concentra el mercado de puestos para quienes desean insertarse en el mundo académico.
El desafío que se presenta es observar cómo los residentes sin posgrados, pero con trayectoria docente, han avanzado dentro de la universidad, al estar organizada sobre reglas de funcionamiento y sistema de recompensas que no se corresponden con esas expectativas. La posesión de una trayectoria docente no es lo único que explica el plus de un “nativo académico” y sus mayores posibilidades de mantenerse o reproducirse en la institución, sino los capitales sociales y burocráticos acumulados por la pertenencia a la institución en cuestión, que tiende a privilegiar a sus miembros más antiguos.
Esto que genera sentimientos de injusticia e impotencia, traducidos en críticas “al sistema” por la desventaja que sufren ante personas que detentan menos saberes, pero mejores posiciones. Así relata Octavio, de CIC Independiente, de 57 años, con recelo:
“Quienes se quedaron (en el país) ganaron posiciones en las universidades o en la investigación. El que vuelve sabe idiomas, cosas que el CONICET no valora, debería hacer diferencia. Vuelvo casi sin inserción en la Facultad, mi cargo lo tenía otro, tuve un seminario y el CONICET me dio una Beca de Perfeccionamiento hasta que ingresé en 1995.”
Al igual que Fausto, de CIC Independiente, de 50 años, que relata la falta de identificación que siente con el mundo académico local al que arriba:
“Volví a un ambiente hostil en términos laborales, no me pude integrar bien al grupo. No me interesaba mucho lo que se hacía en la Universidad de Córdoba en términos de áreas, pero tuve la suerte de tener esa beca de CONICET, eso me permitió terminar el doctorado acá con tranquilidad.”
El segundo tipo de experiencias reconstruidas las denominamos de reinserción fluida, porque la desconexión con el contexto local es parcial o intermitente, mantenidas por elección personal, por cercanía del país donde se migró o porque la beca percibida así lo estipulaba. Ello posibilita no sólo “sostener”, sino también profundizar redes sociales e institucionales que aseguran la contención y favorecen el acceso a las oportunidades de empleo posterior. La integración se facilita cuando los vínculos (formales e informales) no se suspenden, como dice Rubén, CIC Independiente, de 54 años:
“Estuve tres años en Estados Unidos y tres años en Argentina. Los últimos tres, mientras hacía todo el trabajo de campo y escribía la tesis, no quería saber nada con la UBA, mientras estoy terminando concurso en UNASM una dedicación simple.“
Un ejemplo de destiempo es la trayectoria de Serbio, de CIC Principal de 57 años, que siendo doctor es JTP de una docente titular con recorrido local y sin postítulos de mayor edad: 26
“Vi un mundo de bibliografía con el doctorado. Cuando me tocaba dar la clase de observación participante o historia de vida, yo metía cosas que yo conocía y ella lo tomaba como una descalificación a su programa.”
Lo mencionado permite pensar en las diferencias entre quienes son portadores de formas diferentes de capital, en términos de Bourdieu (1994), un poder temporal, político, poder institucional e institucionalizado que está ligado a la ocupación de posiciones eminentes en las instituciones y otro, un poder específicamente científico, basado en el reconocimiento de los pares o de la comunidad consagrada.
En el caso de nuestros entrevistados, el hecho de contar con vínculos previos (sea alguna modalidad de beca o relaciones sociales) y de mantener contacto regular con el espacio universitario y científico local, parece marcar la diferencia entre quienes aterrizan en el país “con algo” y quienes deben comenzar “desde cero” a buscar.
Sin embargo, como hemos visto, incluso quienes realizaron sus estadios en el marco de convenios con universidades del país de origen, han experimentado dificultades para obtener un rédito del esfuerzo diferencial que supone “formarse afuera”.
Finalmente, estas “complicaciones” fueron reconocidas los últimos años y propiciaron estrategias institucionales para fomentar no solo en retorno, sino “la colocación” de los recursos humanos altamente calificados que se formaban en el extranjero. Por eso, es menester abordar una dinámica de retorno que obtuvo resonancia pública hasta considerarse política de Estado, el “programa RAICES”. Esta política supuso modalidades de repatriación de científicos en el extranjero que, como veremos, merece una reflexión diferenciada.
