Los programas de repatriación de investigadores de Argentina y México: reflexiones preliminares en perspectiva comparada

Repatriation programs for researchers from Argentina and Mexico: preliminary exploration with comparative perspective

Resumen

El artículo analiza de forma exploratoria y comparativa el Programa RAÍCES (Argentina) y el Programa de Repatriaciones del CONACyT (México). A partir de un análisis documental basado en normativas, documentos institucionales, así como datos disponibles de ambos países, se busca reflexionar acerca de las razones que tienen estos países a la hora de repatriar investigadores a sus países de origen. Los programas revelan un interés en repatriar “investigadores al inicio de sus carreras”, un perfil del que poco se ha investigado tanto en México como en Argentina. El aporte del trabajo permite avanzar en la construcción de un diagnóstico vinculado al estado actual de los programas, pero principalmente en la reflexión acerca del sentido que tienen las repatriaciones en la definición de una política nacional de ciencia y tecnología.

Palabras clave: Programas de repatriación, migración calificada, carreras científicas, Argentina, México.

Abstract

The article constitutes an exploratory and comparative analysis of Programa RAÍCES (Argentina) and Programa de Repatriaciones del CONACyT (CONACyT’s Repatriation Program) (Mexico). Through documentary analysis based on institutional normative documents as well as available data from both countries, the intention is to reflect on the reasons that these countries have for the repatriation of researchers to their countries of origin. The programs show an interest in repatriating “early career researchers”, a profile that has barely been studied in Mexico and Argentina. The study contributes to progress in the construction of a diagnosis of the current state of the programs but, above all, to a reflection on the significance of repatriations in defining a national policy for science and technology.

Keywords: Repatriation programs, highly skilled migration, scientific careers, Argentina, Mexico.

Introducción

La migración calificada y la movilidad estudiantil a nivel de posgrado que se produce desde el Sur hacia el Norte, han contribuido al establecimiento de personal altamente calificado en los países de formación. Un subconjunto importante de estos “talentos”, son aquellos que obtuvieron un doctorado, ya que son considerados fundamentales para la producción de conocimiento y la dirección de actividades de investigación. Los recursos humanos altamente calificados refieren a un tipo de migraciones más valoradas que las migraciones económicas (Alarcón, 2007), pues se trata de personal de alta calificación que los países de origen y destino buscan recuperar y retener a través de políticas explícitas (Didou y Gérard, 2009; Didou, 2010; Didou, 2017).

En América Latina, se han creado dos vías de acción, dirigidas a investigadores y científicos: la repatriación,1 que ofrece la posibilidad de retorno a los países de origen, y la vinculación, que ofrece la oportunidad de generar un intercambio de conocimientos a nivel local e internacional. Autores como Charum, Granés y Meyer (1996) y Meyer (2011) han llamado a estas vías “modelo de éxodo” (en el que se busca la repatriación) y “modelo de diáspora” (cuyo objetivo es la vinculación). En los casos que aquí son objeto de análisis, los Estados han implementado casi de manera combinada ambas líneas de acción.

De esa forma, para dar una respuesta política a un problema de décadas, varios países de la región se han propuesto crear mecanismos de recuperación para científicos emigrados. En Argentina, por ejemplo, la migración calificada ha tendido a focalizarse en la emigración de investigadores y, consecuentemente, las políticas se han dirigido a ese conjunto de argentinos residentes en el exterior (Luchilo, 2015, p.159), mientras que en México los mecanismos estatales, principalmente de la mano del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT, de ahora en adelante), han estado orientados a retener y retornar profesionales y científicos, como consecuencia de programas masivos de becas al extranjero (Castaños-Lomnitz, 2004; Tigau, 2013).2

Hasta el momento, en el caso mexicano se han identificado estudios acerca de jóvenes investigadores en la etapa temprana de su carrera científica (Hamui y Canales, 2017), sobre la movilidad transnacional de posdoctorantes tanto mexicanos como extranjeros (Jung, 2016), sobre la inserción laboral de posdoctorantes extranjeros en México (Trejo y Cejudo, en prensa) y un análisis de factibilidad para la evaluación de impacto de las repatriaciones y retenciones, en el marco del Programa de Apoyos Complementarios para la Consolidación Institucional de Grupos de Investigación del CONACyT, realizado por Collado, Salgado y Meyenber (2015). Un esfuerzo reciente de cara al surgimiento y desarrollo del programa de repatriaciones mexicano es el de García- Pascacio (2018) y García-Pascacio, Ramírez y Yurén (2020).

El caso argentino presenta una mayor cantidad de reflexiones sobre los programas de repatriación. En tal sentido, es posible encontrar análisis de programas que precedieron a la Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior (RAÍCES, de ahora en adelante) (Mármora, 1998), así como trabajos que se centran en el funcionamiento del RAÍCES, sobre todo de las repatriaciones (Spivak y Hubert, 2014; Bayle, 2014, 2015). También se hallan aquellos que analizan la relación entre la repatriación de científicos y las carreras científicas (Jonker y Cruz-Castro, 2013; Rivero, 2018), o los que incluyen la perspectiva de los repatriados, principalmente sobre las condiciones de trabajo de los investigadores en el proceso de reinserción; algunos avances en esta dirección son los trabajos aún en desarrollo de Rivero (2018) y Rivero y Trejo (2019).

Si bien todos estos trabajos son valiosos, son prácticamente inexistentes los que analizan de forma comparativa los programas de repatriación en América Latina,3 y menos aún dos casos tan emblemáticos que comparten una cierta trayectoria en el tiempo (29 años México y 20 años Argentina). En efecto, son dos de los programas en vigencia que mayor tiempo de consolidación tienen en la región e incluso poseen experiencias programáticas previas de repatriación.4 Otro criterio que justifica la comparabilidad entre los casos argentino y mexicano, es que según datos suministrados por la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT) (2016), son dos de los países –junto a Brasil– que mayor inversión en I+D realizan en la región (Sánchez y Osorio, 2017). Asimismo, han tenido en distintos momentos de su historia flujos emigratorios de personal altamente calificado, que los condujo a diseñar políticas de recuperación como eje estratégico para aumentar sus capacidades de investigación científico-tecnológicas.

Este trabajo permite avanzar en la construcción de un diagnóstico vinculado al estado actual de los programas, pero principalmente en la reflexión acerca del sentido que tienen las repatriaciones en la definición de una política nacional de ciencia y tecnología. Comparar estos casos también permite mejorar –en clave comparada, respetando las propiedades fenomenológicas, homogéneas, plurales y globales (Caballero, Manso, Matarranz y Valle, 2016) de ambos países– las escasas discusiones disponibles en materia de repatriación a nivel latinoamericano.

Para esta primera aproximación comparativa de los programas de repatriación, nos centramos, por una parte, en la política científica y tecnológica nacional en la que se enmarcan las repatriaciones de ambos países. Esta dimensión refiere a las razones políticas y socioeconómicas por las que tanto México como Argentina deciden repatriar. En esta dirección, interesa identificar la orientación y los mecanismos de gobernanza vinculados a las diásporas que residen en el exterior, principalmente en lo referente a las repatriaciones. Para la comprensión de los instrumentos disponibles para las repatriaciones analizamos la estructuración de ambos sistemas académicos. En tal sentido, ponemos especial énfasis en cómo se ubican en este sistema los “investigadores al inicio de sus carreras académicas”, el perfil que mayormente repatrian los programas y del que, en general, poco se ha investigado tanto en Argentina como en México.

Por otra parte, presentamos cada uno de los casos respondiendo a las preguntas: ¿Qué instrumentos existen para las repatriaciones? ¿A cuántos, desde y hacia dónde repatriar? Con estas herramientas analizamos comparativamente las principales regiones geográficas, continentes, países de proveniencia y lugares de relocalización de los científicos argentinos y mexicanos.

Para el análisis exploratorio y comparativo de los programas de repatriación, se construyó un objeto comparable en cuanto a temporalidad, por lo que delimitamos el periodo 2004-2015 para ambos países. Asimismo, privilegiamos fuentes de información secundaria. Para el caso argentino, contamos con la nómina de repatriados que comprende el periodo 2004-2015 (MINCyT, 2015), normativas del RAÍCES (Ley N° 26.421, documentos institucionales del CONICET y del MINCyT (convocatorias o informes como el Plan Argentina Innovadora 2020), así como decretos del ejecutivo. Para el caso mexicano, utilizamos principalmente las fuentes de datos producidas por el CONACyT (resoluciones, convocatorias, informes, memorias institucionales), que es el organismo encargado de asesorar al presidente de la República en la fijación, instrumentación, ejecución y evaluación de la política nacional de ciencia y tecnología del país en general y del programa de repatriación en particular (Martínez y García, 2019).

El artículo se estructura en cinco apartados. Aparte de esta introducción, esbozamos en una segunda sección algunas consideraciones teóricas. En un tercer apartado, reflexionamos sobre la política nacional de repatriaciones, identificando cada uno de sus instrumentos y cómo éstos se vinculan con los sistemas académicos de cada uno de los países. En la cuarta sección se presentan a modo descriptivo los casos, así como algunas estadísticas sobre cuántos volvieron, desde y hacia dónde. Por último, en el quinto apartado, realizamos algunas reflexiones finales sobre este primer análisis exploratorio, planteando los aportes que nos ofrece el trabajo comparativo.

El debate teórico de la migración calificada

En la literatura acerca de la migración calificada y la movilidad académica de científicos e investigadores existen varios debates a nivel académico y político. En la discusión se ha ido abandonando el concepto de “fuga de cerebros” (brain drain) para reemplazarlo por la noción de “circulación de cerebros” (brain circulation) e “intercambio de cerebros” (brain exchange) (Gaillard y Gaillard, 1998; Meyer, 2011; Pellegrino, 2001, 2013). Mediante este giro, el pesimismo y la preocupación acerca de la migración calificada Sur-Norte se ha transformado en un cierto optimismo que sustituye la noción de pérdida por la de ganancia (Delgado Wise, 2014).

Desde esta perspectiva, se considera que el conocimiento es beneficioso para todas las partes, pues las redes de contacto que se generan desde el país de origen con los científicos e investigadores residentes en el exterior producen sinergias que potencian el desarrollo del país de origen, sin importar dónde cómo, en qué y para quién trabajen (Delgado Wise, 2014, p. 7). Para este autor, ninguno de los supuestos en los que se sustenta este optimismo de los promotores de la “circulación de cerebros o el “intercambio de cerebros” tiene asidero en la realidad del capitalismo contemporáneo. Lo que no implica, subraya, que estas nociones deban ser totalmente desestimadas; por el contrario, es necesario hacer explícitos sus supuestos, buscando los mecanismos para que puedan cumplirse y que ello pueda beneficiar el desarrollo nacional de los países de origen. Asimismo, puede resultar un referente particularmente útil para el diseño de políticas públicas en materia de ciencia y tecnología (Delgado Wise, 2014).

En la misma dirección que Delgado Wise (2014), recuperamos algunos planteamientos de Pellegrino (2013) acerca de que el debate entre el brain drain versus brain circulation o brain exchange implica una discusión equivoca (p. 20).5 En tal sentido, las políticas que se proponen varias naciones buscan superar o compensar las pérdidas por la emigración, centrándose en la movilidad y el intercambio de los recursos humanos altamente calificados entre países del sur y los países desarrollados. Así, cuando los Estados incorporan líneas de acción con las “diásporas científicas” (asumiendo que una gran parte de los científicos que se encuentran el exterior no van a retornar) se busca convertir a los migrantes en nexos entre redes locales y las redes globales de desarrollo científico y tecnológico, en agentes individuales o grupales de transferencia de conocimiento y de tecnología (Pellegrino, 2013, p. 20). En este sentido, tanto para Pellegrino (2001, 2013), como para Delgado Wise (2014), no existe un modelo ideal a proponer en el diseño de políticas, sino que es necesario incorporar propuestas que se adapten a la corriente migratoria y al contexto temporal donde se producen, analizando cada experiencia nacional de forma situada.6

Política nacional de repatriaciones en el marco de los sistemas académicos argentino y mexicano

Perspectiva del Estado: ¿por qué los gobiernos implementan políticas de recuperación de científicos?

Bajo el supuesto de que la emigración de talentos perjudica el desarrollo económico y social de las nacionales de la región, la “pérdida” de capital humano es la principal preocupación de los distintos gobiernos latinoamericanos (Oteiza, 1965, 1996; Pellegrino, 2001). Varios de estos países coinciden en aceptar la necesidad de mantener los programas de retorno de talentos, así como en impulsar la vinculación con las diásporas de profesionales y científicos.

En la Argentina, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT), del que depende el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), así como del CONACyT, de conformidad con lo dispuesto en la Ley de Ciencia y Tecnología de México,7 se han propuesto incrementar la capacidad científica y tecnológica para elevar el bienestar de la población en todos sus aspectos para generar una mayor inclusión social y mejorar la competitividad de la economía, bajo el paradigma del conocimiento como eje del desarrollo.

En el marco de un crecimiento sostenido del sector científico-tecnológico argentino, durante el período 2003-2015 (Beigel, 2017; Rovelli, 2017; Unzué y Emiliozzi, 2017) desde el MINCyT se creó el Plan Argentina Innovadora 2020. Entre sus ejes estratégicos se menciona al Programa RAÍCES como una de las acciones específicas para la internacionalización del sistema científico y tecnológico argentino (Plan de acción Argentina Innovadora, 2020, p. 106); asimismo, como un instrumento normativo potente, orientado a impulsar la incorporación y consolidación de recursos humanos especializados, entre los cuales se halla la reinserción (principalmente al CONICET). En concordancia con ello, en la formulación de los “Lineamientos para una política en investigación fundamental” (2017), se reconoció la necesidad de fortalecer las medidas vinculadas a los recursos humanos “alentando, entre otras cosas, el regreso de científicos argentinos radicados en el exterior. Al tiempo que plantea que se debe promover la formación de redes de dichos científicos, que ayuden a brindar un contexto internacional de apoyo a la tarea de los investigadores del país” (p. 25).

Con todo, el relanzamiento del Programa RAÍCES en el año 2003 y su posterior consolidación como política de Estado en 2008, contribuyó a que los recursos humanos altamente calificados radicados en el exterior consideraran atractiva la posibilidad de retornar a la Argentina. Según Unzué y Emiliozzi (2017) existen dos etapas de la gestión “kirchnerista” en relación con la ciencia y la tecnología: una primera (2003-2007), de incremento de los fondos destinados al área (explicado por una significativa recomposición de la posición fiscal del Estado) y una segunda (2007-2015), de maduración del sector, cuando se decidió elevar a rango ministerial a la secretaría del área y donde se promulgaba que la ciencia y la tecnología eran fundamentales para la creación de riqueza y la mejora de la calidad de vida de las sociedades. Fue en esta segunda etapa que el gobierno buscó situar a la política científica (entre ellas las repatriaciones) como un factor para el crecimiento económico y social. Para Rivero (2019), esta cuestión es de suma importancia en la medida que el crecimiento sostenido del sector fue percibido por muchos repatriados como un elemento que vislumbraba un contexto favorable de retorno.