Retornos institucionalizados: retornar como repatriado
Más allá de los dilemas en torno a la denominación de “fuga de cerebros”, el “drenaje de cerebros”, la “ganancia” o “la pérdida”, lo cierto es que los instrumentos de política científica y tecnológica de los países de origen constituyen un factor de explicación tanto en el empuje, como también factor de retorno de los migrantes calificados.
Según la bibliografía, hay formas directas de estimular el retorno a través de políticas en ciencia y tecnología e instrumentos relacionados (Luchilo, 2011, pp. 59-61); o indirectas, relacionadas con políticas de desarrollo o de fortalecimiento de los sistemas educativos y científicos, que también atinan a evitar, desde el Estado, la perdida de stock de recursos calificados (García de Fanelli, 2008).
Interesa distinguir esta modalidad de retorno de forma separada del subtítulo anterior porque, aunque se encuentra atravesada por los mismos aspectos que intervinieron en el análisis de los casos anteriores (fluidos y de desconexión), esta vez el retorno es objeto de un tratamiento formal por parte de instituciones locales.
Por eso se vuelve interesante para pensar la incidencia de programas de política pública en los casos analizados, que fueron beneficiarios de la política de repatriación. Esto, sin embargo, en los resultados en materia de reinserción, el instrumento de política resulta un aliciente a su inserción y en otros casos donde, más allá de la posibilidad de volver, no garantiza “aterrizajes” institucionales.
En Argentina, como modalidad de política pública directa destinada a administrar el problema de la migración calificada en nuestro país, se encuentra el Programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), que fue una iniciativa lanzada en el año 2000 sin repercusión, relanzada en el año 2003 y convertida en Política de Estado, Ley 26.421 del 22 de octubre de 2008 (Albornoz y Gordon, 2011, p. 33).27
El Programa promovió la vinculación con investigadores argentinos residentes en el exterior, la retención de investigadores en el país y el retorno de científicos interesados en desarrollar sus actividades en la Argentina, que hubieran migrado previamente.
En términos de modos específicos de retorno al país, retornar como repatriado consta de una dinámica que atravesó a todos los grupos etarios, es decir, estuvo disponible para investigadores de todas las edades, aunque los jóvenes concentraron su atención.
Aunque esta política otorgó legitimidad al gobierno de turno, algunos autores afirman que los resultados obtenidos no fueron los buscados, ya que los procesos de repatriación estuvieron orientados a investigadores jóvenes que retornarían de igual modo y no a aquellos investigadores prestigiosos en el extranjero, que habían migrado por falta de condiciones y recursos materiales (Kreimer et al., 2016).
La estrategia de retorno está asociada a una política de repatriación de investigadores residentes en el extranjero que mediante la beca postdoctoral encuentran un modo más seguro y progresivo de volver al país de origen, al otorgar un estipendio durante dos años, con la posibilidad de insertarse en el mercado científico (CONICET) y/o académico (universidades) local.28
De los investigadores entrevistados, dos casos resultan interesantes.29 El relato de Malena de 44 años, de CIC Asistente, junto a su pareja ingeniero, refleja un tipo de retorno motivado por estos instrumentos de políticas de la mano del contexto político que lo atravesó:
“Luego de ahí me presenté a otra beca cuando estaba haciendo la maestría y que era ya inglesa, y me salió por lo que me quedé haciendo el doctorado, fueron siete años viviendo afuera. Cuando terminé mi doctorado, apliqué para ser postdoc en CONICET y volvimos a argentina en 2006, en plenos procesos kirchneristas.”
Por otro lado, en el caso de Fabián y su pareja, cuando deciden retornar, encuentran una opción que disminuye la incertidumbre en esta alternativa de repatriación y postulación a CONICET. De 36 años, CIC Asistente, percibe la necesidad de formarse en el extranjero porque las condiciones ofrecidas para sus disciplinas de grado no satisfacen, según él, las expectativas que esperan de una carrera en economía.