De acuerdo con Martínez y García (2019), la política nacional en ciencia y tecnología mexicana, regida en gran medida por el CONACyT, tiene entre sus ejes estratégicos fundamentales promover una sociedad del conocimiento que tenga como principal objetivo establecer a la ciencia como piedra angular en el desarrollo de las naciones. Así, para aumentar sus capacidades de investigación, el Estado mexicano se propone incrementar la población que ostente un posgrado, mediante la “política de formación y fortalecimiento del capital humano de alto nivel” y dentro de esta podemos ubicar el Programa de Repatriaciones y Retenciones del CONACyT (García-Pascacio, 2018).

La política nacional mexicana vinculada a las repatriaciones ha evidenciado un interés por aprovechar a sus diásporas profesionales formadas fuera del país, impulsando de este modo la retención y repatriación de investigadores mexicanos que trabajen en el extranjero, así como las estancias científicas de alto nivel (García-Pascacio, 2018). Como consecuencia, desde la década de los noventa se implementaron varios programas para conservar a los recursos humanos altamente calificados; desde el programa de retenciones y repatriaciones del CONACyT hasta otros mecanismos de preservación de talentos y atracción de científicos extranjeros como las cátedras patrimoniales (Izquierdo, 2013 y 2016).

Concretamente, el programa de repatriaciones mexicano formó parte de una estrategia más amplia a nivel nacional (Castaños-Lomnitz, 2004), en la medida que los esfuerzos por impulsar las innovaciones en ciencia y tecnología de la nación coincidían con la movilidad de estudiantes en el extranjero, fomentada no sólo por la internacionalización de la educación superior a nivel mundial, sino también por una etapa en la que la mayoría de las becas para cursar un posgrado se otorgaban para hacerlo en destinos extranjeros.

En un sentido general, podría decirse que la creación de ambos programas obedece a la intención de remediar la fuga de cerebros. En la Argentina, las políticas hacia los investigadores residentes en el exterior –sea para fomentar su retorno, sea para intensificar sus vinculaciones con el país– han sido llevadas adelante por gobiernos democráticos. Al principio, se adoptaron iniciativas dirigidas a investigadores emigrados que habían dejado el país como consecuencia de la implementación de las dictaduras de 1966 y 1976 (Luchilo, 2015, p. 159). En este aspecto, es posible inferir que el RAÍCES se implementa no precisamente para recuperar a estos perfiles emigrados de la dictadura, pero sí para que regresen los investigadores que habían sido expulsados por distintas convulsiones económicas, políticas y sociales: la crisis de la hiperinflación en 1989, pero principalmente la crisis del “Corralito” de 2001. Aunque se deben señalar los efectos de la globalización, sumados al cada vez mayor carácter internacional de la ciencia y las universidades, que han conducido a que muchos argentinos decidieran formarse al extranjero sin perjuicio de un contexto “expulsor”.

En México ha sucedido de manera similar. Desde la década de los noventa, bajo los diversos mandatos presidenciales “priistas”, hasta los distintos gobiernos de corte “democrático” que comienzan en el año 2000, suman casi 30 años en los que se viene implementado medidas vinculadas a la repatriación de investigadores a través del CONACyT. Lo que distingue a México de Argentina es que los intentos de recuperación de sus investigadores han estado vinculados al rol que han tenido las becas para estudiar un doctorado en el extranjero. Así pues, existen evidencias que muestran un balance desproporcionado entre repatriados y becas CONACyT para estudios de doctorado en el extranjero. En efecto, los datos son bastante alarmantes si se propone evaluar las pérdidas o ganancias de población calificada.

Al inicio de los noventa, el número de repatriados era de 40 por cada 100 becas de doctorado en el extranjero, pero para el año 2016 la razón ya tan solo era de 1 repatriado por cada 100 doctorandos en el extranjero (García-Pascacio, 2018; García-Pascacio y Moctezuma, 2019; García-Pascacio, Ramírez y Yurén, 2020). Estos datos muestran con claridad que cada año regresan del extranjero menos investigadores, que los estudiantes de doctorado que se van. Esta situación es prácticamente inexistente en Argentina, en la medida que las becas doctorales otorgadas por el CONICET para formarse en el extranjero fueron disminuyendo paulatinamente hasta su definitiva eliminación en el 2007 (Beigel, 2017; Quesada y Gallardo, 2019), privilegiando una política de becas para realizar el doctorado en el país. De este modo, la formación doctoral en el extranjero ahora depende del financiamiento de organismos internacionales o bien de programas específicos de los países de destino formativo.

Definitivamente, tanto México como Argentina han mantenido una fuerte estrategia de recuperación de profesionales de alto nivel, situación que se ha visto interrumpida en el caso argentino por los gobiernos militares, e incluso los democráticos de corte neoliberal, que han favorecido el desmantelamiento del sistema científico-tecnológico en distintos periodos sociohistóricos.8 En el caso mexicano, la estrategia de recuperación de talentos ha estado más bien dirigida a estudiantes a nivel de posgrado, que han salido del país a perfeccionarse y no han retornado (García-Pascacio y Moctezuma, 2019). Una de las críticas manifestadas a estas medidas es que no se ha planteado una política con compromiso obligatorio de retorno, lo que ha terminado repercutiendo en pérdidas importantes para el país, según algunos autores (Castaños-Lomnitz, 2004). De ahí que el programa de repatriación del CONACyT haya sido criticado por ineficiente (Tigau, 2013)9 y que recientemente se ha emprendido una campaña de recortes en ciencia y tecnología que ha afectado la dotación de becas de posgrado hacia el extranjero en todos los mecanismos promovidos por el CONACYT (becas de posgrado, becas posdoctorales y paralización del programa de repatriaciones en 2019 y en lo que va de 2020).

Investigadores en la etapa temprana de la carrera académica: el perfil objetivo para repatriar por Argentina y México

En la formulación de políticas en ciencia, tecnología e innovación, los recursos humanos ocupan un lugar central para el desarrollo de economías basadas en el conocimiento (MINCyT, 2015:4). En este marco, las políticas de recuperación –en concreto las políticas de retorno de investigadores y científicos– han logrado establecer instrumentos que permiten ofrecer a los científicos en el exterior distintas alternativas para reinsertarse en su país de origen.

Este artículo propone que para un mayor entendimiento del funcionamiento de los programas es primordial comprender cómo se articulan sus instrumentos con los sistemas científicos-tecnológicos y las universidades. Es decir, conocer de qué modo se estructuran las carreras académicas y de investigación en los distintos contextos nacionales permite una mayor comprensión del funcionamiento e implementación de los instrumentos con los que cuentan los repatriados a la hora de retornar a sus países de origen. A nuestro entender, la mayoría de los instrumentos de las políticas de recuperación de científicos se encuentran vinculados al perfil de los “investigadores al inicio de sus carreras académicas” o early career researchers en su denominación en inglés.

Se debe señalar que si bien los programas también repatrían –en teoría– a investigadores con trayectorias consolidadas, para la comparación de ambos casos aquí nos referiremos en concreto al perfil de los “investigadores al inicio de sus carreras”, en la medida que –como señalamos previamente– es el perfil que mayormente repatrian los programas y del que, en general, poco se ha investigado tanto en México como en Argentina.

En Argentina, la principal fuente de financiamiento para las repatriaciones es el CONICET a través de las “Becas Internas Postdoctorales de Reinserción”, las cuales conforman la puerta de entrada de la mayoría de las repatriaciones en el caso argentino: dos terceras partes de los retornados son repatriados a través de este instrumento (MINCyT, 2015). En el caso mexicano, la oferta de repatriación se encuentra básicamente destinada a jóvenes en la etapa temprana de su carrera. Por ejemplo, en la última convocatoria para las modalidades de repatriación y retención se especifica que los candidatos han de “poseer el grado de doctor en el año 2014 o posteriores” así como “contar en su experiencia académica con un mínimo de 12 meses de estancia posdoctoral” (CONACyT, 2019). De lo cual se puede inferir que los investigadores convocados a postular corresponden al perfil de los “early career researchers”.

Como sucede con las migraciones calificadas, no existe un consenso para definir a los investigadores en la etapa temprana de su carrera académica. Bazeley (2003) los define como: investigadores en los primeros cinco años de empleo académico o relacionado con entrenamiento en investigación. Por ello, los investigadores posdoctorales entrarían en esta definición, pues acaban de doctorarse y no tienen una posición a tiempo completo (Åkerlind, 2005). Así, entendemos a los “early career researchers” o “investigadores al inicio de sus carreras académicas” como jóvenes doctores que suelen ser investigadores posdoctorales (“posdoc”) que se encuentran bajo la tutela de un investigador reconocido, especializados en un tema bien acotado y que adquieren una serie de habilidades para luego intentar conseguir una plaza dentro del campo de la investigación (Rivero, 2018, 2018a).

Las carreras de investigación en Argentina se desarrollan en las universidades y en los distintos organismos de ciencia y tecnología, como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el CONICET, entre otras destacadas instituciones (ECYT-AR, 2020),10 pero es el CONICET quien se ha establecido como el principal organismo, siendo su función principal la formación e inserción de investigadores. Además, el CONICET concentra gran parte de los recursos humanos más altamente capacitados del país (Szpeiner y Jeppesen, 2013).

En la última década y media, el CONICET ha experimentado una importante expansión institucional, presupuestaria y de recursos humanos (Gallardo, 2015), aumentando de manera considerable el número de becas doctorales y posdoctorales, así como la cantidad de investigadores a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC) (Emiliozzi, Unzué, Correa, Figueiredo y Romé, 2015). Las categorías de investigación en orden ascendente de jerarquía dentro del CONICET son: becarios (doctorales y posdoctorales, 5 y 2 años de duración respectivamente) e investigadores de planta permanente: asistente, adjunto, independiente, principal y superior, estos últimos son una pequeña proporción del total. Por otra parte, el programa de becas doctorales y posdoctorales, que constituye la base para el ingreso a carrera CIC, se convirtió en un factor clave para el desarrollo de la institución: en el año 2004 el número de becarios/as se septuplicó, pasando del ingreso anual de 200 a 1400 jóvenes, y alcanzando en 2014 a 9507 becarios/as (Jeppesen et. al., 2016, p. 2)

El caso mexicano, por su parte, tiene un sistema educativo de nivel superior conformado por universidades públicas y privadas, institutos tecnológicos y educación normal (Gil, 2015; OECD, 2019). Todos ellos se encuentran adscritos a la Secretaría de Educación Pública (SEP). El cuerpo académico nacional desarrolla labores científicas desde cualquiera de estas instituciones; no obstante, mientras que la SEP se encarga de validar las formaciones en los diversos niveles educativos, el CONACyT administra el desarrollo en ciencia y tecnología de México.11 El CONACyT tiene diversas funciones, entre las que están: el financiamiento de los centros de investigación adscritos a él, el proporcionar una serie de estímulos económicos, que van desde el financiamiento de proyectos de investigación hasta el subsidio de las becas para cursar posgrados o realizar estancias posdoctorales tanto nacionales como extranjeros o los programas de consolidación institucional (en donde entrarían las retenciones y repatriaciones del país) (Martínez y García, 2019). Cabe mencionar que en la convocatoria de estancias posdoctorales de 2019 se excluyeron las propuestas para realizar estancias en las universidades privadas. Este hecho marcó un hito en la postura gubernamental de ciencia y tecnología, dejando de lado a las instituciones de educación privadas para subsidiar estancias posdoctorales (CONACyT, 2020).

En referencia a cómo estructuran los científicos sus trayectorias académicas en el país, cabe señalar que éstos pueden desarrollar sus labores académicas en cualquiera de las instituciones arriba mencionadas, pero el eje que determina el reconocimiento económico y de prestigio en su carrera académica es la adscripción al Sistema Nacional de Investigadores (SNI, de ahora en adelante). El SNI es un criterio de distinción académica en México y cuenta con cinco niveles, siendo el de “candidato” el más bajo y el de “emérito” el más alto. El SNI tiene como fin complementar el salario de los investigadores en México para retenerlos en el país, de ahí que reciban un incentivo económico mensualmente. Ser parte de este sistema implica realizar actividades académico científicas, que varían desde realizar publicaciones de manera periódica y en revistas indexadas, formar a recursos humanos a través de la docencia o dirigir trabajos de tesis. Se podría decir que el capital humano reconocido por el SNI es considerado como el núcleo de la investigación científica en México, de manera que se considera que cuando aumenta el número de miembros en el SNI se fortalece el capital humano nacional (García-Pascacio, 2018, p.80). Al igual que en el caso de las estancias posdoctorales, el actual gobierno (presidencia 2019-2024) ha revelado una política de austeridad que ha reducido la financiación para el desarrollo científico del país. En relación con el SNI, a inicios de 2020 los académicos de diversas instituciones de educación superior privadas dejaron de recibir el estímulo económico hasta que llegaron a un acuerdo con el CONACyT.12

La adscripción al SNI puede presentar dificultades para aquellos científicos que trabajan en universidades donde, a diferencia de los centros de investigación del CONACyT, están obligados a realizar una carga docente. Así, la trayectoria investigativa de un científico en México puede variar entre quienes se adscriben a los centros de investigación del CONACyT y quienes trabajan en las universidades privadas o públicas que suelen estar sobrecargados de las funciones docentes de los científicos. En esta dirección, Collado, et. al (2015) plantean que en el monitoreo del programa de repatriaciones producido en 2001, se identificó que los repatriados tenían dificultades para ingresar al SNI y para Castaños-Lomnitz (2004) sólo uno de cada cinco becarios que obtuvieron un doctorado en Estados Unidos ingresó al SNI.

En síntesis, quizá la diferencia más notable entre ambos casos en lo vinculante a los sistemas académicos y los instrumentos de repatriación, sea que el grueso de las repatriaciones en Argentina se producen en el organismo más importante en materia de ciencia y tecnología del país, el CONICET; mientras que México posee una mayor diversidad, en la medida que una parte importante de las reinserciones puede producirse en las universidades, por fuera de los centros de investigación del CONACyT que son los únicos que tienen como tarea principal la investigación, excluyendo de sus funciones la docencia y la gestión.