Por eso, luego de una estadía que se presenta primero como Maestría y luego se convierte en Doctorado, se organiza un proceso de retorno que contempla la necesidad de dinamizar los capitales sociales generados a nivel local, para organizar un retorno donde hubiera posibilidades. Como muchos de los investigadores que retornan están desinteresados en buscar trabajo en el sector privado, el programa de repatriación produce un contexto propicio para absorber los científicos de nacionalidad argentina y hace posible una vuelta al país de la mano de empleo en el CONICET:
“No queríamos trabajar en el sector privado. El programa de repatriación de CONICET te exigía el doctorado, dijimos “nos quedamos en México a terminar el doctorado y volvemos luego, vamos a tener más trayectoria afuera para sacarle provecho.”
A modo de síntesis
El análisis de las entrevistas permitió ver diferencias en los significados asociados a “formarse afuera” de entrevistados de tres grupos etarios de investigadores del área de ciencias sociales y humanidades del CONICET, periodo en el cual obtuvieron la credencial de doctorado
Dos cuestiones impactaron en la percepción de la migración. En primer lugar, la idea de la existencia o ausencia de una “carrera” de investigación, que condicionó la asociación de la migración a proyectos de formación e inserción laboral más amplios. En segundo lugar, la presencia -en el discurso- de referencias institucionales que sostienen y fomentan la formación de posgrado internacional.
En el primer grupo (consolidado), con entrevistados que van desde 50 hasta 70 en algunos casos, las experiencias y móviles resultan heterogéneos y el contexto dictatorial tiene una influencia directa e indirecta en torno a la migración calificada.
De forma directa es factor de empuje, si consideramos la persecución estatal y las experiencias de formación de posgrado durante el exilio político. Esta importancia se resignifica y refuerza con el retorno al mundo académico local de estos doctores formados en el extranjero, cuando inicia el gobierno democrático.
En el marco de estas experiencias migratorias, se dinamizan dos narrativas: la fuga de cerebros, actualizada con cierta regularidad en nuestro país, y determinado modelo de ejemplaridad y narrativas profesionales sobre la investigación que se resignifican para el campo de las ciencias sociales. Además de ser un modelo de profesionalización, es un criterio de clasificación de perfiles de investigadores, según hayan transitado su formación en el país o en el extranjero.
Otro tipo de migración de este grupo etario está condicionada por la búsqueda de experiencias culturales en el extranjero, ante un contexto argentino que dejaba atrás la dictadura a mediados de la década del 80 que, en los discursos, se plasma en el deseo de “irse afuera”, esto es, de viajar y experimentar el mundo.
Una última modalidad migratoria de este grupo etario (consolidado), son los relatos asociados a migrar como un modo de “hacerla bien” o a formarse académicamente a través de una formación internacional.
Estos entrevistados (de alrededor de 55 años), toman a las formaciones de los exiliados como una referencia a seguir en relación con lo que entienden como una formación en investigación, que contrasta con los docentes “vetustos”, figuras de la “vieja escuela”. Esta narrativa profesional enmarca lo que se denominó como perfiles locales y cosmopolitas, clasificación que está atravesada por valoraciones que moralizan la experiencia migratoria, entendiéndola como un sacrificio personal y profesional que otorga una valía diferencial en el mundo académico local.
Los discursos de los investigadores de los grupos intermedio y novel, dejan ver una presencia mayor de marcos de institucionalización, que encauzan las experiencias de formación de posgrado en el extranjero, de la mano de programas de política que estimulan estas acciones. Tanto los convenios como la modalidad de cotutela, hablan de dispositivos y recursos implementados desde las propias instituciones para “internacionalizar” las trayectorias de actores con recorridos académicos y científicos muy diversos.
Desde el punto de vista de las creencias, por un lado, la formación de posgrado es percibida como “deseo individual”, relacionado con repertorios de significados que se enmarcan en la “narrativa de falta de oportunidades” en Argentina durante la década del 90. Estos entrevistados no reconocen haber sido objeto de reclutamiento en la actividad de investigación (por ejemplo, durante la universidad) y por eso no relacionan la migración con un proyecto de construcción de carrera, evidenciado en la creencia en ausencia de pasos de carrera.