Los programas de repatriación en Argentina y México: principales características

Presentación de los casos

El RAÍCES es un programa de vinculación y de retorno, cuyo principal objetivo es fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas por medio del desarrollo de políticas de vinculación con investigadores argentinos residentes en el exterior, así como promover el retorno de aquellos interesados en desarrollar sus actividades profesionales en la Argentina (Ley N° 26.421). Si bien el programa RAÍCES promueve la vinculación entre investigadores argentinos residentes en el país y en el extranjero (debido a que la Argentina cuenta con varios antecedentes históricos de “fuga de cerebros”), en el plano discursivo la repatriación es el componente de mayor visibilidad y más destacado por el propio programa, cuyo propósito es “recuperar” y retener a personal altamente calificado (Luchilo, 2015).

El origen del programa RAÍCES se remonta al año 2000, cuando se retoma la experiencia del Programa Nacional para la Vinculación con Científicos y Técnicos Argentinos en el Exterior (PROCITEX) de la década de 1990, centrado en la promoción del retorno y la vinculación con los científicos argentinos del exterior.13 El resurgimiento del RAÍCES, al igual que sucedió con el PROCITEX, tuvo que interrumpirse debido a limitaciones presupuestarias producto de la crisis económica argentina de 2001 (Luchilo, 2015). Es en 2003 que empieza a consolidarse en términos institucionales, hasta convertirse en 2008 en una política de Estado, a partir de la Ley N° 26.421. Como resaltamos en líneas precedentes, este proceso se da en un contexto de sostenido aumento de los recursos destinados a la ciencia y tecnología, que se manifiesta en una importante apertura de plazas de investigación, principalmente en el CONICET (Luchilo, 2015), principal organismo reclutador del programa.

Al momento de su relanzamiento en el 2003, el Programa RAÍCES estuvo a cargo de la Dirección de Relaciones Internacionales de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación, para después del 2007 pasar la gestión del programa a la órbita del MINCyT (Decreto N° 21/2007).14 En la actualidad, no existe ningún programa de repatriación y vinculación en América Latina que posea el estatus de ley como “política de Estado”. Si bien este es uno de los elementos que podría situar al programa como una política de repatriación “exitosa” con relación a otras experiencias latinoamericanas, quedan retos por resolver sobre todo en lo referente a la implementación de sus instrumentos (Rivero y Trejo, 2019).

Por su parte, el programa de repatriaciones del CONACyT busca que los perfiles altamente calificados de origen mexicano retornen para contribuir al desarrollo de la ciencia y tecnología en México. Su objetivo central es incorporar a investigadores mexicanos residentes en el extranjero a centros de investigación e instituciones mexicanas de Educación Superior, con el fin de fortalecer a grupos de investigación, consolidar los programas de formación de investigadores y vincular la capacidad científica con los sectores público, privado y social (CONACyT, 2019). Asimismo, existe una apuesta deliberada por fortalecer también el posgrado nacional e internacionalizar las instituciones de investigación superior por medio de las redes académicas que han construido los repatriados en el exterior, más allá de que la vinculación y la circulación del conocimiento hayan sido tradicionalmente gestionadas a través de la Red Global de Talentos Mexicanos y gestionado por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).15

Las repatriaciones junto a las retenciones del CONACyT son los instrumentos (desde 2015) del Programa “Apoyos para la Incorporación de Investigadores Vinculada a la Consolidación Institucional de Grupos de Investigación y/o Fortalecimiento del Posgrado Nacional”. A lo largo de 29 años, el nombre del programa ha variado. Cuando surge en 1991, su nombre era “Programa para Retener en México y Repatriar a los investigadores mexicanos”. En ese entonces el programa se inscribió en el Programa de Apoyo a la Ciencia en México (PACIME).

Tanto las retenciones como las repatriaciones eran destinadas para mexicanos, pero en 2014 la vía de retención amplió su población objetivo, incluyendo a doctores extranjeros (CONACyT, 2014) y proporcionando apoyos financieros adicionales a investigadoras con hijos que sean jefas de familia. Asimismo, inicialmente el programa priorizaba la consolidación de la línea de investigación de los repatriados, sin embargo, después de un monitoreo acerca del funcionamiento del programa (Collado, et. al., 2015), se decidió fortalecer institucionalmente a grupos de investigación y los programas de posgrado.

Con todo, tanto el caso mexicano como el argentino se caracterizan por potenciar fuertemente sus líneas de acción vinculadas a la repatriación, dejando la vía de la vinculación (diásporas) de una forma más explícita plasmada en la legislación nacional en un caso (Argentina) y de forma más implícita en el otro (México), pues no se incluye este aspecto dentro de los objetivos de las convocatorias que hemos revisado, pero creemos que indirectamente interesa la vinculación.

Destinos y orígenes de los repatriados de Argentina y México

Con referencia a la información estadística de ambos programas, contamos con datos producidos en distintos periodos. En el caso mexicano, desde 1991 hasta el 2015,16 mientras que en el argentino desde 2004 a 2015. Con el fin de comparar ambos países en un mismo periodo, delimitamos temporalmente el periodo 2004-2015 trabajando con los datos a los que hemos podido acceder para la comparación. Así, para este periodo México repatrió 979 investigadores, mientras que Argentina un promedio de 1.100.17

En el caso argentino, la mayoría se ha reinsertado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y Gran Buenos Aires (55%), Santa Fe y Córdoba (21%) y un 24% en el resto de las provincias del país. En el caso mexicano, los repatriados se han adscrito mayoritariamente a institutos de educación superior en la Ciudad de México (29%), Estado de México (7%), Nuevo León (8%), Puebla (6%) y Veracruz (4%).

En las Figuras 1 y 2 se muestran los repatriados por continente para ambos países. Se observa un porcentaje mayor de repatriados mexicanos que se formaron en destinos europeos, mientras que los repatriados argentinos se forman más en países americanos. Al analizar comparativamente, se han de considerar las diferencias poblacionales de ambos países (México 120 millones y Argentina 44 millones), su posición geográfica, la política nacional del desarrollo de ciencia y tecnología, los antecedentes históricos, así como los contextos poblaciones y migratorios de ambos países.

Considerando el continente de formación de los repatriados, los datos revelan ciertas similitudes para ambos países. Los repatriados mexicanos desde Europa alcanzan casi un 60%, mientras que los argentinos un 40%. Por el contrario, los repatriados mexicanos desde América ocupan un porcentaje menor, 46%, mientras que los argentinos un 54%.

Figura 1. Distribución porcentual de repatriados a México según continente, 2004-2015.

Fuente: Elaboración propia datos del CONACyT (2015) y del MINCyT (2015).

Figura 2. Gráfica 2. Distribución porcentual de repatriados a Argentina, según continente, 2004-2015.

Fuente: Elaboración propia datos del CONACyT (2015) y del MINCyT (2015).

Los principales países europeos donde se formaron los repatriados argentinos son: España, Francia, Alemania, Reino Unidos e Italia. En el caso mexicano son básicamente tres: España, Francia, Reino Unido, y Alemania también es importante, aunque algo lejos de los tres primeros (ver Figura 3). Justamente en este aspecto salen a la luz algunos antecedentes migratorios de Argentina con España e Italia. La selección de estos países puede deberse a la larga tradición de “migración transgeneracional”, es decir, una gran parte de argentinos tiene pasaporte europeo debido a sus ancestros, principalmente italianos y españoles (Rivero, 2019). La selección de Estados Unidos para los mexicanos puede estar vinculada a la cercanía geográfica y por ser el principal destino de movilidad estudiantil de nivel universitario.