Hay entrevistados que sí dan muestras de reconocimiento de posibilidades de carrera, por la pertenencia a espacios y entramados relacionales (como grupos de investigación) que señalizan los pasos a seguir. La migración asociada a la “cotutela” se presenta, en el imaginario de los entrevistados, como parte de una estrategia de acumulación de credenciales, cuyo objeto es jerarquizar la propia carrera.
En línea con esto, un último tipo de migración de estos dos grupos etarios se denominó estrategias individuales, basadas en la creencia en que cualquier individuo tiene posibilidades de hacer una carrera de posgrado y sólo es preciso buscar, según cada perfil de destinatario, las alternativas en la oferta de becas, programas y recursos para cada trayectoria específica sobre un escenario de pluralidad de opciones. Estas creencias están en línea con narrativas que se sintetizan en la idea de que “el que quiere, puede”, en tanto hay opciones institucionales para cada individuo.
Para la dinámica de retorno de los migrantes, el trabajo de análisis mostró una menor importancia de la edad para explicar las posibilidades de inserción institucional de los entrevistados una vez que vuelven del extranjero, evidenciando más injerencia los vínculos previos (relaciones, cargos previos) y el estado de la política pública sectorial, especialmente la apertura del CONICET.
Estos elementos nos permiten observar modos de retorno (de desconexión y fluidos) y experiencias de inserción de estos doctores en el mercado de posiciones académicas de las universidades y el sistema científico. De un lado, cada modalidad está asociada con el contacto mantenido con el país de origen por parte de los entrevistados, condicionada por el grado de desarrollo de las comunicaciones en cada contexto migratorio y los momentos del retorno. Por otro lado, los capitales sociales mostraron injerencia en las posibilidades de inserción en las instituciones locales, condicionando con ello la valuación que realizan los migrantes sobre los “premios” otorgados por realizar el esfuerzo de formarse migrando.
La experiencia de retorno de algunos beneficiarios del programa Raíces, permite pensar que la política de repatriación de investigadores es un instrumento de política propicio para entablar vínculos institucionales y proveer recursos materiales durante una fase específica de la trayectoria migratoria: la vuelta de los doctores. Sin embargo, no necesariamente su inserción en el espacio académico nacional.
Así también, se mostró la potencialidad que presentan las experiencias y creencias en torno a la migración en la cristalización de narrativas de la historia social y política de nuestro país, como el exilio político y las crisis recurrentes que operan de esquemas de interpretación de los éxodos de científicos. También permitió observar la emergencia de creencias y experiencias en torno a la dinámica de formación de posgrado en los entrevistados que forma parte de las ciencias sociales. Las lecturas muestran la emergencia de dinámicas de profesionalización y de los modelos de éxito profesional, que comienzan a operar como guías para la acción de los nuevos reclutas y como criterios de clasificación de perfiles y productos.
También se observó cómo los instrumentos y programas de posgrado operan como factores de empuje o de retención de la formación de posgrado en el extranjero. Las relaciones entre instituciones de educación superior y sistemas públicos de investigación impactan en la construcción de carreras de investigación.
La internacionalización de las trayectorias no es algo reciente, lo interesante es observar cómo este proceso impacta y dinamiza nuevas formas de diferenciación de las trayectorias educativas y científicas. En la actualidad, las dimensiones de la internacionalización de la investigación (al decir de López, 2015) que diversifican las posibilidades migratorias y de movilidad académica internacional, no están solo en la etapa de la formación doctoral sino en otros “momentos” de la carrera, como el postdoctorado y las estancias de investigación.
En síntesis, la migración de recursos calificados es un proceso complejo y multidimensional, que debe ser abordado considerando las especificidades sociales y culturales de los países intervinientes, necesarias para comprender la migración y el impacto en los sistemas donde se insertan los individuos concretos, ya que, como vimos, presentan consecuencias a largo plazo.
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1 En la literatura local, el exponente que convirtió a los estándares internacionales en un modelo normativo de las carreras de investigación es Bernardo Houssay. Los indicadores de este modelo internacionalizado de ciencia académica constituyen modos de alfabetización de los jóvenes en formación.
2 En Argentina, la regulación de estos programas -de especialización, maestrías y doctorado- quedó a cargo de CONEAU en 1995. El aumento de los programas de posgrado desde la década del 90 se traduce en aumentos en los programas de maestría y especializaciones. Sin embargo, también los doctorados experimentan un incremento para el área de las ciencias sociales y humanidades.
3 López prosigue: “Particularmente, los enfoques sobre las migraciones presentan dos perspectivas: la del brain drain y la de la “diáspora intelectual” (Luchilo, 2006; Spivak y Hubert, 2012)” (López, 2015, p. 187).
4 Mahroum también afirma que: “En el caso del mercado laboral para el personal de ciencia y tecnología, los tipos más relevantes de movilidad interna y externa se refieren a: I) el movimiento del sistema educativo al mercado laboral; II) movilidad dentro del sector público de investigación (por ejemplo, universidades, laboratorios, institutos públicos de investigación) y entre la investigación pública y la industria; III) movilidad del personal de ciencia y tecnología dentro de la industria y; IV) movilidad internacional que arroja luz sobre la migración temporal y permanente del personal de ciencia y tecnología (es decir, problemas de “ganancia de cerebro” y “fuga de cerebros”) (1999, pp. 169-170).
5 Estas interpretaciones se nutren del diálogo con María Serra, a quién agradezco la lectura rigurosa y atenta de una versión previa de este documento.
6 Luchilo establece que se produce un aumento de este tipo de migraciones en términos absolutos, a causa de la ampliación de la cobertura de los sistemas de educación superior en los países de origen. Al aumento de la migración en términos absolutos, se produce un aumento proporcional del total de migrantes calificados, que ha dependido del aumento de estudiantes y egresados universitarios (2011, pp. 29-31).
7 Este estudio se inserta en una investigación doctoral financiada con una beca de doctorado del CONICET, cuyo objeto son los modos de construcción de las carreras de investigación de investigadores/as del CONICET de la gran área de ciencias sociales y humanas de tres grupos etarios.
8 Somers establece que “las narrativas públicas son aquellas narraciones que tienen que ver con formaciones culturales e institucionales que son mayores que el individuo, o son narraciones que se vinculan a redes o instituciones intersubjetivas” (1994, p, 618).
9 Las edades de los entrevistados van desde los 50 hasta los casi 70 años de edad, de categorías Independiente, Principal y dos Superiores del escalafón de Carrera de Investigador del CONICET, de ambos sexos (9 hombres y 7 mujeres), con Lugar de Trabajo en diversas regiones del país.
10 El beneficio de que no haya afectados directos nos permitió observar la presencia (y fuerza) de la narrativa de los exilios políticos de académicos en los entrevistados de este grupo etario, especialmente de los que poseen alrededor de 65 años. La “fuga de cerebros” que produjo la violencia estatal en los claustros universitarios afectó la formación de grado y la socialización académica universitaria de los entrevistados mayores de 55 años. Por esta influencia, por su permanencia en el imaginario y por los efectos del retorno de estos investigadores en las instituciones y actores locales, es que entendemos que esta narrativa adquiere importancia y por eso se trabajó, aunque no contásemos con experiencias directas en los casos trabajados.
11 Para comprender más los flujos migratorios atravesados por Argentina, vea Esteban (2003; 2011).
12 Para el análisis de casos concretos como el rol de la FLACSO, vea Morales Martín y Algañaraz Soria (2016).
13 Estas habilidades, contactos y recursos adquiridos en la estancia en el extranjero, son el escenario de generación de disposiciones asociadas a un perfil de investigador determinado –al decir de Spivak L´ Hoste y Hubert (2012).
14 Según Esteban y Actis, 2011, el segundo período se inicia luego de 1986 hasta 1999, denominado “segunda etapa” cuando se produce una explosión migratoria, donde el móvil laboral –precario e inestable- era uno de los argumentos centrales. En el año 2000 se comienza una nueva etapa y aquí entran las experiencias de movilidad residencial y laboral, evidenciadas en estrategias de ascenso de la clase media y media baja argentina en el periodo de crisis de 2001 (p. 121-122).