Figura 3. Distribución porcentual de repatriados Argentina y México, según país europeo, 2004-2015

Fuente: Elaboración propia datos del CONACyT (2015) y del MINCyT (2015).

En la Figura 4 presentamos la distribución porcentual de los repatriados para México y Argentina, según el país americano de residencia antes de la repatriación. Para ambos países, es sumamente importante Estados Unidos como país de formación de los repatriados (83% para los mexicanos y un 73% para los argentinos). Sin embargo, Canadá concentra gran parte de las repatriaciones mexicanas. En cambio, Argentina tiene mayor diversidad (tal como ocurría en el caso anterior, por país europeo): después de Estados Unidos, se presentan porcentajes notables de Brasil, Canadá y México. Finalmente, destaca un mayor porcentaje de repatriados argentinos formados en México que de mexicanos repatriados formados en Argentina.

Figura 4. Distribución porcentual de repatriados Argentina y México, según país americano, 2004-2015

Fuente: Elaboración propia datos del CONACyT (2015) y del MINCyT (2015).

En cuanto al papel que cumple Estados Unidos como país con fuertes políticas de atracción de personal altamente calificado, se conoce que tradicionalmente ha sido el país líder en atraer estudiantes extranjeros de todo el mundo. Después de graduarse, muchos estudiantes obtienen una visa H1B (“highly-skilled visas”) para trabajo temporal, lo que contribuye a que tres cuartas partes de los estudiantes de doctorado extranjeros permanezcan en el país después de graduarse (Chiswick, 2011 en Tigau, 2013). Con Canadá ocurre algo similar. Sus políticas de reclutamiento para trabajadores calificados se dividen en tres programas: “Federal Skilled Worker Program”, “Federal Skilled Trades Program” y el “Canadian Experience Class”. De estos tres, el “Federal Skilled Worker Program” da peso a la calificación a través de un sistema de puntos, en el que el grado educativo pesa una cuarta parte del puntaje total (máximo cien), calculado sobre la siguiente base: 1) Educación (25); 2) Habilidad en inglés o francés (24); 3) Experiencia laboral (21); 4) Edad (10); 5) La oferta de un empleo en Canadá (10); 6) Adaptabilidad (10). Así, las personas que obtienen arriba de 67 puntos son elegibles para otorgarles residencia permanente (Tigau, 2013, p. 45). Todo junto, nos lleva a concentrar la mirada no sólo en los factores que “expulsan” (o que no atraen) a los científicos de sus países de origen, sino también en las políticas de atracción o reclutamiento de los países del Norte (Vessuri, 2007).

Instrumentos de repatriación en Argentina y México

En la actualidad, el programa RAÍCES posee cuatro instrumentos de repatriación: a) Proyectos de Investigación y Desarrollo para la Radicación de Investigadores (PIDRI); b) Subsidio de Retorno RAÍCES (pasajes y mudanza de enseres); c) Becas posdoctorales de reinserción del CONICET y d) Convocatoria especial de Ingreso a la Carrera del CONICET. Por su parte, México posee un programa amplio, denominado “Apoyos para la Incorporación de Investigadores Vinculada a la Consolidación Institucional de Grupos de Investigación y/o Fortalecimiento del Posgrado Nacional”, el cual aglutina dos modalidades: las repatriaciones y las retenciones. Las retenciones están dirigidas a investigadores/as mexicanos/as y extranjeros/as residentes en el país (extranjeros desde el 2014), mientras que las repatriaciones a investigadores/as mexicanos/as con residencia en el extranjero (CONACyT, 2019)

Ambos programas explicitan que sus postulantes deben demostrar experiencia acreditable en investigación de al menos un año para el caso mexicano y dos para el caso argentino. Lo que los diferencia es que México solicita de manera explícita que sean doctores y tengan al menos un año de entrenamiento posdoctoral,18 mientras que Argentina no incluye en sus requerimientos la experiencia del posdoctorado, pero sí acreditación de una vinculación institucional con una universidad o instituto de ciencia y tecnología en el extranjero.

El RAÍCES en su inciso e) del Artículo 2 formula que uno de los objetivos del programa es “Facilitar el retorno al país de aquellos investigadores, tecnólogos y profesionales altamente capacitados que deseen reintegrarse y continuar su actividad profesional en instituciones del país”, lo que pone de manifiesto que el perfil a repatriar no es tan claro como en el caso mexicano; no sólo queda implícito el hecho de que pueden o no ser doctores, sino que plantea un perfil mucho más heterogéneo y con interrogantes: ¿quiénes entrarían en la categoría de “investigador”? ¿Quiénes en la categoría de “tecnólogo”? ¿Quiénes en la categoría de “profesionales altamente capacitados”?

Una forma de desagregar la amplitud de los perfiles mencionados en los documentos normativos es observar quiénes son los destinatarios de los instrumentos. Para el caso argentino, tanto los proyectos PIDRI (instrumento A), que son subsidios que otorga la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCYT) y el ingreso a Carrera del Investigador Científico (CIC Exterior) (instrumento D), son las vías de acceso principales para investigadores con trayectorias consolidadas. Aunque, se debe señalar, el ingreso a carrera CONICET también es una opción para los que se postulan a las Becas Internas Postdoctorales del CONICET (instrumento C), en la medida que los postulantes a dichas becas deben (en realidad están obligados) a postularse de forma simultánea a ingreso a CIC. La intención de esa simultaneidad en las postulaciones es para que los beneficiarios antes de la efectivización de su cargo a planta permanente (instrumento D), puedan efectuar un entrenamiento posdoctoral (de dos años de duración). Claramente, efectivizar ese cargo es una de las mayores aspiraciones de los jóvenes doctores, en la medida que el candidato pasaría a formar parte del organismo de ciencia y tecnología más importante del país.

En el caso mexicano, una vez que el investigador ha concluido su formación posdoctoral de un año, la institución receptora se compromete a completar con un incentivo económico adicional el sueldo de becario CONACyT durante los doce meses que participa en el programa de repatriación. No obstante, dicha institución no está obligada a contratar definitivamente al repatriado al transcurrir los 12 meses acordados con el CONACyT.

Por otra parte, en el caso argentino es el CONICET la principal fuente de financiamiento del RAÍCES a través de las “Becas Internas Postdoctorales de Reinserción”, las cuales conforman la puerta de entrada de la mayoría de las repatriaciones: dos terceras partes de los repatriados retornan a través de este instrumento (MINCyT, 2015). En cuanto a las repatriaciones mexicanas, es el propio CONACyT quien financia y tiene la potestad de gestionar, implementar y evaluar el programa en su conjunto.

Las reinserciones a los países de origen también cuentan con ayudas adicionales vinculadas al traslado, ya sea mudanza de enseres (personales y vinculados al ámbito laboral), financiamiento para pasajes de avión, eximición de tasas aduaneras de la mudanza e incluso apoyo en los casos que los beneficiarios tengan parejas académicas. En el caso mexicano, por ejemplo, se les otorga a los beneficiarios hasta 1,670 dólares para pasajes y menaje (éstos pueden recibirse por una única ocasión, antes de comenzar la repatriación en la institución de acogida y son adicionales al pago mensual que les otorga CONACyT), pero estas ayudas adicionales no conforman en sí mismas un instrumento como en el caso argentino. En este sentido, el “Subsidio de Retorno RAÍCES” (instrumento B) funciona de forma autónoma, pudiéndose optar por él de forma independiente o compatibilizándolo con el resto de los instrumentos (A, C y D), de ahí que un repatriado argentino pueda beneficiarse de dos instrumentos en simultáneo.