15 Esteban y Actis reconocen cuatro etapas para las migraciones argentinas y españolas compuestas (precedentes, el exilio, migración económica y receso y reanudación de los flujos), donde sintetizan no solo los flujos de migración calificada, sino los movimientos desde nuestro país hacia el país español (2011).
16 Hay diversos autores que trabajan esta tensión entre las dimensiones locales e internacionales o cosmopolitas dentro del mundo de la ciencia y la universidad, por ejemplo Kreimer y Ugartemendía (2007) y Beigel (2015).
17 López sintetiza que según la bibliografía especializada hay tres espacios de actividad que son objetos de procesos de internacionalización: “(…) las coautorías internacionales; otros en el proceso de cooperación internacional en el desarrollo de proyectos de investigación; y un tercer conjunto de trabajos aborda la movilidad de científicos más allá de las fronteras” (2015, p.179).
18 Por ejemplo, a nivel internacional se encuentran los estudios de Meyer, Kaplan y Charum, 2001; Wallerstein, 2007; Dezalay y Garth, 2017; Ortiz, 2017; Sapiro, 2017. Desde nuestro país algunos aportes son realizados por Albornoz, Poluch y Alfaraz, 2002; Nemirovsky y Yoguel, 2003; Fornoni y Perfecto, 2004; Kreimer, 2010; Flores, 2011, Luchilo, 2011; Beigel, 2015.
19 Veremos que conllevan compromisos entre las partes también para el periodo de la estadía, o del retorno.
20 Esto supone a su vez una doble dirección.
21 Más allá de que la noción de red ha sido usada para poner en entredicho el concepto bourdieusiano de “campo” (Heredia, 2012), lo cierto es que estas inserciones internacionales tienen efectos de capital (primero social y luego académico y científico), en los circuitos académicos locales.
22 Las denominaciones de los tipos de migración, narrativas y representaciones, como anticipamos, parafrasean modismos de la voz nativa. Agradezco especialmente a uno de los evaluadores por las preguntas realizadas sobre la relación entre narrativa y creencias.
23 Esta situación no solo alude a la búsqueda de empleo de los migrantes retornados sino inclusive a situaciones donde retornan a empleos antiguos o viejos espacios con la nueva credencial, cátedras o grupos de investigación, donde el resto no posee esa credencial, o también a cargos docentes bajos y de escasa dedicación, bajo el mando de docentes titulares con menores credenciales.
24 En el resto del mundo esta revolución comenzó previamente, pero en Argentina las consecuencias de la interdependencia global y del desarrollo de estos flujos de la comunicación y la información sobrevienen con alguna tardanza en relación con el contexto global.
25 Ello fue objeto desde el año 2003 incluso de relevamiento periodístico por parte de algunos medios, para convertirse luego en objeto de estudio de diversas disciplinas y enfoques de las ciencias sociales y humanas. Luego, con la jerarquización de la ciencia a través del Ministerio y con el auge del programa Raíces se vuelve aún más visible. Para ver algunos recortes acceda a: https://www.oei.es/historico/divulgacioncientifica/reportajes_487.htm; https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/el-retorno-de-los-cerebros-nid1399116
26 Serbio me explicó que posteriormente la docente obtiene el título de doctor, lo que era previsible pensando que es una cátedra troncal de una de las principales unidades académicas del país, radicada en la región centro.
27 Para acceder a comparaciones con otros programas análogos de otros países, véase el artículo de Rivero y Trejo (en prensa) que forman parte de este mismo Dossier.
28 Este tipo de beca fue leída de forma positiva por los investigadores en general y por la comunidad académica y en especial por los investigadores que forman parte de nuestra muestra que retornaron a través de esta medida. Lo interesante es que debían postularse a ambas convocatorias, beca postdoctoral y CIC, pero los requisitos eran poseer el doctorado finalizado, lo que aseguraba la obtención del estipendio mientras se evaluaba el pedido de ingreso a carrera. En caso de no obtenerla, el retorno había sido financiado por el lapso de dos años, pudiendo haber buscado otros trabajos en el lapso.
29 Existen modalidades de retorno de investigadores en el extranjero desde el subsidio Raíces, desde la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, a través del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT) y por parte del CONICET, a través del sistema de becas.