Consideraciones finales

En este trabajo se investigó de forma exploratoria y comparativa el Programa RAÍCES (Argentina) y el Programa de Repatriaciones del CONACyT (México). Gracias a que ambos casos comparten ciertas propiedades que permiten la comparación (Caballero, et. al., 2016), a lo largo del artículo se han podido entrever algunas semejanzas y diferencias en el desarrollo y consecución de los programas de repatriación.

Por una parte, se indagó acerca de las razones por las que ambos países repatrían investigadores como parte de sus políticas nacionales en ciencia y tecnología. En este sentido, los programas de repatriación tienen distintos recorridos sociohistóricos desde sus diseños hasta sus implementaciones, pero coinciden en que su propósito es remediar la “fuga de cerebros” y recuperar recursos humanos altamente calificados para incrementar las capacidades de investigación de sus sistemas científicos-tecnológicos.

Ambos países coinciden en que la emigración de “talentos” resulta perjudicial para su desarrollo económico y social. De ahí que hayan procurado compensar las pérdidas por la emigración altamente calificada, implementando dos vías de acción: las de retorno, fruto de la “fuga de cerebros (brain drain), y las de vinculación que están asociadas a nociones como “circulación de cerebros” (brain circulation) e “intercambio de cerebros” (brain exchange). Si bien lo que aquí nos ocupa son las repatriaciones, se debe señalar que los Estados implementan las redes de vinculación cuando han asumido que una parte de sus científicos residentes en el exterior no van a volver a sus países de origen. Nuestro posicionamiento teórico a lo largo de este artículo fue que la rivalidad entre ambas posiciones teóricas es equivoca, en la medida que no hay un modelo ideal a proponer en el diseño de políticas, más bien se han de hacer propuestas en función a los contextos y perfiles migratorios de cada realidad nacional.

Por otra parte, inferimos que el RAÍCES se implementa no precisamente para recuperar a científicos emigrados de la dictadura, pero sí a investigadores expulsados por distintas crisis económicas, políticas y sociales: el contexto más llamativo en este aspecto ha sido el de la crisis del “Corralito” de 2001. De todas formas, los efectos de la globalización se han sumado al cada vez mayor carácter internacional de la ciencia y las universidades, lo que ha conducido a que muchos argentinos decidieran formarse en el extranjero sin perjuicio de un contexto “expulsor”.

En el caso mexicano, las evidencias muestran un balance desproporcionado entre los repatriados y las becas CONACyT para estudios de posgrado en el extranjero; de ahí que los intentos de recuperación de investigadores hayan estado dirigidos básicamente a este perfil. Como pone de relieve García-Pascacio (2018) y García-Pascacio y Moctezuma (2019), al inicio de los noventa el número de repatriados era de 40 por cada 100 becas de doctorado en el extranjero, pero para el año 2016 la cantidad bajó de 1 repatriado por cada 100 doctorandos en el extranjero. Una de las críticas manifestadas a estas medidas es que se crea un programa de repatriación casi dirigido especialmente a becarios de posgrado, pero al mismo tiempo no existe una política manifiesta de compromiso obligatorio de retorno, lo que termina repercutiendo en pérdidas importantes para el país, según algunos autores (Castaños-Lomnitz, 2004).

En Argentina, la discusión del impacto de las becas de doctorado para estudiar en el extranjero casi es inexistente, debido a que este tipo de becas fueron disminuyendo paulatinamente hasta su definitiva eliminación en el 2007 (Beigel, 2017; Quesada y Gallardo, 2019), pasando a privilegiar una política de becas para realizar el doctorado en el país. De este modo, en la Argentina la formación doctoral en el extranjero ahora depende del financiamiento de organismos internacionales o bien de programas específicos de los países de destino.

También realizamos una breve exploración de los sistemas académicos mexicano y argentino para comprender cómo se articulan las carreras académicas y de investigación con los instrumentos de repatriación. Así, la relación entre instrumentos de repatriación y carreras académicas permite conocer las distintas variantes bajo las cuales pueden ser reinsertados los investigadores. Revisando cada uno de los instrumentos disponibles y las distintas alternativas con las que cuentan los repatriados al momento de su reinserción al país de origen, concluimos que los investigadores convocados a postular a los programas corresponden –en general– a los “investigadores al inicio de sus carreras” (early career researchers), el perfil que mayormente repatrian los programas y del que, en general, poco se ha investigado tanto en México como en Argentina; lo que puede suponer una importante línea de indagación para el futuro.

Una diferencia sustancial entre ambos programas es la capacidad institucional de acoger a los repatriados en diversos momentos de la trayectoria académica, pues el caso argentino considera tanto a investigadores consolidados como a aquellos en la etapa temprana de la carrera académica, mientras que el caso mexicano sólo incluye a este último perfil. Así, la demanda para la repatriación de ambos casos es principalmente de jóvenes doctores, sobre todo investigadores posdoctorales. Esto muestra que la reinserción de los investigadores coincide con una etapa crucial de la carrera académica, en la medida que en esta fase deben adquirir una serie de habilidades para luego intentar conseguir una plaza dentro del campo de la investigación, la mayor aspiración de un/a joven doctor/a o “posdoc” (Åkerlind, 2005; Rivero, 2018).

En esta dirección, se debe señalar que una de las diferencias más destacables entre ambos programas se encuentra vinculada a las funciones que realizan los repatriados al momento de reinsertarse en una universidad o instituto de ciencia y tecnología. El CONICET, al ser la principal fuente de financiamiento del RAÍCES a través de las “Becas Internas Postdoctorales de Reinserción”, se constituye como la puerta de entrada de la mayoría de las repatriaciones: dos terceras partes de los repatriados retornan a través de este instrumento (MINCyT, 2015). En el caso mexicano, si bien las repatriaciones son financiadas y repatriadas por el propio CONACyT, una parte importante de las reinserciones pueden producirse en universidades e institutos, por fuera de los centros de investigación del CONACyT que son los únicos que tienen como tarea principal la investigación (como el CONICET), lo que a veces repercute en que los repatriados tengan una mayor carga en docencia y gestión (Collado, et. al, 2015).

Gracias a una delimitación temporal similar (2004-2015), analizamos comparativamente las principales regiones geográficas, continentes, países de proveniencia y lugares de relocalización de los científicos argentinos y mexicanos. Una de las conclusiones coincide con lo planteado ya en otros trabajos sobre emigración de científicos desde América Latina: la mayoría proviene de países con mayor desarrollo científico y tecnológico. Para ambos países destaca de manera considerable Estados Unidos, siendo Europa el segundo continente en importancia: Reino Unido para los mexicanos y Francia para los argentinos.

Si bien este trabajo permite avanzar en la construcción de un diagnóstico vinculado al estado actual de los programas, principalmente en la reflexión acerca del sentido que tienen las repatriaciones en la definición de una política nacional de ciencia y tecnología, quedan varias preguntas y posibles líneas de indagación para el futuro. En este aspecto, los análisis sobre los programas de repatriación que se han realizado hasta el momento no consideran las percepciones de los retornados, las dificultades de adaptación que han experimentado al volver, la recepción institucional de los sitios en donde se adscriben al volver o si han realizado otras migraciones una vez que han sido repatriados porque no estaban satisfechos con lo que encontraron en sus países.

Otro aspecto importante a analizar es el estudio de las brechas de implementación y de eficacia (Czaika y de Haas, 2013) de las políticas de retorno para científicos, pues muchas veces se observa un excesivo énfasis en el plano discursivo y normativo que plantea definiciones borrosas de la efectividad de las políticas. De acuerdo con Didou (2010), en los análisis de las políticas de repatriación y vinculación suelen primar estudios provenientes de organizaciones gubernamentales, lo que implica miradas preliminares y reflexiones sesgadas sobre el fenómeno de las movilidades internacionales, por lo que es necesario incorporar trabajos académicos que permitan avanzar en ese vacío de conocimiento.

Por último, se necesita ahondar en la estructuración de las carreras científicas y su relación con las migraciones, ya que ha sido un tema poco trabajado en América Latina, a pesar de toda la literatura existente sobre la fuga de cerebros (Rivero, 2018). Ahondar en estas cuestiones puede suponer un aporte para poder repensar futuras estrategias de desarrollo científico que tomen en cuenta la movilidad internacional como una variable importante en la estructuración del sistema científico y tecnológico nacional.

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1 Si bien expresiones como “expatriados/repatriados” responden a un sesgo del nacionalismo metodológico, en tanto la categoría refiere a “volver a la patria”, aquí se utiliza “repatriado/a” como categoría nativa, en la medida que así son denominados los retornados por los programas de retorno para personal altamente calificado tanto en Argentina como en México.

2 Al respecto, cabe resaltar que desde mediados de los ochenta, los programas de becas al extranjero auspiciadas por el CONACyT han ido disminuyendo con miras a fortalecer los posgrados nacionales, pero ello no ha logrado evitar el atractivo que supone formarse en el extranjero. Además, porque en cuestión de financiación de estudios en el extranjero, no todos los mexicanos que se forman fuera del país lo hacen con los recursos del CONACyT.

3 Los programas de repatriación han estado presentes en los países del continente americano desde hace varios años. Por mencionar algunos países, en Colombia (“Es tiempo de Volver”), Uruguay (Programa de Contratación de Académicos Provenientes del exterior) y Ecuador (Programa Prometeo). Sin embargo, es posible observar experiencias más recientes como la de Paraguay (Programa de Repatriación y Radicación de Investigadores del Exterior).

4 Si bien para el caso mexicano hemos decidido contemplar temporalmente su origen desde 1991 (aun habiendo cambiado el programa varias veces de nombre), para el caso argentino decidimos hacer la reflexión en específico con el RAÍCES, ya que es una de las políticas científicas en materia de recursos humanos que mayor repercusión –política y académica– ha tenido en las dos últimas décadas.

5 Para un mayor desarrollo de estos enfoques se puede consultar Gaillard y Gaillard (1998); Meyer (2001) y Pellegrino (2013).

6 Experiencias de vinculación (o con las diásporas) exitosas se pueden observar en la India desde la década de los setenta y más recientemente también en políticas de retorno (Saxenian, 2005; Jonker y Cruz Castro, 2013); también las diásporas científicas de varios países de Europa del Este han llamado la atención por su efectividad (Pellegrino, 2013). Experiencias de retorno exitosas también son las de Corea y China (Jonker y Cruz Castro, 2013).

7 La Ley de Ciencia y Tecnología de México fue creada en 2002 y tuvo su última reforma el 8 de diciembre de 2015. Disponible en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/242_081215.pdf

8 La retórica de las causas y los efectos de las “fugas” de investigadores y científicos, también se ha mantenido presente en distintas épocas de crisis económica del país; la última de ellas fue, por ejemplo, en el periodo 2016-2019 durante la presidencia de Mauricio Macri, periodo en el que la política científica y tecnológica del país se vio fuertemente contraída. En este contexto, al ser el RAÍCES una política de Estado desde el 2008, en teoría el programa nunca fue interrumpido, pero si ha sido posible observar momentos de retracción: en 2018 se cerró la web y a nivel discursivo poco se habló de las repatriaciones. Incluso desde distintos espacios políticos se llegó a hablar de una nueva etapa de “fuga de cerebros”.

9 En la última convocatoria de “Becas CONACyT para estudios de doctorado en el extranjero 2020” se especifica que el compromiso de retorno es “moral”, no de facto: “Tomando en cuenta el esfuerzo que la sociedad mexicana en su conjunto ha aportado para contar con el Programa de Becas, se espera que los beneficiarios cumplan a su vez con un compromiso social, para retribuir al país al término de sus estudios” (CONACYT, 2020, p. 12).

10 Se pueden consultar todos los organismos en ciencia y tecnología del país en ECYT-AR, la enciclopedia de ciencias y tecnologías en Argentina. Disponible en: https://cyt-ar.com.ar/cyt-ar/index.php/Organismos_nacionales_de_ciencia_y_tecnolog%C3%ADa_en_Argentina

11 En Cruz y Cruz López (2008) y OECD (2019), se encuentran resúmenes sobre el sistema educativo de nivel superior mexicano, así como de su sistema nacional en ciencia y tecnología.

12 Sobre la suspensión del apoyo del SNI a las universidades privadas puede consultarse: https://www.reforma.com/libre/acceso/accesofb.htm?urlredirect=/suspende-sni-apoyo-en-universidades-privadas/ar1860676

13 Para más información del Programa PROCITEX véase Luchilo (2015).

14 Desde el 3 de septiembre de 2018 hasta (Decreto N° 801/2018) el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación tuvo rango de secretaría pasando a depender del Ministerio de Educación (renombrado “Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología”). Luego de la asunción de Alberto Fernández el 10 de diciembre de 2019, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación recupera el rango ministerial.

15 Se trata de un grupo de redes conformadas por mexicanos que promueven el desarrollo y “buena imagen” de México desde el exterior (Alfaro, 2018). Participan en estas redes mexicanos de diversos perfiles profesionales, desde académicos hasta empresarios.

16 En el caso mexicano los datos desde 1991 hasta 2015 revelan que durante ese periodo se han repatriado un total de 3.595 científicos.

17 Desde 1991 hasta 2017, el CONACyT ha otorgado un total de 3.625 apoyos para las personas que decidieron regresar a México en el marco del programa de repatriación (García-Pascacio, 2018); mientras que en noviembre de 2018 ha sido posible identificar en la anterior web del Programa RAÍCES [http://www.raices.mincyt.gov.ar/] a 1.323 repatriados (desde el 2004). En ese entonces, en la página web existía un contador que actualizaba la cantidad de repatriados “en tiempo real”. El 22 de noviembre de 2018 se realizó una entrevista al Lic. Guido Bonino (responsable del Programa RAÍCES en ese entonces) quien planteó que por esa época la web ya no estaba actualizada y más bien el volumen “real” de repatriaciones estaba muy por encima de lo mencionado en dicho contador.

18 Según los datos disponibles, en la última convocatoria (2019) se definió a los destinatarios como investigadores mexicanos, que posean el grado doctor, que residan en el extranjero y que cuenten con al menos 12 meses de estancia posdoctoral (no se especifica si el posdoctorado debe haber sido realizado en el extranjero, pero sí hay una preferencia para seleccionar a aquellos que financiaron el posdoctorado y/o el posgrado con fondos del CONACyT).